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lunes, 4 de enero de 2021

La discriminación de los mejores

 


A raíz de un artículo de Alberto Royo, titulado “Los ‘otros’ alumnos”, y publicado el pasado día 1 en El Mundo, me animo a hacer algunas consideraciones, muy coincidentes con las del artículo.

Desde la atalaya de la jubilación, pero estando al tanto de lo que se cuece en el mundo educativo, considero que son muchos los aspectos que pueden ser objeto de crítica, de mejora, de discusión, etc.

Pero hay uno que suele ocupar muy poco a los pedagogos, hacedores de planes de estudio, políticos ideólogos y demás encargados de sacar adelante la educación (al menos, eso deberían hacer).

Me estoy refiriendo a la discriminación que sufren los buenos alumnos, y que se viene notando desde hace décadas en la enseñanza secundaria.

Eso sí: se habla mucho de la educación inclusiva (café para todos), de promover la igualdad (igualando por abajo), de la atención a la diversidad (a los diversos por defecto), de la enseñanza lúdica... y se dedican esfuerzos, personal y dinero a esos objetivos. Y alguna de esas ideas no están mal, pero las que son válidas han desenfocado el punto de mira.

Los alumnos no son todos iguales. Y, si se atiende, de forma loable, a la diversidad, hay que incluir aquí a los que sobrepasan la media, a los que tienen ganas de aprender, que ahora se aburren soberanamente porque se les están recortando las alas, no se les abren horizontes ni se les anima a desarrollar sus capacidades.

De este tipo de estudiantes he conocido algunos (casi diría bastantes). Y he hecho lo que he podido para fomentar sus aspiraciones. Pero siempre he sentido la frustración de que al sistema no parece importarle favorecer la excelencia educativa, instruir mejor a quienes desean pensar, indagar, abrir nuevos caminos… Se fomenta poco la creatividad, la búsqueda de objetivos, la inquietud intelectual, constreñidos como están los docentes por los planes de estudio, la burocracia y, por qué no decirlo, las pocas ganas de complicarse la vida.

El futuro de un país está en esos adolescentes que pueblan las aulas de la ESO y del Bachillerato. O sabemos darles las herramientas que puedan hacer de ellos (al menos de algunos) solucionadores de problemas, cabezas pensantes, hombres y mujeres que sepan mejorar la sociedad siendo mejores ellos mismos… o nuestro mundo estará condenado a una crisis difícil de superar en decenios.



lunes, 18 de enero de 2016

¿Se ha instalado la educación en la mediocridad?

A casi nadie se le escapa que los vaivenes de los planes de estudio, sea cual sea el color del gobierno de turno, solo producen deterioro. Y que los alumnos acaban pagando los desaguisados.
Es cierto que conocimientos, hasta hace poco incuestionables, se ven ahora postergados y condenados al olvido.
Es cierto que, sobre todo en la enseñanza secundaria obligatoria, los profesores parece que tienen suficiente con controlar el orden en clase.

Todo eso es verdad, pero ¿qué acaba produciendo una situación así? A mi modo de ver, una estado de progresiva mediocridad. Mediocridad en la enseñanza, que se manifiesta luego en mediocridad social y en mediocridad política.


Muchas veces, parece que no valoramos la trascendencia que tiene la educación en la sociedad. Y así nos va. Una educación que se olvida de cultivar el pensamiento, la visión crítica, la reflexión... solo puede producir, mayoritariamente, ciudadanos mediocres. Quizá sea eso lo que desean los poderes.

En el fondo, ese era el pensamiento de un sociólogo y pensador argentino de hace un siglo (José Ingenieros). De su libro El hombre mediocre (1913), es esta descripción de tal tipo de personas:


La falta de personalidad hace, a estos, incapaces de iniciativa y de resistencia. Desfilan inadvertidos, sin aprender ni enseñar, diluyendo en tedio su insipidez, vegetando en la sociedad que ignora su existencia: ceros a la izquierda que nada califican y para nada cuentan. Su falta de robustez moral háceles ceder a la más leve presión, sufrir todas las influencias, alta y bajas, grandes y pequeñas, transitoriamente arrastrados a la altura por el más leve céfiro o revolcados por la ola menuda de un arroyuelo. Barcos de amplio velamen, pero sin timón, no saben adivinar su propia ruta: ignoran si irán a varar en una playa arenosa o a quedarse estrellados contra un escollo.   (pág. 32)

 Dura opinión, pero real y lúcida. Como lo que refleja unas páginas más allá:
El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la domesticidad. (pág. 39).
¿Por qué no se ha planteado una verdadera lucha contra la mediocridad? Si no hay mala intención, únicamente veo un motivo, como decía Chesterton:
La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta.
Realmente, es una pena...

lunes, 7 de diciembre de 2015

¡Hay que cuidar el rescoldo!


"La educación sin las humanidades pierde mucho 
en su labor contra la desigualdad"
La frase es de José Luis Pardo, catedrático de Filosofía de la Universidad  Complutense, y aparecía en dia 2 de este diciembre en el diario digital La Opinión de Málaga.  
Una afirmación, que deberían hacerla propia muchos que tienen en sus manos mejorar la educación y que, en cambio no han hecho otra cosa que deteriorarla hasta extremos inconcebibles, desde hace ya demasiados años.

Si, tradicionalmente,  el Latín y el Griego han sido los parias que han pagado las consecuencias de los tijeretazos, ahora le toca el torno a la Filosofía que, si nadie lo remedia, quedará seriamente amputada en el bachillerato.

Nunca ha sido más verdad lo de clamar en el desierto: a las frecuentes voces de aviso, se ha sucedido la sordera más evidente, porque nunca hay nadie al otro lado de la línea...

Estos últimos días han aparecido unas declaracions de Fabiola Giannoti, una eminencia de la Física, y próxima directora general del CERN, que no tienen desperdicio. Quien esté interesado, puede leerlas con calma aquí. Sin embargo, no me resisto a copiar un párrafo:
Soy ferviente partidaria de una amplia educación y de una amplia cultura. Yo soy física, pero fui educada en humanidades y lo aprecio muchísimo. No cambiaría mi educación; si volviera atrás, estudiaría lo mismo (que tampoco fue mérito mío, sino que mis padres me animaron a tener esa educación). Aunque después decidiera estudiar Física, valoro en la misma medida los estudios de música o humanidades, que me dieron cultura y contribuyeron tanto como la física a lo que soy hoy. Es muy importante una educación cuánto más amplia mejor y no especializarse demasiado pronto, porque ya habrá tiempo. Mejor que los estudiantes adquieran primero unos amplios fundamentos. 
No es la primera vez que un eminente científico sale en defensa de la educación humanística, pero sigue sin haber respuesta. Lo triste del caso, es que no parece que la pueda haber a corto plazo: los poderes (políticos, económicos, educativos...) no tienen otro objetivo que la decapitación de cuanto no sea útil, según sus estrechos criterios. Y eso, no parece que vaya a cambiar de un día para otro. Como dice Ignacio García de Leániz en El Mundo digital del pasado día 3:
(...) la universidad se está convirtiendo en Europa -no digamos en España- en una gigantesca y hueca Escuela Técnica o antigua Escuela Laboral que se asemeja a esa caverna de Platón a cuya entrada los jóvenes prisioneros leen ahora un letrero que reza: "En nombre de la sacrosanta utilidad". A los cuales se les ha privado previamente, con la expulsión de la Filosofía en nuestro bachillerato, del derecho a saber que estamos en 'una caverna' y, por tanto, de decidir o no llevar una vida humana.
(...) Pero es que, además, los problemas más acuciantes hoy nos remiten a preguntas y respuestas que habrían de ser formuladas desde los saberes liberales, entre los que se encuentran también el conocimiento ético y moral sin perder de vista que nuestra vida es ante todo vida humana y sus grandes cuestiones son por ello atécnicas. De ahí que nuestro gran problema no es que carezcamos de respuestas para tales interrogantes, sino que el agonizar mismo del discurso humanista nos impide siquiera hacernos tales preguntas.
 El articulo completo, se puede leer aquí.

Ayer mismo vi, en el diario digital Sur, una categórica frase, pronunciada por una profesora de Latín (Ana Clara Roldán), que sin duda comparto:
«La ignorancia y el desprecio a la cultura nos hace peores».

¿Qué toca, mientras tanto -mientras duren los nubarrones-, a los docentes? Pues salvar lo salvable, que no es poco: la dedicación a los alumnos, llevar adelante las innovaciones que se puedan, colaborar con otros colegas para hacer más digerible la espera de tiempos mejores (¡qué instrumento más útil sigue siendo Chiron!),  no perder la esperanza... No sé si algunos lo veremos, pero las Humanidades renacerán: ¡hay que cuidar el rescoldo!


martes, 7 de abril de 2015

Contra la barbarie


Ayer mismo, en un artículo de Marie-Noëlle Tranchant publicado en Le Figaro, aparecía esta afirmación:
el humanismo transmitido por el latín y por el griego 
es la última barrera ante la barbarie.
(Especifica que se emplea barbarie en su sentido etimológico -como lengua incomprensible-, y no como rechazo de lo extranjero).

Viene ello a cuento de la reacción que ha suscitado en Francia el anuncio del Ministerio de Educación sobre la pervivencia del Latín y del Griego, supeditada a la voluntad de cada escuela.

El revuelo que se ha producido, ha encontrado eco en la prensa y, por supuesto, en internet:

Desde hace unos días, corre por la red una petición a través de la web change.org para frenar tal iniciativa. Hoy mismo, ya hay más de 33.000 firmas.

En Twitter, con el hashtag  #JaimeLesLangues Anciennes, se pueden ver bastantes mensajes.

Entre muchas otras páginas, aquí pueden leerse opiniones, reacciones y comentarios diversos.

La situación, lleva a la articulista de Le Figaro a sentenciar:
El divorcio es completo entre la ideología anti-humanista de la Educación nacional 
y las aspiraciones reales de los franceses.

Y acaba con un ruego:
Es urgente pedir a la UNESCO una medida decisiva: la inscripción del latín y del griego
 en el patrimonio inmaterial de la humanidad. 

Llega un momento, en la lucha por la supervivencia de las materias clásicas, que únicamente nos queda decir -como hace Carlos Cabanillas en su blog-: déjennos enseñar tranquilamente nuestras materias, y que nuestros alumnos puedan estudiarlas en paz. Por el bien de la cultura y, sobre todo, de la sociedad, me uno a la petición de Carlos:  déjennos estudiar lenguas clásicas, y hagan ustedes lo que quieran.


sábado, 26 de julio de 2014

Acceso a grados de Educación Infantil y Primaria


Este año, a la hora de asignar las plazas universitarias, se ha producido un hecho bastante insólito. En los últimos cursos, la nota de corte para el acceso a los grados de Educación Infantil y de Educación primaria, se había mantenido con ciertos altibajos, pero en niveles altos. Como muestra, las cifras que se han producido en los últimos cursos (los de existencia de la fase específica de las PAU), en la Universidad de Girona:

Ed. Infantil:       9,760 (2010) / 8,360 (2011) / 9,042 (2012) / 8,275 (2013)

Ed. Primaria:    8,710 (2010) / 7,644 (2011) / 8,159 (2012) / 8,082 (2013)

Pues bien: este año, la nota de corte en Educación Infantil ha sido de 5,008, y la de Educación Primaria, de 5,000.

¿Qué ha pasado para que llegar a esta situación? Porque hay datos que ayudarían incluso a que la nota de corte hubiese subido: por ejemplo, la menor oferta de plazas en esos grados para el curso 2014-2015: 500 menos que el curso pasado.

La demografía es un factor a tener muy en cuenta: frente a los 50.650 alumnos preinscritos en las universidades públicas catalanas el año 2011, este año se han quedado en  45.226.

Pero el dato fundamental,  el que ha producido tal debacle, es que este año se pedía un promedio mínimo de 5 puntos en los exámenes de Castellano y de Catalán en las PAU, para poder acceder a los grados de Educación Infantil y de Educación Primaria.  ¿Resultado? La caída en picado de las solicitudes para acceder a esos dos grados: de las 3.129 solicitudes del año pasado, hemos llegado a las 1.868 de éste.  Algo puede clarificar estas cifras el hecho de tener en cuenta que, el año pasado las solicitudes se repartieron entre 1.896 procedentes del bachillerato, y 1.233 de ciclos formativos. Este año, el reparto ha sido: 1.422 del bachillerato, y tan solo 446 de ciclos formativos.

No obstante, es penoso observar que un requisito tan poco exigente como pedir una nota de 5, haya rebajado de tal manera la cifra de solicitudes. Ya pensábamos que nuestro sistema educativo hacía aguas, pero que llegase hasta ese punto...  

Ya no es momento de poner parches -que es lo que se ha hecho durante los últimos años y lo que pretende la LOMCE-: hace falta una restructuración de arriba a abajo de todo el sistema, un profundo e imparcial estudio, hecho por docentes, de la situación y de las medidas que se deben adoptar. Insisto: hecho por docentes, no por políticos ni por teóricos de la educación que hace años que no han visto un alumno... si es que lo han visto alguna vez.


lunes, 17 de marzo de 2014

En busca de una utopía

En la época del pensamiento líquido, del usar y tirar, de la cultura del instante, no es de extrañar que todo cuanto suene a perenne, consistente, duradero y profundo sea dejado de lado, cuando no vituperado y tildado de antigualla.

Quizá por eso, nuestro tiempo no está por la labor de valorar las humanidades clásicas: no son útiles a corto plazo, son demasiado viejas, requieren cierto esfuerzo...  Y, luego, vienen las leyes de des-educación a clavar la puntilla. Comenzando por el llamado plan Bolonia, que ha barrido casi todas las humanidades de la universidad, y siguiendo por la LOMCE, que va por el mismo camino en la enseñanza secundaria. Como decía Jordi Llovet en Adiós a la universidad"el plan de Bolonia ha puesto fin a las Humanidades, las ha convertido en algo residual".

Les da igual que en el mundo de las clásicas haya una verdadera revolución en el uso de las nuevas tecnologías (mucho más que en la mayoría de materias de secundaria). Les es indiferente que nuestra civilización sea, fundamentalmente, clásica (desconocen la afirmación de Cicerón -o no quieren hacer caso de ella-: "No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños"). No les importa que tengamos un profesorado lleno de ilusión, a pesar de las puñaladas recibidas durante varios decenios...  Es igual; ellos a lo suyo: a cercenar nuestras raíces, a eliminar la conciencia crítica de nuestros jóvenes, a extender como una epidemia la moda del pensamiento débil...

Y, en medio de este panorama quasi-apocalíptico, un puñado de aguerridos profesores de esas antiguallas sigue luchando por lo que a algunos les parece una utopía.  Quizá porque saben que hay utopías que llegan a hacerse realidad.


lunes, 20 de enero de 2014

¿Qué falla en la educación?

Tarea ardua es contestar a la pregunta planteada. Y, además de ardua, de múltiples respuestas porque no todo el mundo ve los problemas con los mismos ojos.
Por tanto, la opinión que voy a expresar, como toda opinión, es perfectamente discutible (y me agradaría que se discutiera).
Trataré de reflejar, de la forma más desapasionada posible, lo fundamental de cuanto he visto a lo largo de cuarenta años de docencia. Y hacer partícipe al posible lector de estas conclusiones, enumeradas en breves puntos.
1. Cuanto mejor (más competente, más vocacional, más entregado a su tarea...) es el profesor, mejores resultados obtienen los alumnos. Estos se dan cuenta perfectamente del profesor apasionado por su tarea, pero también del "profesor-mercenario". 
2. El profesor/a no debe ni puede sustituir al padre o a la madre. Pero sí ha de ser, en alguna medida, un referente para el alumno. Se educa más y mejor con la propia vida que con sermones.
3. El "café para todos" (enseñar lo mismo a todos, proponer las mismas metas, hablar al impersonal conjunto de los alumnos) nunca suele dar resultado. Cierto que es imposible atender individualmente a cada uno. Pero entre ambos extremos algo se puede hacer. Claro que se necesita tiempo, dedicación... y ganas.
4. Este aspecto que acabo de citar no es posible sin un conocimiento mínimo de los alumnos (de sus circunstancias ambientales, familiares, culturales, sociales...).
5. El intento de contentar a los alumnos (enseñanza blanda, lúdica, nada exigente...) solo sirve para evitar ciertos conflictos, y quizá para pasárselo bien, pero nunca para aprender en serio.
6. El profesor ha de estar al día en temas pedagógicos (prácticos, reales, no "de libro") y en aspectos de las nuevas tecnologías. Esto no es la panacea, pero sí constituyen poderosos aliados para mejorar las clases.
7. Puede parecer extraño, cursi y hasta un tanto friki, pero pienso que el profesor ha de transmitir un cordial afecto hacia sus alumnos. No solo debe estar ausente toda animadversión, sino el afán sincero de estimarlos como personas, aun conociendo sus muchos defectos. Si no, me parece imposible educar. Algo de eso intuyó Aristóteles al decir: educar la mente sin educar el corazón no es educación en  absoluto.
8. Por último, cabe tener en cuenta aquel proverbio africano: "para educar a un niño hace falta la tribu entera". Porque, como dijo José Antonio Marinasi no es con la colaboración de toda la sociedad, sólo vamos a parchear, no vamos a llegar al fondo. Es esencial que toda la sociedad vaya a una con la educación.

¡Casi nada!

miércoles, 15 de enero de 2014

Humanidades con futuro

Ayer martes, se presentó en la sede del Institut d'Estudis Catalans el manifiesto titulado "Unes humanitats amb futur", promovido por trece intelectuales, publicado hace ahora un año, y suscrito por más de 400 personas e instituciones. Mañana jueves será entregado a la Consellera d'Ensenyament y al Secretari de Universitats.

Se trata de un documento bastante breve, en el que se reivindica la importancia del cultivo de las humanidades, y cuyo contenido expresa muy bien por qué resulta vital para nuestra civilización que sigan teniendo un papel importante en la educación.  Algunas ideas centrales del texto:
1. "Alejarse de las humanidades empobrece y aísla".
2. "Las dificultades con que se encuentran las humanidades se inscriben en una crisis más general del saber, también del saber científico, frecuentemente valorado en exclusiva por sus aplicaciones prácticas y sin relacionarlo con la pregunta sobre el sentido".
3. "La merma de la cultura humanística comporta el empobrecimiento del pensamiento, la precariedad del discurso ético y la pérdida de la cohesión de nuestra civilización".
4. "Es necesario recuperar el entusiasmo por todas las creaciones del espíritu humano y restablecer y potenciar la figura del maestro que cultiva y comunica las humanidades con pasión".
5. "Las humanidades forman parte del 'núcleo duro' de las formas espirituales de vida, más allá del materialismo y del utilitarismo".
Y hace, para todo ello, cuatro propuestas, que pasan por el fomento de las materias humanísticas en la secundaria, por la consideración global de los saberes en la universidad, incluso planteando la posibilidad de hacer presentes las humanidades en el currículum de carreras técnicas, y sabiendo siempre buscar el equilibrio entre lo técnico, lo científico y lo humanístico. Hace un especial llamamiento a la utilización de las nuevas tecnologías en el ámbito de los estudios humanísticos, para acabar diciendo que "Las humanidades tendrán futuro si son entendidas como factor de humanización, de responsabilidad moral y cívica, y de crecimiento del espíritu humano". 

Si me he permitido hacer este incompleto resumen es para poner el texto original, escrito en catalán, al alcance de quienes no entienden esta lengua. De todas formas, nada exime de su lectura atenta y completa, porque es en realidad un texto muy rico de contenido.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

A vueltas con Pisa

Forges, en El País (4.12.13)
Por si fuera poco la aprobación de la ley Wert, ahora el mundo educativo anda revolucionado con la publicación del informe Pisa. Uno corre el peligro, si lee únicamente los titulares de la prensa, de quedarse con lo anecdótico. Si alguna cosa se puede concluir de dicho informe, se ha de hacer profundizando algo en los datos que ofrece; porque no todos son igualmente valiosos. He aquí algunos ejemplos:
1. El impacto socioeconómico y cultural de los alumnos españoles en su enseñanza es mayor que en el promedio de los países de la OCDE. O sea, que seguimos arrastrando la baja tasa cultural de la población de hace ya bastante décadas. Eso sí que realmente influye en el rendimiento de los alumnos: el ambiente cultural que se respira en casa.
2. Cuestiones de dinero: a) según el PIB propio de España, cabría esperar mejores resultados que los obtenidos. b) Por el gasto educativo, lo mismo. Ahora se sitúa en 82.178$ lo que se invierte en un alumno desde los 6 hasta los 15 años. Dicen los que elaboran el informe Pisa que, a partir de 50.000$, la cantidad de gasto no afecta ya al rendimiento. Pero sí afecta -y mucho- cómo se gasta ese dinero.
3. Infraestructuras educativas: la calidad de esas infraestructuras en España es mayor que en la media de los países de la OCDE.
4. La ratio profesor-alumnos es en España de 12,5, casi igual que en el resto de países (12,6).
5. En España se hacen más horas lectivas en conjunto: 1050 frente a las 907 de la media. Pero se hacen menos en materias como Matemáticas, Ciencias y Lengua: 368 por 421 en el resto de países.
6. La autonomía de los centros (en gestión, programación, etc.) es mucho menor que en la media de la OCDE. Y eso, si se hace bien y según el informe, influye en un 34% de los resultados académicos.
7. Absentismo escolar: en España, el 28% de los alumnos faltaron uno o más días a clase durante las dos semanas anteriores a la realización de las pruebas. El promedio OCDE fue de un 15%.
El lector atento habrá ya sacado sus conclusiones sobre qué aspectos sí que influyen en el retraso de nuestros alumnos y cuáles son más bien anecdóticos. Siempre, claro está, que se crea esos resultados y que esté de acuerdo con  los criterios establecidos. 

De todas formas, poco podemos exigir a nuestros alumnos mientras desde el poder público (léase la consellera de Educación de les Illes Balears) se denomina al informe Pisa "informe Trepitja"). Para los no versados diré que, en catalán, 'trepitja' es el presente del verbo trepitjar = pisar. 
Pero esa ya es otra cuestión...


sábado, 16 de noviembre de 2013

Educación y pedagogía

La penosa situación de la enseñanza en nuestro país, que ya viene de lejos, debe mucho al poco o nulo protagonismo que han tenido los enseñantes en la elaboración de las sucesivas leyes, planes, proyectos, etc., y al exagerado papel otorgado a ciertos pedagogos de despacho.

Hacía tiempo que deseaba comentar algo al respecto. Y la ocasión se me acaba de presentar al leer, hace pocos días, unas declaraciones de Francisco Rodríguez Adrados. Se puede ver la entrevista completa aquí. Entre otras cosas, decía:
"los pedagogos han infectado la educación. El "pedagogismo" cambió los conocimientos por el protagonismo del niño. Todos han seguido la misma línea de rebajar los contenidos".
Se suele denominar pedagogismo a una teoría, basada en determinados principios pedagógicos (constructivismo y educación comprensiva) aplicados a ultranza y aireados, entre otros teóricos, por Philippe Meirieu. Basándose en que “los niños se aburren en la escuela” se han vaciado de contenido las materias y se ha renunciado a la mejor herramienta contra el tedio que idiotiza a los alumnos: el conocimiento.

Pueden verse las ideas de Meirieu en su escrito El pedagogo y los derechos del niño, de 2001 (en francés).

Esta revalorización de los contenidos, y otras ideas afines, las ha plasmado el profesor Jean-Paul Brighelli en un libro -ciertamente polémico- titulado La fabrique du crétin : la mort programmée de l'école. (Ed. Jean-Claude Gawsewitch, 2005) . De él son afirmaciones como las que siguen:

Una civilización tiene la escuela que se merece y actúa globalmente para fabricársela. Para poner de rodillas lo que fue uno de los mejores sistemas educativos del mundo, hizo falta una singular conjura de voluntades perversas y de buenas intenciones imbéciles. No se destruye sin esfuerzo, en una veintena de años, lo que la República tardó más de un siglo en edificar.


El alumno tiene derecho a exigir un saber. Y el docente tiene el deber de instruirlo. El alumno debe ser tomado en serio: está ahí para estudiar. El docente tiene el deber de hacerlo trabajar duro: no está ahí para hacer guardería –ni para animar debates o encuadrar trabajos personales sacados de Internet.

Ahí está la verdadera demanda: aprender. Volver a casa al fin de la tarde más enriquecido que al partir. “¿Qué aprendiste en la escuela hoy?” Si a esta pregunta de los padres, el niño o adolescente no tiene nada que responder, es que ha perdido su jornada.

De esto resulta que el maestro no es un compinche. No se lo llama por el nombre de pila, no se lo tutea.
“Escuchar al alumno” es uno de los camelos de moda impuestos a los profesores para justificar el hecho de que los alumnos, por su lado, ya no escuchan. Que el maestro esté atento al feed-back, está muy bien. Que permita que se contamine esa comunicación sabia que es la transmisión del saber con consideraciones sentimentales es una aberración.

Lo evidente es que cada vez más alumnos tienen demasiado tiempo libre en clase, demasiado pocas consignas, demasiado poca tarea. Cualquier alumno un poco despierto se aburre al segundo minuto de clase.
Pero mientras los burócratas, que creen conocer algo de enseñanza, no entiendan que los niños aman los desafíos (intelectuales, entre otros) y no desean espontáneamente ser tomados por imbéciles, seguiremos hundiéndonos en el analfabetismo.

Antoine Prost, reputado historiador francés, que militó durante años en las filas pedagogistas, reconocía: 

Seamos serios, pretendemos haber querido que nuestros niños aprendieran más y mejor y hasta ahora hicimos todo lo que hacía falta para que aprendan menos, y peor (...). Hemos organizado el fracaso.

Algo hay de todo ello en nuestra educación. Y, al lado de esos postulados oficialistas y políticamente correctos, hoy mismo se está celebrando en Sagunt una multitudinaria Jornada de cultura clásica (¡en sábado!), donde se respira pedagogía auténtica, no la de libro, despacho y naftalina.



jueves, 14 de noviembre de 2013

Cien mil

Parecen muchas visitas a este blog. Pero bien mirado, esas cien mil que acaba de alcanzar, lo han sido en algo más de siete años. O sea, que no es gran cosa. 
Sin embargo, suponen un acicate para continuar en la brecha porque, como casi siempre, el Latín y el Griego merecen un respaldo y una atención constantes. Y la educación, otro tanto de lo mismo.


Primera imagen de portada del blog (Empúries, por supuesto)
La ausencia del contacto directo con los alumnos en las aulas es ciertamente una rémora. Pero nunca se pierde la relación -ni que sea a distancia- con el mundo educativo. Por eso, mientras haya fuerzas, este blog tendrá vida. Y, mientras a alguien le pueda servir de motivación, de interés, de empujón en su tarea, habrá cumplido sobradamente su misión.


martes, 12 de noviembre de 2013

Polvareda Wert

Ni buscada a propósito. La polvareda que ha levantado el señor José Ignacio Wert con su ley de educación (LOMCE) no hubiera sido igual aunque estuviera planeada de antemano.  Raras veces un político ha logrado poner tan de acuerdo en su contra a casi todos.  Alimento constante para los columnistas de periódicos, inspiración para humoristas, diana de críticas de profesores y de estudiantes... Y, ahora, hasta enmienda de los organismos europeos con el asunto de las becas Erasmus. Nadie, repito, había logrado concitar tal unanimidad.  


Por lo que a las materias clásicas se refiere, hay alguna de cal y otras de arena. Hubo en su momento iniciativas diversas en defensa de nuestros estudios, como se puede leer en esta página de culturaclasica.com, que dieron sus buenos resultados en forma de enmiendas y retoques.
El penúltimo acontecimiento -porque quién sabe cuál será el último...- es el innecesario conflicto que se ha cocinado el señor Wert entre el Latín y las Matemáticas. Jamás he visto ni leído en ningún sitio que los defensores de las clásicas lo hayamos hecho en detrimento de otros saberes. Y, mucho menos, de las Matemáticas, como se puede ver en la carta que el Presidente de la SEEC, Jaime Siles, dirigió en su momento a la Presidenta de la Conferencia de Decanos de Econòmicas y Empresariales.

Es lógico, pues, que algunos alumnos hayan puesto el grito en el cielo y se hayan manifestado en defensa de las Matemáticas, como hoy mismo hemos podido comprobar. Porque parece que la ley situará como materia obligatoria en el bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales el Latín, mientras que las Matemáticas quedarán como optativas. Sin duda, un auténtico dislate.

¿Qué nos deparará la discusión de la ley en el Senado? Probablemente, veremos alguna otra salida de tono y motivos de chanza,  pero no deja de ser muy triste que eso ocurra cuando se está jugando con algo muy serio.


jueves, 18 de julio de 2013

The Minerva Project

Hay universidades de prestigio que cuentan en sus filas con premios Nobel. Pero nunca un profesor universitario ha recibido ese galardón por ser un excelente educador.
Eso deben haber pensado los promotores del Minerva Project, cuya finalidad principal es fomentar la innovación en la enseñanza superior.

Para lograrlo, entre otras iniciativas han convocado el Primer Premio Minerva destinado a reconocer la innovación llevada a cabo por un profesor universitario de cualquier lugar del mundo en su labor educadora. El plazo de inscripción estará abierto hasta el próximo noviembre, y el premio (de 500.000 $) se otorgará en mayo de 2014.

El proyecto incluye también la Academia Minerva, un foro de expertos para promover la innovación en la enseñanza superior.

Además, Minerva abrirá próximamente una peculiar universidad, que llevará a cabo seminarios on line, pero con los estudiantes residiendo juntos sucesivamente en varias ciudades del mundo. Tienen la intención de comenzar en 2015 con estudios de ciencias sociales, humanidades y ciencias naturales.

Se pueden seguir la noticias de Minerva, las iniciativas, etc, en facebook, en twitter y en Linkedin.


martes, 23 de octubre de 2012

¿Qué educación queremos?

Tras cuarenta años dedicado a la educación, la vida en las aulas ya se ha acabado, pero quedan pensamientos, ideas, reflexiones que de vez en cuando afloran. Y hoy puede ser un día tan apropiado como cualquier otro para escribirlas.

Me refiero ahora al tipo de enseñanza que, mayoritariamente, se imparte en este país en lo que se refiere, no ya a conocimientos, sino al enfoque de la vida y al cultivo del carácter de quienes van a ser nuestros profesionales de aquí a pocos años.
¿Qué horizontes personales, sociales o profesionales tienen hoy muchos jóvenes de Secundaria? ¿No hay demasiados que se limitan a ir a clase -de mala gana-, aprendiendo poco y a deshora? ¿No son casi todos los que piensan desde el lunes en el fin de semana... para introducirse en un vértigo de diversión vacía, estridente y quizá peligrosa?
¿Dónde están el afán de superación, el espíritu crítico ante la realidad, las ganas de formarse bien para luego aportar un grano de arena a esta sociedad tan maltrecha? Y así, sucesivamente.

No es la primera vez que cito aquí a Martha Nussbaum (que esta semana recibe el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales) porque me parece una persona clarividente en temas educativos. Hace pocos días leía una entrevista (aquí puede verse entera), en la que volvía a hablar de la importancia de las humanidades y de lo que aportan al proceso educativo -madurativo- de los alumnos. Copio dos párrafos que considero interesantes.

Creo que el ingrediente más importante para la salud de la democracia es la educación de la ciudadanía, una educación con un fuerte contenido humanístico. Tenemos que ser capaces de inculcar a los jóvenes el pensamiento crítico de Sócrates, y enseñarles cómo articular un discurso racional, cómo debatir y defender sus ideas. Para ello, claro, es esencial que tengan un profundo conocimiento de nuestra historia, que entiendan los entresijos de la economía mundial. Tenemos que cultivar la imaginación de los jóvenes para que sean capaces de ver el mundo desde el punto de vista de alguien distinto a ellos mismos.

Sabemos, por nuestras investigaciones, que la gente tiene una tendencia natural a dejarse llevar por figuras de autoridad que les seducen. Si no somos capaces de analizar nuestra realidad desde un punto de vista crítico pueden pasar cosas muy, muy malas.

Algo tiene que ver con ello lo que leí ayer mismo en el blog 'Contraposición':  un post de hace meses titulado "Cómo anular a una persona". Y no podía dejar de pensar en muchos de nuestros alumnos, indefensos ante lo que se les viene encima... por culpa de quienes hemos procurado, por encima de todo, que no les falte nada. Así comienza el artículo (que recomiendo vivamente):
Regálele todo: la comida, la diversión y todo lo que pida. Así le evita usar todas las potencialidades que tiene, sacar recursos que desconocía y desplegar su creatividad.
Los informes PISA, y similares, son importantes. Pero más lo son los indicadores de hacia dónde van socialmente nuestros alumnos.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Ese no es el camino...


El tema me ha venido a la mente a raíz de una carta al director publicada hoy mismo en El País, y que comienza con este párrafo del preámbulo del anteproyecto de la LOMCE:

"La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país (...). Mejorar el nivel educativo de los ciudadanos supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global". 
Nunca había leído una definición  tan pobre, desoladora, mercantilista y desafortunada. Y los que no hemos logrado "conseguir ventajas competitivas en el mercado global" ¿somos unos desgraciados, frustrados y asociales?

Siempre me ha preocupado el sesgo economicista que ha ido tomando la educación, y con más celeridad en los tiempos que corren. Y por eso lo he reflejado en varias entradas (per ejemplo:  aquíaquí o aquí).

Pero ahora no se trata solo de vilipendiar y ningunear estudios que no sirven para nada, sino que se lleva esa pseudofilosofía al terreno de la educación como concepto global. Hasta el punto de que algunas ramas del saber no merecen vivir...

Ese debe ser el punto de origen del progresivo desprestigio (a nivel político, por lo menos) de los estudios clásicos, patente en el ya tristemente famoso anteproyecto de la ley Wert.
Se han alzado ya, por suerte, muchas voces en defensa del humanismo y de la pervivencia del Latín y del Griego en nuestra enseñanza. Y no estará de más que hagamos un esfuerzo por multiplicar esas voces con nuestro apoyo. Por ejemplo, adhiriéndose y firmando la petición para que se cuente con las lenguas clásicas en la LOMCE (ahora mismo ya hay unas 4500 firmas, pero hacen falta más).

La formación de toda una generación de estudiantes depende de nuestro esfuerzo por preservarla de la barbarie y de la incultura.

martes, 11 de septiembre de 2012

Valorar al maestro

Hay días dedicados a personas -o cosas- por un interés puramente comercial (véase el día de la madre o el del padre); otros que responden a inquietudes sociales (el día del medio ambiente, por ejemplo); y algunos otros que suelen pasar desapercibidos porque parece que nadie sale beneficiado con ello. Entre estos últimos se puede contar el día del maestro, que se celebra el 30 de septiembre.
Es una buena ocasión para recapacitar sobre la responsabilidad del educador  y para que la sociedad vuelva a tener en cuenta el valor de la profesión de enseñante.
Con este motivo, y sin añadir nada más, he rescatado el manifiesto que escribió José Antonio Marina el año 2004 en tal ocasión .

"De los recuerdos de nuestra infancia emerge siempre la clara figura de una maestra o de un maestro, con quien tenemos pendiente una deuda de gratitud. Suele ocurrir que tardamos mucho en darnos cuenta de su influencia benefactora, y para entonces aquellas personas que sirvieron de puente entre la familia y la sociedad, que suavizaron el desamparo de los primeros días de escuela y nos llevaron de la mano por los laberintos del abecedario y la cultura habrán desaparecido ya de nuestras vidas. Un homenaje al maestro puede servir para pagar esta deuda de gratitud. Es por ello un acto de justicia poética.

Pero también es un acto de justicia real, porque tiene que servir para llamar la atención de la sociedad hacia una profesión que, por esa inversión de prestigios que desdichadamente sufrimos, pasa inadvertida o menospreciada. Otras admiraciones más espectaculares nos hacen ser mezquinos al valorar a las personas que nos enseñaron las primeras letras, que nos obligaron, con una conmovedora paciencia, a dominar nuestra atención, tan propensa a irse por las nubes, para fijarla en el encerado o el cuaderno. Para el niño, ellos son los máximos representantes de la cultura, y, para todos, los grandes funcionarios de la Humanidad. Supieron hacernos pasar de un mundo de afectos privados a un mundo de afectos sociales, y nos convirtieron en pequeños ciudadanos, al enseñarnos las normas compartidas."
                                            (Manifiesto del Maestro, José Antonio Marina, 2004).

miércoles, 2 de marzo de 2011

"Enseñanza: entre el fetiche y la vocación"


Hace algo más de una semana leí en La Vanguardia este artículo de opinión, escrito por Antoni Puigverd y titulado "Enseñanza: entre el fetiche y la vocación". Creo que es una lúcida reflexión sobre el estado actual de nuestra educación. Por eso, aunque sea algo largo, lo reproduzco entero.

La consellera Rigau ha frenado, para restringir el gasto, la implantación de ordenadores en las aulas. La decisión marea a unos profesores ya muy desconcertados por un departamento que lleva años aficionado a los cambios de rasante. Pero no todas las críticas se circunscriben al desconcierto de los docentes. Negarse a invertir en la escuela es negarse a solucionar la enseñanza, sostienen unos. Y otros: ¡La escuela no puede perder por más tiempo el tren de la modernidad!

¿Puede afirmarse, como sostienen estos críticos, que los institutos pierden el tren de la modernidad por no organizar sus clases en torno al ordenador? De momento, la pantalla ha generado más costes que beneficios. La enseñanza de lenguas mejora con las nuevas tecnologías, pues existen materiales ya muy contrastados. Pero no son pocas las asignaturas que, tamizadas por el ordenador, sin materiales adecuados, se convierten en un juego trivial. Muchos profesores no cuentan para sus nuevas clases con ordenador con más materiales que el viejo libro de texto travestido de pantalla.

De las posibilidades del ordenador da muestra fehaciente la web www.filopolis.net dedicada a la enseñanza media de filosofía. Es el resultado de años de trabajo de un profesor vocacional, Llorenç Vallmajó: pionero de la introducción de los ordenadores en los institutos de Girona. No conozco mejor adaptación contemporánea de aquel lema cervantino: “enseñar deleitando”. Incluso el lector más sabio y veterano encontrará en Filópolis una mina de gozo intelectual. Allí está el Ágora de los debates, el Taller de los conceptos, el Jardín de las sonrisas, la Cárcel de las barbaridades, el Paseo de los grandes temas, el Palacio de las ciencias, la Academia de los pensadores, el Templo de las respuestas y otros sensacionales apartados que con gran rigor adaptan, al lenguaje de las pantallas, los razonamientos de la filosofía. De la filosofía entendida como un juego, pues genera curiosidad y placer, pero también como un compromiso fascinante y exigente. En sus últimas entradas, por ejemplo, el profesor Vallmajó propone al alumno bailar con una princesa o evitar la horca gracias al razonamiento lógico. La pedagogía actual no ha desarrollado todavía materiales de este nivel.

La ciencia y el arte, la contabilidad y la escritura, la música y la información, las oficinas y las relaciones humanas ya son distintas desde que todo el mundo accedió al ordenador, al móvil y al resto de gadgets que nos rodean. Incluso la política, como demuestran las revueltas del norte de África, está cambiando a gran velocidad gracias a Twitter y Facebook. Pero las redes no han generado los cambios, solo los han facilitado y acompañado. Las tecnologías son un recurso, no un fin en sí mismo. Un instrumento de la humanidad, no la humanidad nueva. El error del gobierno de Zapatero y del conseller Maragall fue introducir por decreto el ordenador en las escuelas como si se tratara de un Deus ex machina que podía conjurar y resolver el malestar de la escuela.

Pero el ordenador no es un dios omnipotente, sino una máquina que, mal usada, estorba más que ayuda. Y por otro lado, ¿qué fin tiene hoy en día la escuela? ¿Qué espera nuestra sociedad de ella? Las familias, la publicidad y las industrias del ocio pugnan por corromper a niños y jóvenes adulando sus instintos, sobreprotegiéndoles, estimulando su deseo de consumir, incitando la satisfacción de toda apetencia. ¿Espera una sociedad que educa de esta manera a los niños y adolescentes que el profesor exija de ellos gran esfuerzo y consiga grandes resultados? ¿Una sociedad que idolatra el pelotazo económico y mitifica el éxito fulgurante puede esperar que sus vástagos se entreguen a la paciente tarea del estudio? Hasta que la sociedad no sea capaz de dar una respuesta coherente a este tipo de preguntas, la enseñanza mostrará sus descosidos, pues la escuela no es una isla, sino la institución que más fielmente refleja las contradicciones de la sociedad.

El problema de la escuela no es, como afirman los sindicatos, de presupuestos. Ni se resuelve a la manera del conseller Maragall o del presidente Zapatero con soberbias inversiones tecnológicas. Es un problema de horizonte. Los males de la escuela no se resuelven con un fetiche, transformando las pizarras en pantallas, sino apoyando, avalando, reforzando la constancia de los profesores vocacionales como Llorenç, creador de Filópolis, que lleva casi treinta años luchando por la introducción de las nuevas tecnologías en los institutos y experimentado contenidos adecuados a ellas. Los Llorenç abundan, aunque no son, ciertamente, mayoría en las aulas. Trabajan sin armar ruido, sin buscar medallas, por vocación de enseñar, con la paciencia de la gota que horada la piedra.

En el Barrio de los nuevos filósofos de Filópolis encontramos a Wittgenstein siendo niño. Se pregunta: “¿Por qué debería decir la verdad si me resulta provechoso mentir?”. La súbita informatización de las aulas es una manera de responder al malestar de la escuela con mentiras de nuevo rico. El pequeño Wittgenstein encuentra la respuesta en Karl Kraus: mejórate a ti mismo. La escuela necesita muchos Llorenç de Filópolis. Necesita mejorarse a sí misma.

martes, 11 de enero de 2011

Educar debe ser una actividad alegre

La frase del título la he tomado prestada del filósofo y educador José Antonio Marina, a quien el diario La Vanguardia dedica hoy su entrevista ("La contra").
Las palabras de Marina siempre son interesantes, y ahora nos enteramos del proyecto que acaba de promover: la "Universidad de Padres", que abarca un curso on line, acompañamiento de expertos y una colección de libros, el primero de los cuales es La educación del talento.

Dejando de lado este interesante proyecto, quería reflexionar un poco sobre esa alegría que debe estar presente en el hecho de educar.
Dedicamos demasiado tiempo (o lo dedican las cabezas pensantes y programadoras) a hablar de competencias, de fracaso o de éxito escolar, de política educativa, de metodología, y de un largo etcétera. Y, sin embargo, hablamos poco de entusiasmo, de ganas, de confianza, de afecto... de alegría. ¿Por qué? Me aventuro a pensar que la razón se encuentra en  una pedagogía aséptica, fría, mediocre y políticamente correcta. Porque es más manipulable controlar el ámbito de los conocimientos, y mucho menos el de los sentimientos, las emociones y la voluntad.

¿Cuántos docentes enseñan con entusiasmo, con ganas y con alegría? ¿Cuántos no buscan halagar el gusto del alumno sino inculcarles el aprecio por el conocimiento, aunque suponga esfuerzo? Porque eso cala hondo en el alumno, mucho más que la sabiduría hueca o que la actitud complaciente que ha echado a perder tantas posibilidades de educar de verdad.

Claro que para enseñar con alegría y entusiasmo, es imprescindible que el profesor esté convencido de ello y no sea un mero mercenario enseñante, porque no ha encontrado mejor sitio para ganarse unos euros. Hay que dignificar la profesión. Y eso no se consigue a golpe de decretos sino de personas comprometidas de verdad con una de las profesiones más gratificantes que existen.

martes, 22 de junio de 2010

¿Quién teme al Latín y al Griego?

Lo nuestro ya es endémico: cada curso trae sus afanes y, con ellos, algún tijeretazo a las materias clásicas.
Hace poco, comentaba aquí mismo el último examen de Griego perpetrado en las PAU de hace dos semanas. Parecía elaborado por un enemigo, e inscrito en una sospechosa trama para eliminar el Griego de nuestros bachillerato, al menos de facto.
Ahora, van surgiendo nuevas perlas de cara al próximo curso. Ya sabíamos desde hace un año que las materias con menos de ocho alumnos podían dejar de ofrecerse en un centro. Quedaba a criterio del equipo directivo, según la disponibilidad de profesorado. Pero siempre costaba decirle a un grupo de alumnos que no podía hacer determinada materia, si la solución pasaba por cursarla en otro centro, quizá distante, o por abandonarla y cambiar de orientación.
Pero ahora las cosas se facilitan: un alumno puede cursar hasta un máximo de dos materias a distancia, cuando un centro no pueda -o no quiera- asumirlas.
¿Qué pasará? Que la argumentación de la directiva del centro será, muchas veces, a contrario: no ofreceremos tal materia porque como ya la pueden cursar a distancia...
¿A alguien se le ocurre qué materias serán las candidatas ideales para tamaña jugarreta? 

No sé si habrá ejemplos en otras comunidades, pero aquí dejo los dos que conozco hasta ahora, por lo demás sospechosamente coincidentes.
Esta es la orden que acaba de publicar la Generalitat Valenciana.
Y aquí se pueden ver las características de la ordenación del próximo curso que ha dictado la Generalitat de Catalunya.

Suelo preferir no pensar mal de entrada, pero esta vez me lo están poniendo muy difícil. Quizá sí hay toda una conjuración para eliminarnos de la educación secundaria por vía del hecho consumado. Quizá hay algunos gurús, traumatizados de pequeños por los latines, que esparcen su venganza a voleo. Quizá siguen actuando los pseudopedagogos logsianos, no vaya a ser que nuestros alumnos adquieran algo de cultura...
Y, a todo ello, añádanse unas gotas de crisis económica y ya tenemos el caldo de cultivo ideal para justificar cualquier desmán. Y, como siempre, el objetivo primero será el mundo clásico. ¿Por qué nos tienen tanto miedo? 

lunes, 15 de febrero de 2010

Unas cuantas verdades

Eso es lo que descubrí hace días, leyendo una entrevista realizada a la profesora Inger Enkvist sobre la situación de la educación en España.

He aquí algunas de las perlas que nos deja la profesora sueca:


Según el igualitarismo, para alcanzar la igualdad de todos los ciudadanos, es decir la igualdad política o democrática, es imprescindible establecer y mantener un sistema educativo igualitarista. Para ellos esto es una verdad incuestionable.

Yo creo que es un error porque tener los mismos derechos no tiene nada que ver con tener los mismos conocimientos. Lo primero es posible pero lo segundo no lo es. Primero creí que los culpables eran los políticos que defienden el igualitarismo educativo, pero luego descubrí que ellos estaban muy influidos por algunos pedagogos. Hoy, considero que los responsables son en primer lugar esos pedagogos que hacen afirmaciones sin ninguna base científica. Sus afirmaciones no son conclusiones sino meras posiciones políticas, casi siempre oportunistas.
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Es muy lamentable que los responsables de educación de muchos países no respeten los datos que les aportamos los que nos dedicamos a hacer estudios sobre los sistemas educativos y sus resultados. No quieren oír nada sobre niveles de conocimientos. Sólo les interesan las estadísticas de escolarización y los aumentos en los porcentajes de alumnos que pasan de una etapa a otra.
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Hace poco tiempo estuve en Inglaterra y allí están haciendo una reforma educativa muy interesante. Han optado por la primacía de la calidad. Las cosas están mejorando. Hubo tres colectivos que se opusieron a esta reforma. Unos fueron los grandes sindicatos del sector, y su argumento fue que la reforma ponía en duda la profesionalidad del profesorado; otros fueron los pedagogos que habían ideado los dogmas que sustentaron el modelo educativo anterior; y, finalmente, otros fueron los funcionarios del Ministerio de Educación que habían entrado y prosperado en el entorno del anterior sistema educativo. Seguramente en todos los países pasará lo mismo. La mejora vendrá a partir de las iniciativas personales de los profesionales de la educación y de la cooperación de los medios de comunicación. En una palabra: de los que se mantienen independientes

He de decir que suscribo muchas de sus afirmaciones. Seguro que hay más de uno que no...
Puede leerse la entrevista completa aquí.