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lunes, 7 de mayo de 2012

Schopenhauer y el Latín

Hace poco, me encontré con unas frases escritas por Schopenhauer (1788-1860) en las que hacía una entusiasta apología del estudio del Latín. Se trata de un opúsculo titulado "El estudio del Latín", contenido en su obra Parerga y paralipómena.


Y, buscando por la red, llegué a conocer un breve estudio de Carlos García Gual titulado Schopenhauer y la lectura de los clásicos. Apuntes y notas,  en el que comenta algunos aspectos del citado opúsculo.


Creo que es útil e ilustrativo conocer la opinión del siempre incisivo Schopenhauer sobre la necesidad de saber Latín en una sociedad culta. He aquí algunos pàrrafos:

"La abolición del latín como  idioma universal de los hombres cultos (…), ha sido una verdadera desgracia para la causa del conocimiento en Europa".
Pintura de Schopenhauer en 1859
"El hombre que no sabe latín se parece a quien se encuentra en un hermoso paisaje en medio de la niebla: su horizonte está extraordinariamente limitado; sólo ve claro lo próximo, a los pocos pasos más allá se pierde en lo indefinido. El latinista, por el contrario, tiene una apreciación más amplia, que abarca los tiempos modernos, la Edad Media y la Antigüedad; y su horizonte mental se extiende aún más si estudia Griego o incluso Sanscrito".
"Una biblioteca de traducciones se asemeja a una pinacoteca de copias. Y  fundamentalmente las traducciones de los autores de la antigüedad son frente a sus textos un sucedáneo, como el café de achicoria frente al auténtico." 
"No hay ningún deleite para el espíritu mayor que la lectura de los clásicos antiguos: tan pronto como uno toma en la mano a cualquiera de ellos, se siente al pronto refrescado, aligerado, purificado, elevado y fortalecido; no de modo distinto a como uno se hubiera refrescado en una fresca fuente al pie de unas rocas. ¿Fúndase eso en las antiguas lenguas y en su perfección o en la grandeza de los espíritus, cuyas obras permanecen sin ser taradas y debilitadas por los milenios? Quizás en ambas cosas a la vez. Sólo sé esto: que, si como ahora amenazan (los bárbaros ya están ahí; los vándalos no se acaban nunca), cesara alguna vez la enseñanza de las lenguas antiguas, vendría entonces una nueva literatura, formada de una escritura tan bárbara, tosca e indigna como no se ha presentado aún nunca."

"Los bárbaros ya están ahí", escribe Schopenhauer hace más de siglo y medio, porque "los  vándalos no se acaban nunca". Después de tantos años, no parece que los avisos del filósofo alemán se hayan tenido muy en cuenta...


martes, 18 de mayo de 2010

La "vida social" del alumno

El fenómeno Facebook lleva ya tiempo arrasando en la red. Uno puede encontrar de todo y constatar por dónde van los 'tiros' juveniles, sobre todo cuando son los adolescentes quienes se manifiestan.
Hace pocos días hallé un grupo titulado  "Sóc alumne, NO ESCLAU", que consta ya de casi 500 adhesiones. En el apartado explicativo se lee: "Para todos los que se sienten esclavos de los profes y en época de exámenes pierden la vida social". Conozco a dos de sus promotoras, y son buenas alumnas de 4º de la ESO. Además, no es la primera vez que un alumno me argumenta con su "vida social".

Dejando a un lado lo que ese grupo de Facebook pueda tener de rabieta estudiantil sin más trascendencia, hay ciertas expresiones que me dan pie a algunos comentarios.

Los alumnos como 'esclavos de los profesores': ¡si más bien, en algunos sectores de la enseñanza, se da el caso contrario! Desgraciadamente, la pérdida de autoridad en las aulas ha sido en los últimos años constante, imparable y progresiva. Más bien se debería hablar de la 'dictadura del alumno' (o de la 'dictadura del hijo' en el ámbito familiar), arropada y bendecida por las sucesivas leyes de educación, cuyos autores parecen querer reinventar el mito del 'buen salvaje' rousseauniano.

Los alumnos que 'pierden su vida social'. La primera vez que oí esa expresión fue en clase primero de bachillerato y respondía a mi pretensión de que tenían que dedicar más tiempo al estudio. En mi larga vida docente nunca había oído un argumento así: me habían hablado de sus múltiples ocupaciones, pero no de la necesidad de atender a su vida social. Quienes dicen eso son alumnos que disponen de todas las tardes de la semana libres, excepto una. Su carga lectiva y el estudio subsiguiente no es precisamente mayor que el de hace unos veinte años, pongamos por ejemplo. ¿Alguien se imagina, en 1990, a un alumno reclamando su 'vida social' ante la abundancia de trabajo escolar?

También soy consciente de que expresiones así, y grupos como ese en Facebook, en buena parte son reacciones ante la galería, poses adolescentes que  muestran una actitud contestataria que queda la mar de bien ante sus compañeros. Pero cuando el río suena, agua lleva y, por lo tanto, eso constituye el reflejo de una actitud real. O sea, que no es políticamente correcto hoy en día exigir esfuerzo...

jueves, 12 de marzo de 2009

Satisfacciones

En cierto instituto, entre el grupo -reducido, como casi siempre- de estudiantes de latín y de griego, había un poco de casi todo, como suele suceder. Ninguna lumbrera, pero sí gente suficientemente capaz para salir airosa de las pocas dificultades que el bachillerato aún conserva (lástima que algunos desaprovechan esa situación). Por supuesto, la mayoría correspondía a la clase media estudiantil: los que van pasando sin pena ni gloria, o porque hacen poco -cuando podrían hacer más-, o porque, siendo más limitados, estudian y, por lo tanto, aprueban. Otros había que intentaban trampear la situación con escasa fortuna: ahora suspendo (casi siempre), ahora apruebo (casi nunca). En fin, como el lector puede ver, todo muy normal dentro del standard que se lleva.

Pero, dentro de este panorama, el profesor reparó desde el principio en una alumna (digamos que se llama Ana). Y se fijó porque corresponde a un tipo de estudiante que hoy abunda poco: predisposición para aprender y ganas de trabajar; atención a lo que se explica; preguntas oportunas cuando se atasca; trabajo diario en casa; conducta irreprochable; y, como envoltorio de regalo, un carácter amable, una sonrisa contagiosa, animante, que supone toda una recompensa para el profesor.

El resultado no se hace esperar: el tesón, la constancia, el esfuerzo de cada día dan su resultado. Y Ana, que se hubiera quedado en una alumna del montón sin ese empeño que le caracteriza, saldrá adelante muy airosamente, pasando por delante de otros compañeros quizá mejor dotados. Y su esfuerzo tendrá la recompensa que merece. Y el profesor se alegrará muy sinceramente.

¿Verdad que todos nos apuntaríamos a ser profesores de este tipo de alumnos? Para mi fortuna, el que acabo de narrar no es un caso ficticio. Si algún día los gurús de la educación se diesen cuenta de que no se consigue nada valioso sin un mínimo de esfuerzo... Si algún día se diesen cuenta de que dar panem et circenses a los alumnos es engañarlos vilmente...
Por todo ello, el caso de Ana tiene el valor añadido de quien se propone una meta, aunque deba ir contra corriente.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

BUENOS COMIENZOS

Ha pasado ya más de una semana desde el inicio del curso. Poco tiempo, pero suficiente para darse cuenta de por dónde pueden ir las cosas en adelante.

El tema "estrella" es, sin duda, la incorporación del método Orberg al Latín de 1º de bachillerato. La acogida ha sido mejor de lo que me esperaba. Llevamos tan solo cinco clases y, por lo tanto, no se pueden extraer conclusiones demasiado tajantes; pero son buenos el ambiente, la disposición de los alumnos y el ritmo de la clase. La inmersión en el Latín va por buen camino: una parte sustancial de cada clase se desarrolla en latín, lo cual quiere decir que se van lanzando a decir algo más que el simple Salve! del inicio de la clase, o el Vale! del final. Lo mejor de todo: notar que el timbre que señala el final de la hora coge desprevenidos a la mayoría.
Espero que esto continúe así, aunque durante todo el curso serán inevitables los altibajos; el mérito consistirá en superarlos.

No es lo mismo, pero el Latín de 4º también produce satisfacciones. Quizá porque, animado por el libro de texto que he escogido (Santillana, La casa del saber), y por su parcial parentesco con el método Orberg, he introducido una cierta conversación en latín en el aula.
Diálogo de ayer: una chica responde a mi pregunta: ego sum puella parva. A continuación, le pregunto a un chico: Tu es puella parva? Respuesta: Minime! Ego sum puer parvus. Era la cuarta clase que teníamos. Definitivamente, ayer salí contento del instituto.

Mañana celebraremos, como corresponde, el aniverario de Narcís, que cumple 17 años. ¡Llevamos un ritmo..!

jueves, 27 de diciembre de 2007

"Más peligro tiene un imbécil que un malvado"

El título que precede no es mío. Es la breve frase final de un reciente artículo de Arturo Pérez Reverte, que el lector interesado en la educación puede leer íntegro aquí.

No me resisto, porque va en la línea de lo que decía hace poco en este blog, a reproducir un par de párrafos.

El primero, nos toca de cerca a algunos docentes, empezando por los de lenguas clásicas:

(...) vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas.
Y, sobre todo, el párrafo final:
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

Quien tenga un rato, que se pase por el artículo original. Quizá rezuma demasiada bilis, pero dice verdades meridianas.

martes, 20 de noviembre de 2007

EXÁMENES, EXÁMENES...

La tipología del alumno en exámenes es diversa: a unos/as les da por la variante histérica, a otros/as les viene la época depresiva, e incluso hay quienes saben mantener la serenidad, no sé bien si por sabiduría suficiente o por ignorancia recalcitrante.

Hoy he tenido clase de Latín, en segundo de bachillerato, un par de horas antes del examen de Historia. El panorama ha sido bastante representativo de lo dicho más arriba. Veamos:

-Nada más entrar, Diana ha preguntado (podríamos decir que era una pregunta retórica) si les dejaría unos minutos para repasar Historia: respuesta negativa (y no ha habido insistencia).

-Comenzamos a revisar la traducción que debían haber hecho en casa: muy pocas la tenían (aunque reconfortaba ver que sí la había hecho una alumna a quien le cuesta especialmente la materia).

-Al lado del material de Latín, unos apuntes de Historia completan la decoración de varias mesas. Es verdad que, con una mirada, los apuntes vuelven a la oscuridad del cajón...

-A media clase observo la cara de Elena, habitualmente risueña y divertida. Hoy está más bien mustia y triste. Mientras las demás hacen un ejercicio, me acerco y constato que hay problemas de estudio. Quedamos para hablar en otro momento y me alejo antes de que le broten unas cuantas lágrimas.

- A la vez, otras caras no demuestran preocupación: quizá la procesión va por dentro...

El sino fatal (valga la redundancia) de todos los estudiantes son los exámenes. Agraviado por la endémica manía de acordarse de que existen uno o dos días antes. Nada nuevo. En esto los modernos planes de estudio no han añadido nada, ni bueno ni malo, a las costumbres estudiantiles de toda la vida...

lunes, 15 de octubre de 2007

PRIMERAS IMPRESIONES

Las primeras impresiones se refieren a los alumnos de Latín y de Griego de primero de bachillerato. Tras un mes de clases, alguna conclusión -muy provisional, claro- se puede sacar. Son como fogonazos de flash: breves pinceladas que, en su conjunto, pueden quizá decir algo. O no, que ya se verá con el correr del curso.

-Cada pregunta que hago en clase va seguida indefectiblemente de dos manos levantadas. Al principio sólo era una; desde hace unos días se ha añadido otra alumna. Y ambos son nuevos en el centro. A veces -sólo a veces- fallan. Pero es de agradecer su postura activa.

-El pequeño grupo de los repetidores (tres) aún vive de lo aprendido el curso pasado. Pero se les nota falta de seguridad (por aquello de que lo sé, pero no lo digo porque si me equivoco...).

-Hay quien refleja en su rostro los vaivenes de la clase: ¿ha entendido la explicación? Semblante satisfecho. ¿Se le hace complicado? Cara seria. ¿No ha entendido nada? Rostro de tirar la toalla.
Al menos el profesor sabe cuándo actuar y volver sobre un tema. En cambio otros, quizá porque están en la inopia, muestran caras que no parecen corresponder con lo que se cuece en clase. Y el profesor ha de hacer de oráculo docente.

-Como casi siempre, la clase empieza a dividirse preocupantemente en dos partes: quienes adoptan la postura que se espera en un alumno de bachillerato (siguen las explicaciones, hacen los ejercicios, preguntan lo que no saben, estudian mínimamente...); y los que no parecen cursar primero de bachillerato, sino quinto de ESO (la atención en clase es más bien relajada, nada de preguntar aunque no se entienda, los ejercicios no se hacen porque tampoco se ha estudiado la materia, pues eso queda para la víspera del examen...). Por suerte, esta segunda parte es claramente minoritaria y ya se van dando cuenta de que han escogido una ruta equivocada.
Justo ahora, a media evaluacón, andan con exámenes. Será la primera piedra de toque seria.

jueves, 4 de octubre de 2007

LOS COMIENZOS

Los comienzos son a veces inciertos. Y el bautismo de Latín y de Griego de mis alumnos de primero, tras tres semanas de clase, viene siendo pacífico y normal. Porque, sin poder echar las campanas al vuelo, tampoco es un desastre.
En general, y globalmente, los sucesivos cursos no se distinguen tanto. Puede haber singularidades, pero son más los rasgos parecidos. Sin embargo, cada año estoy atento a ver cómo reaccionan ante una novedad de tal calibre en sus vidas.

Y siempre observo algunas cosas viejas y otras nuevas. Por ejemplo:

* Vuelve a ser cierto que el Griego es un refugio para quienes huyen de las Matemáticas. A la mayoría de mis alumnos les pasa eso. Pero aún no sabían en ese momento lo bonito que iba a ser su refugio...

* Efectivamente: tras una decena de clases de Griego, y otras tantas de Latín, noto que le han tomado más cariño al Griego. Por si fuese una apreciación mía sin fundamento, dejo caer la pregunta. Pues sí: casi todos coinciden en que les gusta más que el Latín. Lo cual dice algo de mi honradez profesional: no han notado que lo mío propio es el Latín...

* He constatado que el estudio memorístico ha sido tan despreciado desde hace años (o sea, desde que se han ido perpetrando planes de estudio a cada cual más infame) que sólo pensar en ello les da escalofríos. Un ejemplo: hace una semana, tocaba estudiar en casa el artículo. Lo pregunto al día siguiente y, salvo una honrosa excepción, fracaso total. Cuando faltaban veinte minutos para acabar la clase, y después de manifestarles mi disgusto, les di un cuarto de hora para estudiárselo. En los cinco minutos restantes, pregunté a todos: no hubo fallos.
Lo cual indica que sus capacidades están intactas: únicamente hace falta ponerlas en práctica.

Sólo son unas pocas apreciaciones de principio de curso. Seguro que lo mejor está por venir...

lunes, 1 de octubre de 2007

QUIZÁ EL CURSO MÁS DIFÍCIL DE SU VIDA

Andamos de presentaciones. Hoy, aprovechando la hora de tutoría con 2ºB de bachillerato, hemos hecho la foto de inicio de curso.

Son 22 esforzados (faltaban hoy dos) que esperan culminar con éxito su paso por el bachillerato. Diecinueve son veteranos que ya hacían con nosotros primero de bachillerato, a los que se han unido tres nuevos alumnos. Tan sólo ocho cursan el bachillerato de Humanidades (justo los que hacen Latín y Griego); los catorce restantes hacen el de Ciencias Sociales.

Hay un grupo no escaso que debe librarse el 3 de octubre (¡pasado mañana!) de sus asignaturas pendientes (por estas tierras se abolieron años ha los exámenes de septiembre). Llevo desde el primer día de clase intentando que se mentalicen de que esa es su tarea más apremiante.

Siempre he sostenido que, en el paso de primero a segundo, los alumnos suelen madurar bastante. Es cierto que, además del crecimiento interior personal, las circunstancias ayudan:
-el agobio para presentar en su momento el preceptivo trabajo de investigación;
-lo apretado del programa de casi todas las materias;
-el miedo escénico que producen las pruebas de Selectividad...
Con todo ello, uno puede hacerse idea del clima en el que suelen moverse nuestros estudiantes de segundo.

Por eso les digo cada año que, por el tipo de carreras que luego piensan (y pueden) hacer, probablemente éste sea el curso más complicado de su vida.

Trabajo no les faltará. De momento, las caras que aparecen en la foto denotan el ánimo y la buena disposición de todo comienzo de curso. Esperemos que sigan así hasta el final...

sábado, 15 de septiembre de 2007

EN BUSCA DEL ALUMNO 2.0

Desde que la informática ha invadido -generalmente de forma pacífica- nuestras aulas, cabría esperar que los alumnos se convirtieran en diestros usuarios de las nuevas tecnologías para mejorar y facilitar sus fuentes de conocimiento, para profundizar en sus estudios, para incorporar, en definitiva, esa nueva herramienta a sus estrategias de aprendizaje.

Mucho me temo que eso no ha pasado. Salvo honrosas excepciones, el nivel de conocimiento que tienen de los instrumentos que ofrece Internet es muy limitado: se concreta en el correo electrónico (muchos lo miran sólo de vez en cuando), el messenger, la descarga de música o películas, el fotolog (una especie de blog venido a menos)... y poco más.

He preguntado a varios de mis alumnos sobre este asunto. El resultado de mis pesquisas, así por encima, es que algunos -no todos- utilizan Internet para sus estudios, pero bastante menos tiempo del que dedican a temas de ocio, también en Internet.

He de decir que son alumnos a los que intenté familiarizar con la Red el pasado curso, a base de proporcionarles enigmas clásicos para resolver cada semana, introducirles en una wiki hecha expresamente para su uso, y familiarizarles con el portal Chiron. Algunos descubrieron todo un mundo desconocido hasta entonces. Y, con la mayoría, al menos he conseguido que sepan como funciona un blog o una wiki. Pero no ha sido gran cosa.

De todas formas, durante este curso pienso volver a la carga y, a poco que pueda, conseguir algunas metas concretas: establecer una comunicación fluida sobre temas de clase, a través de un grupo de Google (entrega de trabajos, consultas, aclaraciones, etc.); seguir atrayendo el interés con los enigmas del blog; e introduciendo, como tutor, un nuevo blog sobre temas de orientación académica y profesional. Veremos los resultados.

viernes, 7 de septiembre de 2007

EXCELENCIA Y MEDIOCRIDAD

Hace pocos días, descubrí el blog de Francisco Sianes. Y fue un descubrimiento afortunado, porque hay allí muchas verdades y muy bien dichas. Le puse un comentario y me autorizó a referirme a una de sus últimas entradas, cosa que hago ahora (espero que para utilidad de quienes lean esto).

El caso es que el influyente pensador francés George Steiner respondía a unas preguntas durante una entrevista radiofónica (que ha sido publicada en España por el "Taller de Mario Muchnik"). Y, enfocando el tema de la dificultad en el aprendizaje, contestaba de esta manera -sin duda brillante- al locutor:
(...) un pequeño hándicap es, al contrario, un gran privilegio, es decir una escuela de esperanza, una escuela de voluntad donde se califica cada progreso. El hecho de que para atarse los lazos de los zapatos uno necesite un año de ejercicio (cuando ya existían los cierres de cremallera)... es de eso precisamente de lo que estamos hablando: o sea, en lugar de decirle al niño: Pobrecito te facilitaremos las cosas, se le dice: ¡Qué suerte tienes, te las haremos más difíciles! Sin caer en la más mínima presunción, créame, comprendí muy muy pronto una de las máximas preferidas de mi padre (es de Spinoza), que dice que la cosa excelente ha de ser muy difícil ¡Que sí, es exacto! Para nada se trata de castigar. Hoy, cuando todo son terapias de facilidad, creo que es mucho más difícil crecer con alegría -y subrayo alegría-. La lucha por resolver los problemas cotidianos: tuve la suerte inmensa de tener padres que lo habían comprendido. No había nada sádico ni de siniestro: cuando llega el éxito es una risotada de alegría.
¿Verdad que todos hemos pensado esto mismo alguna vez? La cosa excelente ha de ser muy difícil, dice Steiner que decía Spinoza. Lo que nos pasa hoy es que no se prima la excelencia, sino la mediocridad (hace bien poco, leía a un comentarista que afirmaba que el mundo de la política es el fiel reflejo de una sociedad mediocre).
¿Por qué la atención a la diversidad siempre -y sólo- se fija en el desfavorecido? Ya está bien elevar al que está abajo. Pero se hace una grave injusticia al que puede llegar más arriba, porque no se le ofrecen medios para progresar. Claro que para fabricar mentes mediocres no hace falta un gran esfuerzo.
Así nos va. A no ser que nos empeñemos personalmente en estirar hacia arriba a nuestros alumnos. Aunque cueste; aunque la ascensión sea dura. Vale la pena, porque luego viene el éxito y, con él, la alegría.

lunes, 13 de agosto de 2007

DE CURSO EN CURSO

A lo largo de la calle donde vivo, hay numerosos ejemplares de Ginkgo Biloba, un árbol único -sin ningún tipo de 'parientes' vivos-, procedente de China y que es un verdadero fósil viviente. No es frecuente hallarlo por estas latitudes y, mucho menos, a lado y lado de una calle concurrida.

Durante meses, he ido siguiendo la evolución de uno de estos árboles: las fotos que ilustran este artículo son, respectivamente, de los meses de agosto, septiembre, principios de octubre y finales de este mes.

Aparte del interés que pueda tener en sí mismo el estudio de ejemplar tan singular, el hecho es que su ciclo vital me hace recordar otro: el de los cursos escolares que se van sucediendo año tras año. Algún paralelismo hay -me voy a referir especialmente a alumnos de bachillerato-, aunque con las estaciones cambiadas...

Cuando empezamos un nuevo curso, es indudable que hay ilusiones por todos los lados: por parte de los profesores y de los alumnos, por mucho que algunos de éstos intenten disfrazarlas. Las expectativas casi siempre son optimistas y hay ganas de hacer las cosas bien hechas, porque las fuerzas están intactas. Además, aún no ha aparecido ningún problema importante en el horizonte.
Es el árbol frondoso, en todo su esplendor, cargado de vitalidad y de esperanzas.

Luego, al paso de los meses, van surgiendo en los alumnos los obstáculos, ciertas desilusiones, las desganas... Parece como si fallaran las fuerzas, y la motivación inicial pierde algo de fuelle.
El invierno escolar que sigue a la primera evaluación es un momento delicado, frágil, en el que el profesor ha de saber aplicar esos recursos que dicta la propia experiencia, y que no suelen estar en los libros porque, desgraciadamente, muchas veces quienes escriben los libros no se han pasado años ante alumnos de carne y hueso.
Nuestro árbol comienza a perder vitalidad: han empezado a asomar algunas hojas amarillentas... Pero, ¿no le da eso un carácter más atractivo?
¡Qué sería de la vida sin sombras, con sólo luz..!


El tiempo sigue su curso; algunos alumnos han perdido comba irremisiblemente; otros parecen aflojar el paso; la mayoría redobla los esfuerzos para afrontar con garantías la lucha final. Es el momento de la madurez, cuando se aprietan los dientes y se acelera el paso; cuando se van dejando de lado las tonterías y uno se dedica a lo que interesa, aunque haya que hacerlo todo compatible con la eclosión de la primavera... Y eso, a veces, requiere del profesor mucha mano izquierda, mucha atención y una dosis de paciencia nada despreciable.
Pero la madurez está ahí, y combina las tonalidades ocres y verdes con serenidad, dejándose llevar por el tiempo...


Cuando se observa ya cercano el final del curso, se exprimen las últimas fuerzas para acabar con éxito, o al menos decorosamente, lo que ha costado tanto construir durante meses. Por el camino, casi todos han perdido parte de sus fuerzas, como nuestro Ginkgo, que comienza a alfombrar el suelo... Ya no quedan hojas verdes, pero no es muestra de decrepitud: es la plenitud final. Se cierra un ciclo.
Bueno: en realidad no se cierra aún. Al árbol le falta su etapa de desnudez; cuando, a sus pies, bajo las ramas vacías, el manto amarillo es un remolino de hojas que se lleva el viento frío del atardecer.
Pero no he querido recoger ese momento. Prefiero creer que, en nuestros alumnos, siempre hay hojas -verdes, amarillas, ocres- que cuidar.

viernes, 1 de junio de 2007

CONFIRMACIÓN

Algunas de las razones (tan solo las numéricas) para comprender por qué he manifestado mi satisfacción respecto al funcionamiento de mi clase de Latín y de Griego de segundo:

1. Todos han aprobado el Bachillerato.
2. Su promedio es de 7.5 puntos.
3. La única matrícula de honor de todo segundo ha sido para Gemma, alumna de Latín y Griego.
4. Cuando puse un examen para mejorar nota, se presentó más de la mitad de la clase. Y eso fue ¡el pasado lunes a las 8:15 h!

No digo más, porque alguno/a de ellos leerá esto y aún se lo creerá...

lunes, 2 de abril de 2007

BALANCE EN PRIMAVERA


Ha llegado la primavera, comienza la Semana Santa y se ha acabado un nuevo trimestre.
Buen momento, aprovechando las vacaciones, para hacer un poco de balance. Viene a ser como una terapia: se muestran en público los anhelos, los logros, las desilusiones... y uno se siente como aligerado, pone el contador a cero y se dispone a afrontar nuevos retos.

En segundo de bachillerato, tanto en latín como en griego todo ha seguido la tónica habitual: es decir, que estoy contento. Viendo lo que hay por esos mundos, soy muy afortunado de tener un grupo humano agradable; unos, con más capacidad, otros con menos pero con gran tesón: preguntan, ponen interés, practican...
El penúltimo día del trimestre aceptaron venir fuera de horario al Instituto, porque quería pasarles Golfus de Roma para ilustrar el estudio de Plauto, con la ayuda de la estupenda guía de Fernando. Se lo pasaron -nos lo pasamos- en grande, y captaron el espíritu de la comedia romana.
Sí: me encuentro bien en esa clase. No se lo he dicho, pero creo que ellos lo notan.

Primero de bachillerato es la muestra de que no hay dicha completa. También se está a gusto en la clase, pero falta algo... Trabajo en casa: no está ni se le espera. Consultas de dudas: ya no recuerdo cuando fue la última. Voluntarios para hacer ejercicios prácticos en clase: nadie; la única excepción, de vez en cuando, Estela (conocida ya en este blog). Seguro que también falta algo más de materia gris, pero la ausencia más destacada es la de ese espíritu luchador, deportista, entusiasta, que todo lo suple.

Hace ya días que acabamos, en cuarto de ESO, el Crédito variable trimestral de Mitología, del que escribí con esperanzado optimismo en su día. Un éxito. Entusiasmados por descubrir un mundo que desconocían, han acumulado páginas y páginas de apuntes (¡y les dije que no haría examen!), han consumido mitos con avidez, han preguntado hasta la saciedad, me han presentado unos trabajos individuales que, para su nivel, están muy bien. En fin... un bálsamo. Y, además, he conseguido uno de los fines que me propongo en estos créditos variables: un grupito de buenos alumnos para latín y griego el curso próximo. No se puede pedir más.

Soy consciente de que el balance final es altamente positivo y de que, a la vista del panorama circundante, este año soy un privilegiado.

sábado, 24 de marzo de 2007

¿ALUMNOS? ¡PERSONAS!

Al acabar la primera evaluación, estuve un buen rato hablando con Sonia, una chica de mi tutoría, aunque no es, ni ha sido, alumna mía en ninguna asignatura. Quizá por eso es más fácil plantear según qué cosas y hablar de forma más directa y sin condicionantes.

La razón de la entrevista era de peso: los ocho suspensos que había tenido en su estreno en segundo de bachillerato. Desánimo, frustración, ganas de abandonar, pérdida de toda ilusión... Y no eran suspensos injustos: eran fruto de la desgana, de la falta de alicientes, de la incapacidad ante el esfuerzo que se le pedía.

Tras un buen rato de charla -y de hacer de psicólogo gratuito- salió de la conversación algo más animada. Al cabo de unos días, cuando la tormenta ya había amainado, volvimos a hablar para establecer un plan de actuación: cómo enfrentarse al esfuerzo que supone el estudio de manera gradual, progresiva, pero constante. Durante los meses pasados, cada vez que nos cruzábamos por un pasillo intercambiábamos gestos -por mi parte, interrogativos; por la suya, respuestas mímicas de poco convencimiento, o bien de satisfacción por pequeños logros alcanzados-. Volvimos a hablar brevemente alguna vez para que el listón del trabajo no bajara.

Ayer viernes, vino a verme a la hora del descanso: quería darme las gracias porque había bajado a tres suspensos en la segunda evaluación. Cuando le respondí que el mérito era suyo, tan sólo me comentó: de acuerdo, pero sin las palabras de ánimo que me dijiste hace unos meses, yo no habría seguido adelante.

A veces cuesta muy poco elevar el punto de mira de los alumnos, cuando sus ánimos están por los suelos: hacerles volar algo más alto en vez de arrastrarse por el suelo. Y creo que debemos intentarlo. Yo no sabría dedicarme exclusivamente a enseñar Latín y Griego, olvidándome de que delante tengo personas; con sus complejidades y sus defectos, pero que a veces están gritando en silencio que alguien les eche una mano.

viernes, 26 de enero de 2007

LA VIDA EN UN BLOC

¡La educación! Una palabra llena de matices y una tarea de toda la vida. A veces, una idea brillante abre nuevos horizontes enriquecedores. Y hoy quiero mostrar a los lectores una de esas ideas que, además, viene de una persona muy joven. Una idea verdaderamente sugerente.

Nausicaa es una estudiante de bachillerato, futura universitaria de Filología Clásica, que ya ha aparecido alguna vez en este blog. Ahora, colabora también en otro blog de un conocido periodista. Precisamente ahí, hace unos días, leí el artículo que deseo reproducir, traducido al castellano. Dice así:

A medida que pasa el tiempo, cada vez soy más consciente de que el éxito de la vida de alguien (...) depende de su educación. La persona, desde pequeña, va experimentando y captando cuanto hay a su alrededor. Una infinidad de factores van afectando y configurando su vida. Toda la gente que le rodea le aporta alguna cosa. Cuando hablo de educación, no hablo de las clases de libreta y pizarra. Eso también es importante, por supuesto, pero me refería evidentemente a otro tipo de educación. En esta educación participa todo el que pasa por la vida de una persona.

Percibo que soy como un cuaderno donde han escrito muchas personas. Hay gestos y expresiones de la gente más directamente relacionada conmigo, sobre todo de los de casa. Intereses, inquietudes, maneras de pensar de los que cada día se entretienen en ocupar dos o tres páginas. En este cuaderno también han escrito muchos de los profesores que he tenido, y algunos de los últimos años (sobre todo, un par), largas redacciones hablando de temas muy diversos. Mis amigos también han ocupado páginas y páginas, modificando mi carácter a base de aportarme buenas experiencias, muchos recuerdos -buenos y, a veces, también malos- que me han marcado considerablemente.

Cada uno de nosotros es ese cuaderno en blanco donde todo el mundo se para a escribir más o menos. Los hay que escriben un poco cada día, quienes ponen un párrafo, quienes sólo firman, los que de repente un día dejan de escribir... Algunos escriben a lápiz, y con el tiempo su redactado se puede ir borrando. Otros utilizan tinta, y algunos hasta escriben con pluma. Poco a poco se van gastando las páginas y, cuando se acaban, nosotros les ponemos el título.

No tengo intención de comentar demasiadas cosas, porque el escrito es suficientemente claro. Tan sólo se me ocurre incidir en el punto de vista, no del educando (como hace Nausicaa) sino del educador: si todos valorásemos de verdad la influencia que ejercemos a diario en quienes nos rodean, seríamos mucho más cautos a la hora de actuar.





domingo, 14 de enero de 2007

ESTUDIAR CLÁSICAS (bis)

No podía imaginar, cuando en noviembre publiqué la entrada titulada 'Estudiar Clásicas', que dos meses después el tema iba a dar tanto de sí. Aquella defensa apasionada que hacía una alumna, ha sido matizada ahora por un español -Israel se llama- que está haciendo estudios de doctorado en California. En su comentario, relativizaba un tanto la conveniencia de estudiar clásicas.
Desde noviembre hasta ahora, un grupo cada vez más nutrido de alumnos -actuales y futuros- de Filología Clásica, van pasando por este blog y dejando sus comentarios cuando lo creen oportuno. Pues bien: ante el escrito de Israel, todos han reaccionado unánimemente. En los comentarios a aquella entrada puede el lector seguir los argumentos de unos y otros.

Lo que me ha producido especial alegría es ver el gusto por su carrera que transmiten los que la están estudiando, y la determinación que muestran los que la comenzarán de aquí a poco. He aquí alguna muestra de lo que dicen estos últimos:

Si (...) yo supiera que al terminar la carrera no tendría ninguna opción de trabajo relacionado con ella, aun así, yo el año que viene entraría en la facultad de letras para estudiar clásicas.
(...) Lo que de verdad me frustraría sería haber abandonado un sueño para dedicarme a algo que detesto y que tendré que hacer durante 40 años. Ésta, y no otra, es la razón por la que el año que viene empezaré a estudiar clásicas, sea cual sea el número de estudiantes, piensen lo que piensen los demás, trabaje de lo que trabaje al licenciarme.

Sé y creo que no me equivoco, que si no hago lo correcto (realizar la carrera de clásicas) me sentiré vacía y en algún momento de mi vida me arrepentiré. Puede que después de mucho esfuerzo no logre trabajar en la docencia, que es lo que realmente quiero, pero yo lo ¡intentaré!.

La pasión por lo clásico ha durado unos 2000 años y si ha resistido durante todo ese tiempo (...), aún puede resistir muchísimo más. Aunque los estudios clásicos quizá no "sirvan" para nada práctico (como dicen algunos), son la base de toda nuestra cultura, de nuestras lenguas, en definitiva, son nuestra madre.


Y lo que comenta una estudiante que está a punto de acabar Filología Clásica en Madrid:
(...) te digo que, aunque acabara barriendo las calles de Madrid, no me arrepentiría de haber empezado esta carrera, porque me ha aportado una formación increíble, de la que no podría prescindir.

La alumna que había originado este feliz revuelo, también ha intervenido. Es, hasta ahora, la última opinión. Tan sólo unas palabras suyas:
Me alegra saber, que hoy día hay más conciencia clásica y más estudiantes valientes y con coraje dispuestos a luchar.

Recomiendo la lectura completa de todos esos comentarios, también a quienes, como yo, sean docentes: a mí me ha supuesto una verdadera inyección de moral. Cuando, a pesar de los planes de enseñanzas medias que padecemos, surgen alumnos como los que han dejado su rastro en este blog, la confianza en que nuestro trabajo no es en vano se ve notablemente reforzada. Gracias a todos ellos.
El horizonte es hoy más claro...

miércoles, 3 de enero de 2007

UNA CARTA A LOS REYES

Apreciados Reyes de Oriente:
A estas alturas, casi todos mis alumnos os habrán enviado su carta. Y supongo que estarán llenas de deseos materiales. Yo me atrevo a pedir algo menos tangible para ellos. Como Sus Majestades son, además de magos, sabios, no hace falta que ponga nombres a las peticiones. Quizá los interesados también sepan ver qué les corresponde a cada uno.

Para algunas y algunos en particular:
-Una buena dosis de motivación para lograr que tanta capacidad oculta salga a la luz, cosa que espero ver.
-Otra buena carga de voluntad para afrontar el estudio como un reto posible, e incluso ilusionante, de alcanzar.
-La recuperación de la alegría perdida. Casi siempre, los problemas familiares calan muy hondo y cuestan de digerir.
-La clarividencia necesaria para darse cuenta de las propias limitaciones y saber pedir ayuda cuando se necesita.
-La fortaleza suficiente para superar problemas personales y acudir a quien puede ayudar.
-La constancia para perseverar en el esfuerzo diario. Eso siempre tiene recompensa.
-Y la generosidad necesaria para echar una mano a quien lo necesite.

Para todas y todos:
-La alegría de aprender profundizando en el saber.
-La alegría de compartir los conocimientos con los demás.
-La alegría de contribuir a que la clase sea un buen lugar de amistad y de convivencia.
-El esfuerzo por hacer cada día mejor las cosas. Eso también produce alegría.

Y para mí:
-No defraudar a nadie y poder ver cada día el crecimiento interior de mis alumnos.

A partir del lunes 8, espero comprobar que la generosidad de Sus Majestades supera nuestros deseos.

domingo, 17 de diciembre de 2006

ANALFABETISMO CULTURAL


Esta última semana ha comenzado la segunda evaluación en mi Instituto. Y con ella, la materia que me corresponde impartir en 4º de ESO: Mitología clásica. Tengo 13 alumnos, que son pocos comparados con los que solía tener otros años, y cuyo desconocimiento de las divinidades y mitos es prácticamente total. Tan sólo les ‘suena’ la Odisea porque este año han leído una adaptación en Lengua y Literatura Española. Ya es algo.

Tras los prolegómenos de rigor (qué programa seguiremos, cuál será el contenido, cómo haremos la evaluación…) comienzo por el principio: por la Teogonía. Y lo hago proyectando unos esquemas y diapositivas en Power Point, mientras voy comentando las sucesivas generaciones de dioses, ante el asombro generalizado y las caras de estupefacción. Era lo que observaba a medida que aparecían los hijos no nacidos de Gea, los que se comía Cronos y luego vomitaba… La expectación era total.

Llega la ocasión de comentar la aparición del hombre: Prometeo, Epimeteo, Pandora, Deucalión y Pirra… En un determinado momento, y hablando de Pandora, de su curiosidad, y del único resto de esperanza que quedó en su caja, se me ocurre preguntar: ¿alguien conoce cierto pasaje del origen del hombre en la Biblia, que habla de un castigo por quebrantar un precepto? Silencio. Insisto: ¿quién sabe algo sobre el pecado original? Más silencio. Constato que el silencio es ignorancia y no timidez. Y quedamos en que la próxima clase la comenzaremos precisamente comentando ese punto.

Uno ya es consciente del grado de desconocimiento actual del hecho religioso entre los estudiantes. Pero siempre produce pena constatarlo ‘en vivo’. Independientemente de las personales creencias, ¿quién puede saber algo del arte occidental sin conocer los grandes hechos del Antiguo y del Nuevo Testamento? ¿Quién puede acercarse a muchas obras culminantes de la literatura sin saber nada de lo que se llamaba antes Historia Sagrada? Los profesores de Historia del Arte están ya más que acostumbrados a hacer extensos preámbulos para poner en orden los conocimientos de los alumnos cada vez que deben explicar, por ejemplo, el Pantocrátor. Y la Última Cena de Leonardo da Vinci, y el Cristo de Velázquez y el Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini, etc, etc.

En fin: son algunas consideraciones que surgen al hilo de la experiencia diaria. De momento, mis alumnos de 4º son como una esponja: escuchan, preguntan, anotan y comentan. Parece un buen grupo. Habrá que aprovechar la coyuntura. Quién sabe si puede haber escondida alguna vocación para lo clásico...



martes, 12 de diciembre de 2006

¿ES PELIGROSO SACAR UN 10?

Hace ya unas semanas que, después de una visita y un comentario de Nausicaa a este blog, di un vistazo al suyo. Supe entonces que se trataba de una alumna de segundo de bachillerato, tan apasionada por el mundo grecolatino que piensa estudiar el próximo curso Filología Clásica (¡primera alegría!). Entre otras entradas, su blog contenía algunas sobre la enseñanza actual y la literatura latina y griega. Algunas cosas ya se las comenté en su momento.

Pero, revisando esas entradas, hallé una titulada, en catalán, El desprestigi del 10 (¡segunda alegría! -no por el desprestigio, sino por el artículo-). Desde su situación de alumna, y también de ‘víctima’ –como se puede leer entre líneas-, hace un lúcido análisis sobre el hecho de que obtener buenas notas es, actualmente y en muchos sitios, sinónimo de desprestigio entre los compañeros. Se nota que, detrás de sus palabras, hay una amarga experiencia sufrida.

Tras retratar a los alumnos que no aprovechan las clases, no estudian y, por tanto, suspenden, dice cosas como las siguientes (traduzco del catalán):

(...) Como ya avanzaba más arriba, una parte de estos suspendidos o fracasos escolares no tienen suficiente con su propia cruz, sino que se dedican a despreciar a quienes son diametralmente opuestos a ellos: los estudiantes de 10. Sus sentimientos hacia este reducido colectivo son una mezcla de admiración y de envidia. Ser un buen estudiante está mal visto y te convierte en punto de mira de las lenguas malas y envidiosas de algunos de tus compañeros.
(...) ¿Es normal que un estudiante que saca buenas notas se vea obligado a esconder el examen tan pronto como se lo devuelven porque se siente medio avergonzado de formar parte de la minoría y porque una buena nota puede dar pie a muchas críticas y rechazo? (...) si un estudiante habla con un profesor, es acusado –en proporción a su rendimiento académico- de intentar ganarse su afecto y su preferencia para obtener buenas notas. Siguiendo una actitud muy infantil, no se sabe entender que, superada cierta edad, las relaciones con los profesores pueden ser más fraternales y que pueden estar motivadas por un interés en la materia y no por un interés académico: si a una persona le gusta mucho una materia, si una persona pide a su profesor dónde puede hallar información extra sobre un tema, si una persona hace su trabajo cada día y si una persona saca una media de 9-10 es, definitivamente, una persona orgullosa que sólo quiere demostrar que es el mejor y cuyo exclusivo interés consiste en superar a sus compañeros en una encarnizada lucha para poder presumir delante de ellos.

No continúo, porque vale la pena leer el artículo entero. Animo a los lectores (aunque no sean catalano-parlantes, entenderán bastantes cosas) a hacerlo aquí.

No sé si, una vez acabada su lectura, alguien concluirá como yo: si el alumnado de Clásicas se nutre de personas como Nausicaa (y de otras que también conozco virtualmente, como Blai) el futuro estará en inmejorables manos. ¡Qué más da que esas manos sean pocas!