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jueves, 10 de febrero de 2011

¿Vuelve Septiembre?

Antes de que la LOGSE se hiciera con el mando en los centros escolares, en la enseñanza secundaria había una cosa llamada exámenes de septiembre, que los alumnos actuales, en su mayoría, desconocen. Pues bien, parece ser que en Catalunya se quiere reinstaurar tal costumbre, dado el notorio nivel de fracaso, sobre todo en la ESO.


Para no mantener la intriga, dejo claro ya desde el principio que estoy a favor de esos exámenes de septiembre. Y mucho más después de ver cómo han ido las cosas desde que no están. Por supuesto que su ausencia no es la razón última del descalabro escolar, pero es una de las gotas que acaban colmando el vaso.


De entrada, creo que es bueno que al alumno no le salga gratis su vagancia en el mes de junio. Como sí le sale ahora. ¿Para qué esforzarse, pues? Y es bueno que esos alumnos no pierdan del todo el contacto con los libros durante el verano. Quizá al siguiente curso su planteamiento del estudio sea otro... Y, por supuesto, ayuda a los alumnos de 2º de bachillerato, a quienes de abre la puerta para hacer la selectividad también en septiembre.


Leo que en Valencia, donde sí que hay exámenes de septiembre, se están planteando justo lo contrario: quitarlos. Razón: sólo los supera el 9% de los suspendidos. Pues, sinceramente, no me parece una cifra despreciable. ¿Se supera ahora el 9% de aprobados en ese sucedáneo-de-exámenes de finales de junio? Me refiero a aprobados no regalados. Pues me atrevería a decir que no...


Hoy mismo, en una encuesta de La Vanguardia, se preguntaba al lector si aprobaba la recuperación de los exámenes de septiembre. A esta hora, el SÍ gana por un abrumador 95%.


Algo puede ayudar a reintroducir la cultura del esfuerzo, digo yo..., aunque seguro que la medida tiene detractores.

martes, 18 de mayo de 2010

La "vida social" del alumno

El fenómeno Facebook lleva ya tiempo arrasando en la red. Uno puede encontrar de todo y constatar por dónde van los 'tiros' juveniles, sobre todo cuando son los adolescentes quienes se manifiestan.
Hace pocos días hallé un grupo titulado  "Sóc alumne, NO ESCLAU", que consta ya de casi 500 adhesiones. En el apartado explicativo se lee: "Para todos los que se sienten esclavos de los profes y en época de exámenes pierden la vida social". Conozco a dos de sus promotoras, y son buenas alumnas de 4º de la ESO. Además, no es la primera vez que un alumno me argumenta con su "vida social".

Dejando a un lado lo que ese grupo de Facebook pueda tener de rabieta estudiantil sin más trascendencia, hay ciertas expresiones que me dan pie a algunos comentarios.

Los alumnos como 'esclavos de los profesores': ¡si más bien, en algunos sectores de la enseñanza, se da el caso contrario! Desgraciadamente, la pérdida de autoridad en las aulas ha sido en los últimos años constante, imparable y progresiva. Más bien se debería hablar de la 'dictadura del alumno' (o de la 'dictadura del hijo' en el ámbito familiar), arropada y bendecida por las sucesivas leyes de educación, cuyos autores parecen querer reinventar el mito del 'buen salvaje' rousseauniano.

Los alumnos que 'pierden su vida social'. La primera vez que oí esa expresión fue en clase primero de bachillerato y respondía a mi pretensión de que tenían que dedicar más tiempo al estudio. En mi larga vida docente nunca había oído un argumento así: me habían hablado de sus múltiples ocupaciones, pero no de la necesidad de atender a su vida social. Quienes dicen eso son alumnos que disponen de todas las tardes de la semana libres, excepto una. Su carga lectiva y el estudio subsiguiente no es precisamente mayor que el de hace unos veinte años, pongamos por ejemplo. ¿Alguien se imagina, en 1990, a un alumno reclamando su 'vida social' ante la abundancia de trabajo escolar?

También soy consciente de que expresiones así, y grupos como ese en Facebook, en buena parte son reacciones ante la galería, poses adolescentes que  muestran una actitud contestataria que queda la mar de bien ante sus compañeros. Pero cuando el río suena, agua lleva y, por lo tanto, eso constituye el reflejo de una actitud real. O sea, que no es políticamente correcto hoy en día exigir esfuerzo...

sábado, 13 de junio de 2009

Poner parches

En la web del Ministerio de Educación (ver aquí) aparece un artículo, fechado el 9 de junio, hablando del acuerdo a que han llegado el Ministerio y las Comunidades autónomas en torno a la promoción de los alumnos de bachillerato. (Quien desee escucharlo 'viva voce', que haga click aquí).

Quizá muchos recordarán aquel intento de posibilitar un bachillerato de tres años, a base de dedicar uno a primer curso (incompleto), otro a algo de primero y algo de segundo, y un tercero a acabar lo que faltase de segundo. Se abandonó la idea, creo que para alivio de los centros, que no sabían cómo organizar un horario medianamente soportable.

Pues ahora se vuelve a la carga con algo así, pero menos. El alumno que suspenda 3 ó 4 materias en primero de bachillerato puede escoger entre tres opciones:

1. Repetir todo primero, renunciando a las asignaturas aprobadas.
2. Repetir todo primero, pero conservando las notas aprobadas de 'primero de primero', por si son mejores que las que obtiene en 'segundo de primero'.
3. Matricularse únicamente de las materias suspendidas. Y (copio literalmente del texto ministerial) "en función de las posibilidades organizativas de los centros, también podrán cursar voluntariamente aquellas otras materias que la Dirección del centro considere más adecuadas para su formación".

Todo el asunto me huele a monumento al caos. Me temo que:

a) el punto 1 será de uso casi nulo por parte del alumnado.
b) el punto 2 sea una especie de invitación al alumno para que no se esfuerce demasiado.
c) el punto 3 se quedará en "matricularse únicamente de las materias suspendidas", porque todos (alumnos y centro) prescindirán de la segunda parte del enunciado.

¿Alguna otra idea para enriquecer el panorama del bachillerato?

jueves, 9 de abril de 2009

PER-SE-VERA

Otras -y otros- ya se han hecho eco de la existencia de una exposición, creo que itinerante, que tiene un título bien sugestivo: "Persevera, per severa, per se vera". Sus autores son profesores del IES l'Arboç (Baix Penedès), y buscan concienciar a los alumnos, fundamentalmente de secundaria, del valor del esfuerzo en su labor diaria. Y, para ello, nada mejor que utilizar como modelo la antigüedad griega clásica y, más en concreto, a Ulises.

Para entender el sentido de la exposición, traduzco un párrafo del dossier preparado por los autores:

"La exposición PERSEVERA, PER SEVERA, PER SE VERA, expresión latina que significa "Persevera, a través de las dificultades, por duras que sean", pretende concienciar principalmente al alumnado de secundaria, pero también a los niños y niñas del último curso de primaria, de la importancia que tuvo en el mundo clásico, especialmente en la cultura helénica, el valor del esfuerzo asociado al afán de superación y a la heroicidad. El esfuerzo no solo estaba en la base de las proezas de hombre y mujeres con coraje de tiempos inmemoriales que todos se apresuraban a imitar, sino que, inseparable de la noción de peligro, formaba parte de un saber compartido llamado paideia, 'educación'. La paideia fomentaba sobre todo el sentimiento de solidaridad entre la juventud a través de ejercicios que desarrollaban y fortalecían sus cualidades y aptitudes humanas como la exaltación de los valores físicos y morales".

"En cierto modo, si os proponéis el reto del esfuerzo y la motivación por el trabajo en el marco del respeto y la tolerancia que exigen la vida en sociedad, si tenéis una actitud positiva y resolutiva ante las dificultades, podréis conseguir igualmente ser héroes o heroínas. Da igual que os rodee la fama o la modestia, lo que vale la pena es que, cada día, mantengáis vivo el afán de superación en casa, en el "insti", en el trabajo, en el tiempo libre..."
Que los valores clásicos son vigentes hoy, algunos lo sabemos desde hace tiempo. Pero es necesario divulgarlo y que muchos, especialmente nuestros alumnos, se den cuenta. Especialmente hoy, que el esfuerzo se cotiza poco.

Quienes deseen leer el dossier de la exposición (está en catalán) pueden bajárselo en PDF desde aquí. Contiene interesantes ideas para trabajar en el aula, aunque no se pueda visitar la exposición.

jueves, 12 de marzo de 2009

Satisfacciones

En cierto instituto, entre el grupo -reducido, como casi siempre- de estudiantes de latín y de griego, había un poco de casi todo, como suele suceder. Ninguna lumbrera, pero sí gente suficientemente capaz para salir airosa de las pocas dificultades que el bachillerato aún conserva (lástima que algunos desaprovechan esa situación). Por supuesto, la mayoría correspondía a la clase media estudiantil: los que van pasando sin pena ni gloria, o porque hacen poco -cuando podrían hacer más-, o porque, siendo más limitados, estudian y, por lo tanto, aprueban. Otros había que intentaban trampear la situación con escasa fortuna: ahora suspendo (casi siempre), ahora apruebo (casi nunca). En fin, como el lector puede ver, todo muy normal dentro del standard que se lleva.

Pero, dentro de este panorama, el profesor reparó desde el principio en una alumna (digamos que se llama Ana). Y se fijó porque corresponde a un tipo de estudiante que hoy abunda poco: predisposición para aprender y ganas de trabajar; atención a lo que se explica; preguntas oportunas cuando se atasca; trabajo diario en casa; conducta irreprochable; y, como envoltorio de regalo, un carácter amable, una sonrisa contagiosa, animante, que supone toda una recompensa para el profesor.

El resultado no se hace esperar: el tesón, la constancia, el esfuerzo de cada día dan su resultado. Y Ana, que se hubiera quedado en una alumna del montón sin ese empeño que le caracteriza, saldrá adelante muy airosamente, pasando por delante de otros compañeros quizá mejor dotados. Y su esfuerzo tendrá la recompensa que merece. Y el profesor se alegrará muy sinceramente.

¿Verdad que todos nos apuntaríamos a ser profesores de este tipo de alumnos? Para mi fortuna, el que acabo de narrar no es un caso ficticio. Si algún día los gurús de la educación se diesen cuenta de que no se consigue nada valioso sin un mínimo de esfuerzo... Si algún día se diesen cuenta de que dar panem et circenses a los alumnos es engañarlos vilmente...
Por todo ello, el caso de Ana tiene el valor añadido de quien se propone una meta, aunque deba ir contra corriente.

viernes, 26 de diciembre de 2008

PREGUNTAS (Y ALGUNA RESPUESTA)

(Ilustración obtenida de: http://e-faro.info/)

Hace algo más de un año, aparecían en la prensa los resultados del tan manoseado Informe Pisa. Resultados desfavorables que fueron largamente comentados. Las preguntas surgieron a docenas: se trataba de buscar el chivo expiatorio (o, más bien, el rebaño de chivos...). A un año vista, se me ocurren algunas reflexiones, en forma de preguntas (y respuestas), a los temas que entonces se planteaban y que, si nadie lo remedia, se seguirán planteando.

1. ¿Se ha adaptado el profesorado a la cambiante situación de la escuela de hoy, o más bien espera que las circunstancias se amolden a su manera de ver la educación? Con expresiones como 'con estos alumnos no hay quien trabaje' no se mejoran las cosas. Los alumnos son los que son y, mientras nos lamentamos de sus carencias, dejamos de cultivar sus valores.

2. Hay que luchar por cambiar algunas dinámicas. Pero, ¿en manos de quién está esa lucha? ¿En las de unos sindicatos que se han convertido en elementos fósiles, desfasados y con unas miras ridículas para el mundo actual? ¿En manos del gobierno de turno, que solo se plantea medidas educativas de cara a la galería? ¿Qué valores de responsabilidad, esfuerzo, compromiso, etc. se han potenciado últimamente desde el poder?

3. ¿Cuál ha de ser el papel de los padres? Se vuelve la vista constantemente hacia la familia, porque es cierto que ahí se aprenden valores y actitudes. Pero me gustaría plantear una cuestión de sentido común: si para educar en la escuela a unos alumnos se requiere un título homologado, ¿qué título deberían tener los padres para formar con garantías a sus hijos, los futuros ciudadanos del país?

4. La mejora educativa, ¿es cuestión de medios? En un primer momento, sí. Pero, conseguida una determinada situación, es más bien cuestión de saber utilizarlos. ¿Por qué hay tantos centros convertidos, por ejemplo, en almacén de ordenadores? ¿Qué parte del profesorado está preparada para liderar la competencia digital de los alumnos? Igual que siempre se ha dicho que la ortografía era cuestión de todos, no solamente de los profesores de lengua, ahora se hace evidente que la competencia digital es cosa de todos, no únicamente de los profesores de informática.

Hay muchas más preguntas-problema posibles, no todas con respuesta clara. Sin embargo, mientras nos las planteemos, seguirá habiendo esperanza, como muchos manifiestan. Al menos, en la batalla diaria de cada uno por conseguir una educación enriquecedora.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

UNAS REFLEXIONES

La vida del profesor no siempre es plácida, aunque algunos tengamos la suerte de disfrutar con nuestro trabajo. Hoy he estado reflexionando sobre ello a raíz de unos, llamémoslos así, desajustes surgidos con algunos alumnos.

El asunto no es preocupante, y muchos colegas quisieran tener solo esos problemas, pero a mí esas cosas me producen tristeza: ver que se resquebraja un buen ambiente conseguido a base de mutua confianza; tratar de enderezar la situación de manera amable y no recibir respuesta; notar que hay personas un tanto reacias a reconocer fallos...

Son reflexiones sinceras que no sé por qué pongo por escrito. Quizá porque pueden servirle a alguien. O quizá porque sé que algunos de mis alumnos suelen pasarse por este blog.

Tengo confianza en que las cosas vuelvan a ser las que han sido durante más de un año: ambiente grato de trabajo, relación cordial, trato amable y distendido. En definitiva, un marco adecuado para enriquecernos mutuamente, porque la educación es eso: enseñar y aprender. No enseñar uno y aprender otros, sino enseñar y aprender todos de todos. O sea, el título de este blog.

Siento que el tono de esta entrada sea tan distinto del habitual. Espero que sea la única excepción. Más bien estoy seguro de ello, confiado en la capacidad de reacción de mis alumnos.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

ABRIR PUERTAS

En vísperas del inicio de un nuevo curso escolar, la situación de nuestra enseñanza suele ser tema recurrente en más de un medio. Y, casi siempre, para poner de manifiesto que algo falla para que nuestro sistema educativo dé muestras, año tras año, de una situación harto deficiente. Casi todo el mundo coincide en que algo va mal, pero todo continúa casi igual, porque quedarse en el lamento pocas cosas arregla. Y casi siempre nos quedamos en el lamento, cuando no ocurre que aparece algún gurú iluminado que aún añade más leña al fuego del desaguisado.

Llevo muchos trienios en esto de enseñar, y sé que las cosas no son fáciles en los tiempos que corren. Hace años que observo la enorme penuria que se va instalando en bastantes de nuestros jóvenes alumnos: además de la pobreza de medios -cuando se da-, hay pobreza intelectual, moral, espiritual, de valores, de objetivos, de ideales... hasta de ganas, porque el esfuerzo no está de moda, y se arrincona cuando asoma en nuestra vida.

Ante esa situación, el profesor puede optar, entre otras, por dos posturas: acomodarse a lo que hay y pasar el mal trago como mejor se pueda (o sea, condescendiendo, no incomodando, dejando hacer "con tal que no me molesten"); o involucrarse, luchar, empeñar todo su saber y su experiencia en estirar hacia arriba de esos adolescentes que la vida ha puesto en su camino.

Me alegró mucho leer en un blog amigo (el de Remedios) estas palabras alentadoras de George Steiner:
Fui muy afortunado porque me enseñaron a usar los músculos de aquí arriba (de la cabeza). Aprender es usar los músculos del alma y de la mente para que no se duerma. El cerebro está tan bien organizado que si uno lo ejercita, se producen cosas maravillosas. Y llega un momento en el que se empiezan a abrir puertas hacia adentro. Si eres un buen profesor, ése es tu trabajo: abrir las puertas hacia adentro. Fui muy feliz haciendo ese trabajo.
Estas palabras no son una panacea, pero creo que ahí radica una parte importante de nuestra tarea: colaborar a que nuestros alumnos ejerciten su cerebro, a que sean capaces de pensar autónomamente, a que abandonen la indolencia contagiosa que respiran a su alrededor, a que revitalicen los "músculos del alma y de la mente"... ¿Es o no una tarea en la que vale la pena empeñar nuestros mejores esfuerzos?

viernes, 28 de marzo de 2008

EL ÚLTIMO BATALLÓN

El lector agradecerá ver aquí palabras ajenas, si superan claramente las que yo pueda escribir. Por eso no es la primera vez que recojo una opinión de Francisco Sianes. Su distinción entre profesores y maestros cabría sin duda matizarla y merecería una explicación pero, aparte eso, el mensaje central de su escrito me parece de lo más lúcido. He hecho un resumen, aunque puede verse el artículo entero en su blog.

En el irrecuperable pasado, los profesores de instituto habían sido esos alumnos respetuosos, aplicados y estudiosos, algo indolentes, amantes de la tranquilidad y los placeres serenos que llegaron a sus puestos de trabajo con la convicción de arribar a un puerto benigno donde la mercancía de sus conocimientos sería recibida con ilusión; (...)

Pero esta singladura sólo era posible en un orbe donde el conocimiento aún era respetado. (...)

A la sombra, los maestros esperaban su turno: en otro tiempo habían sido esos alumnos con escasas luces, rencorosos con los "empollones", astutamente trepas y con una ambición política desmesurada que comprendieron pronto que su poder no es el saber y planificaron hacerse con el poder a secas. Con la perseverancia del vengativo, se hicieron con las antiguas fortalezas políticas (las directivas y los cargos sindicales y políticos) y levantaron otras nuevas (APAS, departamentos de orientación y pedagogía). Manejando los hilos del "politiqueo", ocuparon también las facultades "blandas" (quién ignora que el acceso a la docencia universitaria es cualquier cosa menos meritocrático)(...)

Lo que les esperaba a los profesores! Atenazados por la cuádruple pinza del rencor maestril, sindical, psicopedagógico y universitario, habían quedado vendidos en tierra de nadie. ¿Reaccionaron? Claro que no. Ellos estaban hechos de otra pasta: detestaban la sangre, fajarse en la batalla cuerpo a cuerpo: ¡ellos eran ilustrados! (...)


Casi todos acabaron cediendo, ignorantes de que la cesión ante los airados nunca calma el rencor: sólo lo enardece. Hoy se sienten incapaces de recuperar el terreno perdido: se han rendido.

Solo unos cuantos -se dice que son trescientos- resisten aún. Irreductibles, estragados, mantienen firmes sus mermadas filas, conscientes de la derrota "pero nunca en doma". A veces, una ligera brisa de esperanza hace crujir y ondear sus parcheados estandartes. Entonces sus mandíbulas y puños apretados se relajan un instante y ríen juntos. En esos momentos luminosos, incluso la victoria parece posible.

Ni ellos mismos saben cuánto depende de que ese último batallón no rompa filas jamás.

viernes, 23 de noviembre de 2007

FIASCO

Acaba de hacerse público un informe en el que se constata el alto nivel de fracaso escolar en España y, sobre todo, en Catalunya: hay demasiados alumnos que no logran acabar la ESO y muchos abandonan los estudios al terminarla... si no lo hacen antes.

Ante esta realidad, compartida de forma raramente unánime por amplios sectores, han comenzado a aparecer las terapias. En general, van dirigidas hacia dos puntos: desde casi todos los lados, se reclaman más recursos para la enseñanza; desde la administración, se cantan las excelencias de la nueva ley de educación.

Para mí que los tiros van por otro lado. Observo la realidad de mi centro y creo firmemente que con más medios se puede poner algún parche, pero no se arregla el fondo de la cuestión.
Y sobre la nueva ley de educación soy absolutamente escéptico. No por la que se avecina, sino por lo ocurrido con todas las que he llegado a conocer en mi vida estudiantil y profesional.

Tan solo hace falta preguntar a algún profesor que lleve algo de tiempo en el oficio para darse cuenta de que los males tienen un origen más bien social y político: se huye de lo que cuesta esfuerzo, se priman las cosas que se consiguen fácilmente, los hijos -a veces desde la preadolescencia- le han ganado la partida a los padres y consiguen cuanto quieren, y los planes de estudio también han claudicado ante la presión social de lo fácil, lo placentero y lo lúdico.

Con este panorama, y con la cantidad de alicientes que ofrece nuestra sociedad, no es extraño que los alumnos trasladen a su vida escolar los valores -o contravalores- que ven fuera.

También se ha comentado recientemente el alto nivel de consumo de drogas en nuestro país.
En el cuadro siguiente, se puede observar el crecimiento imparable de ese consumo entre los adolescentes, y las cifras dedicadas a luchar contra él.
Y llama la atención que, a pesar de los medios empleados, la cosa sigue en aumento. Otra vez, podemos constatar que los medios no son la solución única para erradicar el problema.

Y, ¿qué pasa en Finlandia, hacia donde todo el mundo mira al hablar de educación? Pues que:
-la carrera docente tiene un alto nivel de exigencia,
-la figura del profesor es muy valorada en la sociedad,
-se prima la motivación sobre la obligatoriedad,
-rara vez las clases son de más de 20 alumnos,
-hay estabilidad en la política gubernamental sobre educación,
-se valora la responsabilidad en el cumplimiento de las obligaciones,
-y todo eso, con algunas horas menos de clase, y menos tiempo dedicado a los deberes.
Quizá sí tenemos algo que aprender de nuestros vecinos del norte. Para quien desee saber más sobre el tema, puede ver este enlace.

viernes, 7 de septiembre de 2007

EXCELENCIA Y MEDIOCRIDAD

Hace pocos días, descubrí el blog de Francisco Sianes. Y fue un descubrimiento afortunado, porque hay allí muchas verdades y muy bien dichas. Le puse un comentario y me autorizó a referirme a una de sus últimas entradas, cosa que hago ahora (espero que para utilidad de quienes lean esto).

El caso es que el influyente pensador francés George Steiner respondía a unas preguntas durante una entrevista radiofónica (que ha sido publicada en España por el "Taller de Mario Muchnik"). Y, enfocando el tema de la dificultad en el aprendizaje, contestaba de esta manera -sin duda brillante- al locutor:
(...) un pequeño hándicap es, al contrario, un gran privilegio, es decir una escuela de esperanza, una escuela de voluntad donde se califica cada progreso. El hecho de que para atarse los lazos de los zapatos uno necesite un año de ejercicio (cuando ya existían los cierres de cremallera)... es de eso precisamente de lo que estamos hablando: o sea, en lugar de decirle al niño: Pobrecito te facilitaremos las cosas, se le dice: ¡Qué suerte tienes, te las haremos más difíciles! Sin caer en la más mínima presunción, créame, comprendí muy muy pronto una de las máximas preferidas de mi padre (es de Spinoza), que dice que la cosa excelente ha de ser muy difícil ¡Que sí, es exacto! Para nada se trata de castigar. Hoy, cuando todo son terapias de facilidad, creo que es mucho más difícil crecer con alegría -y subrayo alegría-. La lucha por resolver los problemas cotidianos: tuve la suerte inmensa de tener padres que lo habían comprendido. No había nada sádico ni de siniestro: cuando llega el éxito es una risotada de alegría.
¿Verdad que todos hemos pensado esto mismo alguna vez? La cosa excelente ha de ser muy difícil, dice Steiner que decía Spinoza. Lo que nos pasa hoy es que no se prima la excelencia, sino la mediocridad (hace bien poco, leía a un comentarista que afirmaba que el mundo de la política es el fiel reflejo de una sociedad mediocre).
¿Por qué la atención a la diversidad siempre -y sólo- se fija en el desfavorecido? Ya está bien elevar al que está abajo. Pero se hace una grave injusticia al que puede llegar más arriba, porque no se le ofrecen medios para progresar. Claro que para fabricar mentes mediocres no hace falta un gran esfuerzo.
Así nos va. A no ser que nos empeñemos personalmente en estirar hacia arriba a nuestros alumnos. Aunque cueste; aunque la ascensión sea dura. Vale la pena, porque luego viene el éxito y, con él, la alegría.

sábado, 24 de marzo de 2007

¿ALUMNOS? ¡PERSONAS!

Al acabar la primera evaluación, estuve un buen rato hablando con Sonia, una chica de mi tutoría, aunque no es, ni ha sido, alumna mía en ninguna asignatura. Quizá por eso es más fácil plantear según qué cosas y hablar de forma más directa y sin condicionantes.

La razón de la entrevista era de peso: los ocho suspensos que había tenido en su estreno en segundo de bachillerato. Desánimo, frustración, ganas de abandonar, pérdida de toda ilusión... Y no eran suspensos injustos: eran fruto de la desgana, de la falta de alicientes, de la incapacidad ante el esfuerzo que se le pedía.

Tras un buen rato de charla -y de hacer de psicólogo gratuito- salió de la conversación algo más animada. Al cabo de unos días, cuando la tormenta ya había amainado, volvimos a hablar para establecer un plan de actuación: cómo enfrentarse al esfuerzo que supone el estudio de manera gradual, progresiva, pero constante. Durante los meses pasados, cada vez que nos cruzábamos por un pasillo intercambiábamos gestos -por mi parte, interrogativos; por la suya, respuestas mímicas de poco convencimiento, o bien de satisfacción por pequeños logros alcanzados-. Volvimos a hablar brevemente alguna vez para que el listón del trabajo no bajara.

Ayer viernes, vino a verme a la hora del descanso: quería darme las gracias porque había bajado a tres suspensos en la segunda evaluación. Cuando le respondí que el mérito era suyo, tan sólo me comentó: de acuerdo, pero sin las palabras de ánimo que me dijiste hace unos meses, yo no habría seguido adelante.

A veces cuesta muy poco elevar el punto de mira de los alumnos, cuando sus ánimos están por los suelos: hacerles volar algo más alto en vez de arrastrarse por el suelo. Y creo que debemos intentarlo. Yo no sabría dedicarme exclusivamente a enseñar Latín y Griego, olvidándome de que delante tengo personas; con sus complejidades y sus defectos, pero que a veces están gritando en silencio que alguien les eche una mano.

miércoles, 3 de enero de 2007

UNA CARTA A LOS REYES

Apreciados Reyes de Oriente:
A estas alturas, casi todos mis alumnos os habrán enviado su carta. Y supongo que estarán llenas de deseos materiales. Yo me atrevo a pedir algo menos tangible para ellos. Como Sus Majestades son, además de magos, sabios, no hace falta que ponga nombres a las peticiones. Quizá los interesados también sepan ver qué les corresponde a cada uno.

Para algunas y algunos en particular:
-Una buena dosis de motivación para lograr que tanta capacidad oculta salga a la luz, cosa que espero ver.
-Otra buena carga de voluntad para afrontar el estudio como un reto posible, e incluso ilusionante, de alcanzar.
-La recuperación de la alegría perdida. Casi siempre, los problemas familiares calan muy hondo y cuestan de digerir.
-La clarividencia necesaria para darse cuenta de las propias limitaciones y saber pedir ayuda cuando se necesita.
-La fortaleza suficiente para superar problemas personales y acudir a quien puede ayudar.
-La constancia para perseverar en el esfuerzo diario. Eso siempre tiene recompensa.
-Y la generosidad necesaria para echar una mano a quien lo necesite.

Para todas y todos:
-La alegría de aprender profundizando en el saber.
-La alegría de compartir los conocimientos con los demás.
-La alegría de contribuir a que la clase sea un buen lugar de amistad y de convivencia.
-El esfuerzo por hacer cada día mejor las cosas. Eso también produce alegría.

Y para mí:
-No defraudar a nadie y poder ver cada día el crecimiento interior de mis alumnos.

A partir del lunes 8, espero comprobar que la generosidad de Sus Majestades supera nuestros deseos.