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sábado, 13 de junio de 2009

Poner parches

En la web del Ministerio de Educación (ver aquí) aparece un artículo, fechado el 9 de junio, hablando del acuerdo a que han llegado el Ministerio y las Comunidades autónomas en torno a la promoción de los alumnos de bachillerato. (Quien desee escucharlo 'viva voce', que haga click aquí).

Quizá muchos recordarán aquel intento de posibilitar un bachillerato de tres años, a base de dedicar uno a primer curso (incompleto), otro a algo de primero y algo de segundo, y un tercero a acabar lo que faltase de segundo. Se abandonó la idea, creo que para alivio de los centros, que no sabían cómo organizar un horario medianamente soportable.

Pues ahora se vuelve a la carga con algo así, pero menos. El alumno que suspenda 3 ó 4 materias en primero de bachillerato puede escoger entre tres opciones:

1. Repetir todo primero, renunciando a las asignaturas aprobadas.
2. Repetir todo primero, pero conservando las notas aprobadas de 'primero de primero', por si son mejores que las que obtiene en 'segundo de primero'.
3. Matricularse únicamente de las materias suspendidas. Y (copio literalmente del texto ministerial) "en función de las posibilidades organizativas de los centros, también podrán cursar voluntariamente aquellas otras materias que la Dirección del centro considere más adecuadas para su formación".

Todo el asunto me huele a monumento al caos. Me temo que:

a) el punto 1 será de uso casi nulo por parte del alumnado.
b) el punto 2 sea una especie de invitación al alumno para que no se esfuerce demasiado.
c) el punto 3 se quedará en "matricularse únicamente de las materias suspendidas", porque todos (alumnos y centro) prescindirán de la segunda parte del enunciado.

¿Alguna otra idea para enriquecer el panorama del bachillerato?

miércoles, 12 de septiembre de 2007

LAS ADMINISTRACIONES EDUCATIVAS YA HAN VUELTO DE VACACIONES

Leo en la bitácora de Carlos que la Consejera de Educación de la Junta de Extremadura desea que se recupere el respeto a los profesores, porque ahora -dice- se les está tratando como borregos adoctrinantes.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, 'borrego' es un hombre que se somete gragaria o dócilmente a la voluntad ajena. ¡Mira por dónde la Consejera de Educación es consciente de que los enseñantes solemos callar demasiado ante los desaguisados de la administración educativa!

Sobre 'adoctrinante', la Consejera ha tenido otro desliz, porque ni esa es palabra que contemple el Diccionario, ni puede llamarse 'adoctrinar' a la tarea de los profesores. Que yo sepa, ni las Matemáticas, ni el Latín, ni la Historia, etc. son 'doctrinas'.

Segunda perla: la Ministra de Educación pretende que los alumnos de primero de bachillerato con cuatro -o menos- asignaturas suspendidas no hayan de repetir curso. Y que, además, puedan simultanear materias de primero y de segundo en un mismo curso.

De por sí, la medida ya es harto elocuente de hasta dónde se teme en los medios políticos a las cifras del llamado 'fracaso escolar': todo vale para maquillarlo y/o esconderlo. Porque, lo que se dice reducirlo, no se va a conseguir por estos caminos. Prueba de ello es que, con tal medida, se desea frenar el abandono de los estudios por parte de los alumnos con malos resultdos en primer curso. Mucho me temo que el abandono tan sólo se retrasará un año...

Y eso, sin detenernos a hablar del desbarajuste organizativo que se provocará en los centros, donde habrá alumnos de primero-primero, alumnos de segundo-segundo, y alumnos de primero-segundo. ¿Alguien se ve con fuerzas para lograr la cuadratura del círculo?

Como dice Santi, comentando esta última noticia, ¿no ha pensado la ministra en alguna medida para evitar el abandono de los profesores?

sábado, 24 de marzo de 2007

¿ALUMNOS? ¡PERSONAS!

Al acabar la primera evaluación, estuve un buen rato hablando con Sonia, una chica de mi tutoría, aunque no es, ni ha sido, alumna mía en ninguna asignatura. Quizá por eso es más fácil plantear según qué cosas y hablar de forma más directa y sin condicionantes.

La razón de la entrevista era de peso: los ocho suspensos que había tenido en su estreno en segundo de bachillerato. Desánimo, frustración, ganas de abandonar, pérdida de toda ilusión... Y no eran suspensos injustos: eran fruto de la desgana, de la falta de alicientes, de la incapacidad ante el esfuerzo que se le pedía.

Tras un buen rato de charla -y de hacer de psicólogo gratuito- salió de la conversación algo más animada. Al cabo de unos días, cuando la tormenta ya había amainado, volvimos a hablar para establecer un plan de actuación: cómo enfrentarse al esfuerzo que supone el estudio de manera gradual, progresiva, pero constante. Durante los meses pasados, cada vez que nos cruzábamos por un pasillo intercambiábamos gestos -por mi parte, interrogativos; por la suya, respuestas mímicas de poco convencimiento, o bien de satisfacción por pequeños logros alcanzados-. Volvimos a hablar brevemente alguna vez para que el listón del trabajo no bajara.

Ayer viernes, vino a verme a la hora del descanso: quería darme las gracias porque había bajado a tres suspensos en la segunda evaluación. Cuando le respondí que el mérito era suyo, tan sólo me comentó: de acuerdo, pero sin las palabras de ánimo que me dijiste hace unos meses, yo no habría seguido adelante.

A veces cuesta muy poco elevar el punto de mira de los alumnos, cuando sus ánimos están por los suelos: hacerles volar algo más alto en vez de arrastrarse por el suelo. Y creo que debemos intentarlo. Yo no sabría dedicarme exclusivamente a enseñar Latín y Griego, olvidándome de que delante tengo personas; con sus complejidades y sus defectos, pero que a veces están gritando en silencio que alguien les eche una mano.

viernes, 1 de diciembre de 2006

PROBLEMAS PRE-NAVIDEÑOS

Cuando se acerca el final de trimestre y, con él, los primeros suspensos serios, suelen aparecer también los primeros síntomas de desánimo.
Acostumbra a ser ello frecuente en primer curso de bachillerato, y he tenido ocasión de comprobarlo de nuevo al darles hace poco las calificaciones de Griego. El resultado no ha sido desastroso, pero tampoco bueno: un 42% de suspensos es mucho. Y, además, acompañado de sólo un 8% de sobresalientes (es decir, uno) y un 17% de notables.
Ante el resultado, vi aparecer bastantes semblantes tristes y desilusionados, como diciendo no es esto lo que yo me imaginaba del bachillerato...
Detecté, sobre todo, sensación de cierta impotencia. Los motivos más frecuentes suelen ser dos:
--el bachillerato excede las capacidades de algunos;
--el bachillerato cuesta afrontarlo con las herramientas que ha propocionado la ESO.

Hay fracasos ya anunciados -aunque en vano- y provocados muchas veces por los mismos padres, que proyectan en sus hijos anhelos frustrados o expectativas exageradas. La extendida -y falsa- creencia de que sin bachillerato no se es nada, ha creado y sigue creando numerosas frustraciones.

Y hay tal déficit de esfuerzo personal durante la ESO, que la factura que pagan los alumnos en el bachillerato es demasiado cara. Si por la tarde me queda un rato libre, en vez de estudiar prefiero tumbarme en el sofá. Frase ésta dicha, casi textualmente, por una alumna a quien los estudios no le van nada mal. Así estamos.

Muchas veces pienso que los bachilleres de hoy acaban por saber menos que los de hace unas décadas, pero lo pasan bastante peor. Ya es triste... Y, mientras tanto, a hacer de profesor-tutor-psicólogo-elevador de ánimos-paño de lágrimas, y un largo etcétera. En eso andamos. Y, a pesar de todo, que no falte la ilusión...