sábado, 29 de agosto de 2020

Un estupendo libro de viajes



Antonio Penadés ya publicó, hace más de quince años, una buena novela ambientada en la Grecia del siglo V a.C.: “El hombre de Esparta”. Su gusto por los temas de la antigua Grecia se plasmó, años después, en el libro de viajes “Tras las huellas de Heródoto”, donde manifestaba su admiración por el historiador de Halicarnaso, La idea de seguir el periplo de Heródoto resultó una manera diferente de abordar un libro de viajes, en el que se conjugaban armónicamente lo antiguo y lo presente, las descripciones y las impresiones...


Hace poco, Antonio Penadés nos ha obsequiado con su “Viaje a la Antigua Grecia”, donde mantiene el mismo método de narración que en su anterior obra, siguiendo igualmente a Heródoto, pero también la expedición de Jerjes que originó la Segunda Guerra Médica. Si en el primer libro su viaje se desarrolla por las costas del Asia Menor, ahora el paisaje es el de la Grecia continental hasta el desfiladero de las Termópilas.

Me ha parecido un libro apasionante, en el que el autor vuelca su amor por Grecia, y no duda en manifestar la inquietud interior que le produce su estancia en los monasterios del Monte Athos. Sigue presente su veneración hacia Heródoto y continúa manifestándonos la impresión que le causan lugares, hechos y vivencias de la geografía por la que transita, empapándose de historia y de sentimientos. Una obra sin duda recomendable. Y no únicamente para amantes de la Grecia Antigua, sino para todo aquel que gusta de visitar lugares interesantes, pasados por el tamiz de un escritor que pone el alma en la narración.


martes, 21 de julio de 2020

Clásicas en la enseñanza

Noticias - Martha Nussbaum: Las capacidades humanas y la vida buena |  Revista Cultural Turia

“En casi todas las naciones del mundo se están erradicando las materias y las carreras relacionadas con las artes y las humanidades, tanto a nivel primario y secundario como a nivel terciario y universitario. Concebidas como ornamentos inútiles por quienes definen las políticas estatales en un momento en que las naciones deben eliminar todo lo que no tenga ninguna utilidad para ser competitivas en el mercado global, estas carreras y materias pierden terreno a gran velocidad, tanto en los programas curriculares como en la mente y el corazón de padres e hijos”.
Nussbaum, M.(2010). Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. Buenos Aires: Katz Editores.

La afirmación de Martha Nussbaum es de rabiosa actualidad, también aquí.

¡DEFENDAMOS LA NECESIDAD DEL LATÍN, DEL GRIEGO Y DE LA CULTURA CLÁSICA PARA PROMOVER UNA SOCIEDAD MÁS CULTA, MÁS JUSTA Y MÁS HUMANA!

¡Pedimos Cultura Clásica en la ESO, Latín al final de la ESO, y Latín y Griego en el Bachillerato!


sábado, 20 de junio de 2020

Virgilio novelado


A raíz de la lectura de El infinito en un junco, he descubierto El silbido del arquero (2015), una novela de Irene Vallejo en la que desarrolla la leyenda de los amores de Eneas y Elisa/Dido. Los versos de Virgilio en la Eneida aparecen aquí novelados y narrados por los principales personajes de la trama: Eneas, Elisa y Ana, con la intervención del dios Eros, que va preparando con sus artes el enamoramiento de Eneas y Elisa, y de Virgilio con su composición de la Eneida, su relación con Augusto y la fantasmagórica aparición de Homero...

Irene Vallejo va entretejiendo hábilmente la trama, completando lo que cuenta Virgilio con situaciones verosímiles. Hay referencias a la guerra de Troya, al destino que se le tiene preparado a Eneas, al pasado de Elisa y Ana, a la época de Augusto…

El conjunto es un fresco narrativo bien trenzado, y que puede leer también con provecho quien no conozca la Eneida. El estilo es fluido, agradable, claro y de lectura fácil. El uso de la adjetivación recuerda los entrañables epítetos de la épica clásica.

Se trata de la segunda novela de la autora, que también ha hecho una incursión en la literatura juvenil. Además, acaba de publicar el segundo libro recopilatorio de sus artículos de prensa, y está viendo cómo su ensayo El infinito en un junco sigue batiendo récords de ventas.


sábado, 6 de junio de 2020

Una joya: "El infinito en un junco"

Otro nuevo galardón para EL INFINITO EN UN JUNCO! @edicionesiruela ...



He terminado hace poco la lectura de El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Lectura pausada, tranquila y gozosa. Sus casi 450 páginas pasan en un soplo.


El ensayo es una joya para un filólogo: la historia del libro en la antigüedad. Una narración, me atrevo a decir, en la línea del mejor humanismo. Y, para el público en general, es una oportunidad de leer el acontecer de algo tan cercano a nosotros, y los avatares sufridos a lo largo de sus primeros siglos de vida. Y todo ello, casi en forma de novela, con un lenguaje preciso, rico y muy hermoso.


El infinito en un junco (título con referencia al origen de las obras escritas en papiro) es una rara avis en el panorama editorial: tengo en mis manos la novena edición (ya ha salido la duodécima) tras haber visto la luz hace nueve meses: un claro síntoma de éxito tratándose de una obra de no ficción.


Todo el ensayo rezuma amor por el libro, por las bibliotecas, por la literatura y por los sinuosos caminos que han atravesado a lo largo de siglos. Y todo ello, dejando de lado la redacción académica de unos hechos, y sabiendo transmitirlos de forma amena, incluso con ciertas dosis de trama novelesca. Llama la atención la riqueza de vocabulario que maneja la autora, en la línea de la mejor literatura.


Es una prueba de que la verdadera erudición puede ser también amena. Hay párrafos magistrales hablando, no solo de los libros, sino también de la libertad, del pensamiento, de la valoración del arte… de la vida.


No dejen pasar de largo esta joya: tardaremos en leer algo similar…


martes, 20 de agosto de 2019

Unos saberes útiles y desinteresados (y VI)


Por último, desearía subrayar algunas ideas que nos hacen entender mejor la validez, hoy, del estudio de la antigüedad.


El mundo clásico es tal porque trasciende lo pasajero, las modas, lo coyuntural y parcial. Es clásico todo aquello que permanece, que es esencial a la condición humana, que cala en lo más hondo de nuestro ser y que nos ayuda a formarnos una opinión seria y profunda del hombre y del mundo.
Si sabemos transmitir a nuestros alumnos esta realidad, les estaremos preparando para valorar debidamente el mundo que les rodea. Sabrán desenmascarar con más facilidad los engaños sutiles que acechan a su alrededor; conocerán el verdadero valor de las cosas y las subordinarán al interés más alto de las personas; distinguirán un argumento puramente sentimental de lo que es una concepción profunda y seria del hombre. Hay demasiada gente hoy que valora la vida con parámetros meramente sentimentales, y han dejado muy atrás todo lo razonable, cuando no lo han olvidado absolutamente.


Ciertamente, prima lo sentimental (‘me gusta’, ‘ya no me apetece’…) sobre la razón. Así, no se puede calibrar correctamente nuestra actuación ante hechos y personas. Aprender a pensar: he aquí una asignatura pendiente de muchos de los sistemas educativos al uso. Recuerdo que algunos de mis antiguos alumnos valoraban, del estudio de los clásicos, precisamente eso: el hábito adquirido de razonar los argumentos, de pensar con calma las cosas, sin dejarse llevar de las primeras impresiones, que suelen ser casi siempre sentimentales.

Tendrán así nuestros alumnos, pese a su juventud, todo el acervo cultural que otros han construido antes que ellos, y que no se ha marchitado en el transcurso de los siglos sino que, al contrario, se ha demostrado imperecedero. Luchemos contra la etiqueta de «lenguas muertas» que algunos nos han colocado. El latín y el griego no son lenguas muertas. Al contrario, son lenguas que, gracias a su vitalidad, han construido el mayor edificio cultural de la historia. Y cuando, por avatares históricos y políticos, el latín dejó de ser el idioma de un imperio unido, siguió viviendo en las lenguas románicas.

Más que ‘muertas’ son lenguas imperecederas, eternas, donde hallamos, como esculpidas, tantas páginas de auténtica sabiduría, tanta ayuda para nuestro deambular por la vida, mucho más útil que los ‘manuales de autoayuda’ tan en boga hoy, y un acervo cultural impresionante en ciencia, historia, filosofía, arte, política, etc., etc.
¡No empobrezcamos la cultura que se transmite a nuestros alumnos, privándoles de algo tan primordial: lo que la antigüedad elaboró durante siglos, y de lo que aún vivimos!