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jueves, 16 de abril de 2015

¿Selectividad tipo test?

Hace un par de días, comentaba con un profesor de bachillerato la impericia (por no decir incapacidad absoluta) de sus alumnos a la hora de elaborar un razonamiento por escrito, ni que fuera mínimo. 
Lo que toda la vida se ha llamado 'redacción', parece que ha pasado definitivamente a la historia, como una herramienta obsoleta y caduca. No me extraña que, a la hora de elaborar el "Treball de recerca", preceptivo en el bachillerato de Catalunya, a los alumnos les sobrevengan todo tipo de sofocos.

Está muy bien que se introduzcan en la enseñanza nuevas motivaciones y herramientas, que se aprenda por objetivos, analizando problemas y situaciones, trabajando cooperativamente, utilizando tablets y todo tipo de nuevas tecnologías. Pero, ¿cómo se puede poner de manifiesto lo asimilado en materias como filosofía, historia, literatura, etc., sin hilvanar un mínimo de discurso, sin elaborar una redacción con cierto sentido?

Y ahora, para acabar de redondear el caos, parece ser que el Ministerio desea instaurar un tipo de selectividad (desde el curso 2017-2018), consistente en pruebas tipo test de 350 preguntas: 200 sobre materias troncales y 150 sobre materias elegidas por el alumno.
¿Cómo se podrán valorar, mediante un test, los conocimientos del alumno en materias como Latín, Griego, idioma moderno, Literatura o Filosofía..? ¿O es que todo lo humanístico ya se da por liquidado y no merece la pena ni pararse a considerarlo?

Todo ello va en línea con la penosa capacidad actual de muchas personas para expresarse con un mínimo de coherencia y exactitud. También es muy reciente el escrito de una representante del pueblo que, al despedirse de su cargo mediante un breve escrito en facebook, comete treinta faltas ortográficas en tan solo 19 líneas. Y era la titular de Cultura de su ayuntamiento...

Quod de iuventute non discitur, in matura aetate nescitur  (Casiodoro)

jueves, 10 de febrero de 2011

¿Vuelve Septiembre?

Antes de que la LOGSE se hiciera con el mando en los centros escolares, en la enseñanza secundaria había una cosa llamada exámenes de septiembre, que los alumnos actuales, en su mayoría, desconocen. Pues bien, parece ser que en Catalunya se quiere reinstaurar tal costumbre, dado el notorio nivel de fracaso, sobre todo en la ESO.


Para no mantener la intriga, dejo claro ya desde el principio que estoy a favor de esos exámenes de septiembre. Y mucho más después de ver cómo han ido las cosas desde que no están. Por supuesto que su ausencia no es la razón última del descalabro escolar, pero es una de las gotas que acaban colmando el vaso.


De entrada, creo que es bueno que al alumno no le salga gratis su vagancia en el mes de junio. Como sí le sale ahora. ¿Para qué esforzarse, pues? Y es bueno que esos alumnos no pierdan del todo el contacto con los libros durante el verano. Quizá al siguiente curso su planteamiento del estudio sea otro... Y, por supuesto, ayuda a los alumnos de 2º de bachillerato, a quienes de abre la puerta para hacer la selectividad también en septiembre.


Leo que en Valencia, donde sí que hay exámenes de septiembre, se están planteando justo lo contrario: quitarlos. Razón: sólo los supera el 9% de los suspendidos. Pues, sinceramente, no me parece una cifra despreciable. ¿Se supera ahora el 9% de aprobados en ese sucedáneo-de-exámenes de finales de junio? Me refiero a aprobados no regalados. Pues me atrevería a decir que no...


Hoy mismo, en una encuesta de La Vanguardia, se preguntaba al lector si aprobaba la recuperación de los exámenes de septiembre. A esta hora, el SÍ gana por un abrumador 95%.


Algo puede ayudar a reintroducir la cultura del esfuerzo, digo yo..., aunque seguro que la medida tiene detractores.

miércoles, 14 de abril de 2010

Reflexiones primaverales

Hace ya casi un mes que este blog no se movía. Creo que no me había pasado nunca antes, pero los afanes del curso pueden más... Por eso, aprovecho un rato esta tarde para llenar el vacío.

Estamos a pocas semanas del final de curso. Y siempre, por estas fechas, empiezan a venirme a la cabeza muchas cosas acontecidas en los últimos meses. Como en todo, hay aspectos positivos y negativos, luces y  sombras. Algunas de esas reflexiones son las que quisiera  compartir hoy, aunque no sea más que en plan telegráfico.

*A las personas (¡y los alumnos lo son, para asombro de algunos!), les pasa como al vino: generalmente mejoran con el tiempo. Aunque también hay vinos que se vuelven vinagre...

Foto de "Onir" en Flickr
*Cada vez veo más claro que los exámenes actuales se parecen mucho a los políticos actuales: deberían ser una especie a extinguir. Lo que pasa es que ni a los unos ni a los otros es fácil suplirlos. De momento, yo lo he puesto en práctica con mis alumnos de Griego de segundo (me refiero a los exámenes, no a los políticos).

*Los alumnos que están a punto de terminar su bachillerato comienzan a entrar en trance. Lo tienen muy mal cada año: los exámenes, la primavera, las fiestas de la ciudad en medio (1 a 3 de mayo) y, para colmo, han tenido cambio de un profesor (¡a estas alturas!).

*Una conclusión apresurada, pero de la que estoy bastante convencido: los buenos alumnos de clásicas en el bachillerato acaban siendo verdaderos fans del Griego, por encima del Latín. A los menos buenos les cuesta decidirse en la elección pero, en todo caso, se inclinan por el Latín. Al menos yo, las razones las veo claras.

*Cuando uno lleva mucho tiempo enseñando y, por lo tanto, repitiendo muchos conceptos año tras año, debería estar cansado de decir lo mismo. ¿Por qué no suele pasar eso? ¿O es que soy un raro en la profesión?

A final de curso, con la tranquilidad que da haber cumplido una etapa, prometo una entrada algo más enjundiosa (o una serie de ellas...).

martes, 20 de noviembre de 2007

EXÁMENES, EXÁMENES...

La tipología del alumno en exámenes es diversa: a unos/as les da por la variante histérica, a otros/as les viene la época depresiva, e incluso hay quienes saben mantener la serenidad, no sé bien si por sabiduría suficiente o por ignorancia recalcitrante.

Hoy he tenido clase de Latín, en segundo de bachillerato, un par de horas antes del examen de Historia. El panorama ha sido bastante representativo de lo dicho más arriba. Veamos:

-Nada más entrar, Diana ha preguntado (podríamos decir que era una pregunta retórica) si les dejaría unos minutos para repasar Historia: respuesta negativa (y no ha habido insistencia).

-Comenzamos a revisar la traducción que debían haber hecho en casa: muy pocas la tenían (aunque reconfortaba ver que sí la había hecho una alumna a quien le cuesta especialmente la materia).

-Al lado del material de Latín, unos apuntes de Historia completan la decoración de varias mesas. Es verdad que, con una mirada, los apuntes vuelven a la oscuridad del cajón...

-A media clase observo la cara de Elena, habitualmente risueña y divertida. Hoy está más bien mustia y triste. Mientras las demás hacen un ejercicio, me acerco y constato que hay problemas de estudio. Quedamos para hablar en otro momento y me alejo antes de que le broten unas cuantas lágrimas.

- A la vez, otras caras no demuestran preocupación: quizá la procesión va por dentro...

El sino fatal (valga la redundancia) de todos los estudiantes son los exámenes. Agraviado por la endémica manía de acordarse de que existen uno o dos días antes. Nada nuevo. En esto los modernos planes de estudio no han añadido nada, ni bueno ni malo, a las costumbres estudiantiles de toda la vida...

lunes, 4 de diciembre de 2006

MAGISTER... ET PATER?


La vida en las aulas es rica, riquísima; y nunca sabes qué te puede deparar en cualquier momento. Uno acaba por acostumbrarse a todo, pero lo que voy a contar, aún no me había pasado nunca...

Es viernes, ya bastante avanzada la mañana, y mis alumnos de segundo de bachillerato hacen el examen de Latín. Ya han tenido otro esa misma mañana, con lo que la mente no anda especialmente fina. Aún así, veo que se "pelean" bravamente con alguna oración de relativo, con un petentes que trae de cabeza a más de uno... En fin, que la cosa va funcionando por cauces habituales.

Se termina el tiempo y vienen los apuros para acabar de pulir la traducción. Claudia está hecha un manojo de nervios y reclama mi presencia para consultarme algo... pero de su boca no sale mi nombre, sino un claro "¡papá!".

Primero, desconcierto; luego, risas. Claudia que se pone un tanto colorada...

La verdad es que no tengo motivos para reprocharle a Claudia una posible comparación con su padre. ¡Pero no era comparación, sino identidad! Creía que el tema iba a dar bastante de sí en los días siguientes, pero no... A pesar de todo, hubo tiempo de aclararle su consulta. ¡Ah! El resultado de los exámenes fue más que satisfactorio.

viernes, 1 de diciembre de 2006

PROBLEMAS PRE-NAVIDEÑOS

Cuando se acerca el final de trimestre y, con él, los primeros suspensos serios, suelen aparecer también los primeros síntomas de desánimo.
Acostumbra a ser ello frecuente en primer curso de bachillerato, y he tenido ocasión de comprobarlo de nuevo al darles hace poco las calificaciones de Griego. El resultado no ha sido desastroso, pero tampoco bueno: un 42% de suspensos es mucho. Y, además, acompañado de sólo un 8% de sobresalientes (es decir, uno) y un 17% de notables.
Ante el resultado, vi aparecer bastantes semblantes tristes y desilusionados, como diciendo no es esto lo que yo me imaginaba del bachillerato...
Detecté, sobre todo, sensación de cierta impotencia. Los motivos más frecuentes suelen ser dos:
--el bachillerato excede las capacidades de algunos;
--el bachillerato cuesta afrontarlo con las herramientas que ha propocionado la ESO.

Hay fracasos ya anunciados -aunque en vano- y provocados muchas veces por los mismos padres, que proyectan en sus hijos anhelos frustrados o expectativas exageradas. La extendida -y falsa- creencia de que sin bachillerato no se es nada, ha creado y sigue creando numerosas frustraciones.

Y hay tal déficit de esfuerzo personal durante la ESO, que la factura que pagan los alumnos en el bachillerato es demasiado cara. Si por la tarde me queda un rato libre, en vez de estudiar prefiero tumbarme en el sofá. Frase ésta dicha, casi textualmente, por una alumna a quien los estudios no le van nada mal. Así estamos.

Muchas veces pienso que los bachilleres de hoy acaban por saber menos que los de hace unas décadas, pero lo pasan bastante peor. Ya es triste... Y, mientras tanto, a hacer de profesor-tutor-psicólogo-elevador de ánimos-paño de lágrimas, y un largo etcétera. En eso andamos. Y, a pesar de todo, que no falte la ilusión...

viernes, 24 de noviembre de 2006

¿ES DIFÍCIL LA CONDICIÓN DE ESTUDIANTE?

Hace días que no digo nada de mis alumnos de segundo. Pues resulta que ahora hay tema, porque andan metidos en abundancia de exámenes, y eso siempre da para bastante.

La verdad es que, llegados al punto de segundo de bachillerato, y con la evaluación a la vuelta de la esquina, los sufridos alumnos suelen instalarse en una constante inseguridad, como si no bastara la inherente a su adolescencia.

El semblante habitual, acompañado con frecuencia de elocuentes palabras, es de caos neuronal con síntomas incipientes de histeria: exámenes que, a modo de chicle, se expanden y juntan unos con otros; constatación de una exigencia notable y sin tregua (cuando no va acompañada de olor a injusticia); sensación de impotencia, de no dar abasto, de que soy inútil, de que suspenderé…¡¡¡¡ahhhh!!!!

No se me ocurre mejor remedio que aplicar, como tutor y como profesor, la terapia de la serenidad, del sosiego… que no la del ‘pasotismo’. Frecuentemente procuro relativizar los problemas, pero también apelar a la cultura del esfuerzo; dejar caer una frase aquí y una idea allá, por si a alguien le hace pensar; tirar de lo positivo sin ocultar los problemas reales; fortalecer las esperanzas a base de reforzar lo que ahora se llama autoestima y que, en mis andanzas de estudiante, no sabíamos ni que existía; calmar ánimos y reírnos todos un poco de las cosas. No resulta fácil, porque se puede dar la impresión de que te estás tomando a broma sus problemas, cuando lo que pretendes es precisamente canalizar esos problemas hacia soluciones reales, no hacia el lamento estéril, inútil e improductivo.

Y, en medio de todo eso, debo contribuir a su ya penosa situación poniéndoles un examen de griego el lunes, y otro de latín el viernes. Y lograr que Jorge despierte de su letargo otoñal, y que Enma acabe por creerse que su esfuerzo dará resultado, y que Noemí se centre en dar prioridad a los estudios, y que Claudia no se apee del sobresaliente (procurando que no se lo acabe creyendo)… ¡¡¡ufff!!! Y encima dicen que esta profesión es cómoda y relajada… Eso seguramente no, pero ilusionante, llena de emoción e imprevisible, sí. Por eso no la cambiaría por ninguna otra.