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lunes, 5 de agosto de 2019

Unos saberes útiles y desinteresados (IV)

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Quien estudie, aunque sea un poco por encima, los sucesivos planes de estudio (en la educación secundaria y en la universitaria), habrá observado una progresiva especialización, casi una atomización, de los saberes. Muchos aún recordarán los dos cursos comunes universitarios de Filosofía y Letras, que daban un bagaje cultural notable (Literatura, Historia, Arte, Filosofía, Lenguas clásicas, Geografía...). 
Es sin duda el mundo laboral el que exige una creciente especialización en el saber. Pero también es cierto que ese mundo laboral se nos aparece como algo inestable: cuántas personas deben cambiar de ocupación por motivos bien diversos, cuando ese cambio no significa quedarse sin trabajo. Si ese individuo sólo se ha preparado para una minúscula parcela profesional, se encontrará perdido en un mundo demasiado competitivo. Le faltarán armas para luchar. 
Creo que es un error trasladar la especialización profesional a los estudios secundarios y, en parte, también a los universitarios. Demos a nuestros estudiantes una preparación humanística suficientemente amplia como para tener una visión comprehensiva de la realidad. 
Tras un breve nombre (Latín, Griego) se esconde el estudio de todo un mundo rico y complejo: lengua, historia, política, costumbres, arte, religión... Palpita el alma de todo un pueblo que supo crear algo duradero. Tanto, que aún hoy bebemos de esa sabiduría.
Dejemos que la universidad sea eso: una «universitas» globalizadora, capaz de interpretar la complejidad del mundo actual. Tiempo habrá para descender a los detalles a través de estudios de postgrado y en la iniciación a la vida profesional. Organizar la enseñanza exclusivamente en función de la profesión equivale a cerrar futuros campos de actuación, con el peligro que ello comporta, y a limitar la formación a una mera trasmisión de conocimientos, la mayor parte de las veces unidireccional.
En parte, ¿no se deberán a eso las dobles titulaciones que hoy tanto abundan? Claro que, en algunos casos, hay un intento de rentabilización de unos estudios poco frecuentados. Pero, en otros, la posibilidad de abrir un abanico de salidas profesionales al estudiante es evidente. Quizá han comenzado a darse cuenta de que la excesiva especialización no es tan buena como parecía...


viernes, 2 de septiembre de 2016

La senda de las Humanidades

Aunque uno se haya jubilado ya hace un tiempo,  cuando llega septiembre no puede evitar un sentimiento, por un lado, de complicidad con los compañeros que siguen al pie del cañón; y, por otro, de una cierta añoranza de las aulas: más que de las aulas, de su contenido, los alumnos.
Todo ello se manifiesta en una atención especial a lo que los medios nos ofrecen alrededor del comienzo de curso y cuestiones colaterales.
Y esa atención se dispara cuando aparecen noticias referentes a las humanidades.

Tal es el caso de lo ocurrido hace unas fechas –el día de san Agustín, para mayor coincidencia-: leí en “La Vanguardia” un articulo que hablaba de unos cuantos alumnos universitarios que, teniendo notas de acceso muy brillantes, habían optado por cursar el grado de Filosofía. Algo así, también sucede con cierta frecuencia en buenos alumnos que cursan Filología Clásica.


Parece que ese es el caso –el de Filosofía- de una cuarta parte de los alumnos que se matriculan en ese grado cada año en la Universitat de Barcelona: estudiantes con nota superior a 12 puntos en las PAU. Eso ha dicho el decano de esa Facultad. Y, sobre esos alumnos, comenta: su rol es fundamental en la sociedad. Son personas capacitadas, competentes, que han apostado por el conocimiento crítico y reflexivo de una forma generosa y pura.
Y acaba añadiendo: Nos equivocamos al creer que la universidad debe formar para trabajar. No es así, o, en todo caso, no sólo es eso.


Es interesante  el razonamiento de Paula (12 puntos como nota de acceso a la universidad) y que cursarà este año Humanidades:  Me ha costado tomar la decisión porque cada vez que lo decía en voz alta alguien me desanimaba. La gente que me rodea me pregunta: ‘Y después, ¿qué?’. Pero una vez he admitido que esto es lo que me gusta, ya no dudo. Y añade su interès por profundizar en el arte:  Una obra requiere el contexto filosófico, histórico, literario... quiero conocerlos todos. Me regalo estos cuatro años para disfrutar.

Un profesor emérito de Física de la Universidad de Granada (Eduardo Battaner), ha publicado hace poco un ensayo con este titulo:  Los pecados de dos grandes físicos. Los dos grandes físicos son Newton y Einstein . Sus “pecados”, los va desgranando a lo largo de su obra, pero uno de ellos puede ser el que cita refiriéndose a la falsa oposición ciencia-humanidades: la separación entre ciencias y humanidades es artificial y nociva; tanto Newton como Einstein tenían una gran preparación filosófica; eran pensadores antes que físicos;  se encaramaron a la rama de la física trepando por el tronco de la filosofía.

El tema de la elección de estudios humanísticos da para más. Será cosa de otro día.


lunes, 22 de junio de 2015

Aprendizaje basado en problemas (bis)

Hace más de dos años, redacté una breve entrada hablando del Aprendizaje Basado en Problemas (ABP), como una técnica innovadora en la enseñanza, muy alejada de la clase magistral y del alumno pasivo, meramente receptor de conocimientos.  Y lo hice, viendo que en mi entorno geográfico, se iba introduciendo paulatinamente, tanto en la enseñanza primaria y secundaria, como en la universitaria.


El pasado viernes tuve la ocasión de asistir al acto de graduación de la segunda promoción de Medicina de la Universitat de Girona (UdG), que ha estudiado su carrera íntegramente siguiendo esta metodología.

Cuando, hace un año, se graduó la primera promoción, los detractores del sistema hablaron de un previsible descalabro en los exámenes del MIR, que vendría a ser la prueba definitiva de la bondad o maldad del ABP.

Los resultados cosechados en el MIR por los alumnos de esa primera promoción no pueden ser más concluyentes, teniendo en cuenta que se presentaban por primera vez (el 25% de los que aprueban el MIR son candidatos que ya se han presentado anteriormente):

*Los 65 graduados que se presentaron al MIR han aprobado el examen.
*El 86,2% se ha situado entre el 50% de alumnos con mejor nota.
*El 84,6% ha obtenido la plaza que había solicitado.

He hablado con alumnos de Medicina de diversos cursos de la UdG, y todos coinciden en que se trata de un método que da más trabajo a los alumnos (y a los profesores), pero que produce efectos muy beneficiosos, como comentaba uno de los graduados de la primera promoción: "Es un método que se centra en el estudiante, le hace ser crítico y buscar soluciones; pensaba que eso era positivo para cualquiera que quiera ser médico, porque eres más consciente de lo que te vendrá cuando ejerzas".

Conozco también algún centro pre-universitario que utiliza el ABP como método docente, igualmente con buenos resultados.

¿Puede ser éste un buen procedimiento para revitalizar nuestra enseñanza? Probablemente tendrá también sus puntos débiles pero, hasta ahora, los resultados son altamente satisfactorios. Al menos, lo suficientemente buenos como para probar: lo que es seguro es que no vamos a perder nada, y sí podemos ganar mucho desterrando para siempre la clase magistral.


lunes, 29 de diciembre de 2014

Las Humanidades tienen futuro

Los que, de una manera u otra, podemos llamarnos' humanistas', llegamos a estar hartos de oir expresiones como "lenguas muertas", "saberes inútiles", "de qué vivirás", "no malgastes tu inteligencia", etc., etc. Además, los sucesivos planes de estudios secundarios parecen dar la razón a tales argumentos.

Por eso, cuando alguien emprende caminos diferentes, y políticamente incorrectos, no ya para defender las Humanidades, sino para ponerlas en el lugar que les corresponde,  tal esfuerzo merece público reconocimiento.

Acaba de aparecer una apliación para Android titulada Cultural Job Game. Como se dice en su página web, se trata de la primera app lúdica y formativa dirigida a jóvenes con intereses humanísticos que quieran descubrir un amplio abanico de opciones profesionales en el mundo de las humanidades y la cultura. La formación humanística potencia el crecimiento personal y profesional de jóvenes con futuro.

Se ofrecen, por tanto, unos ejemplos de salidas profesionales, y un juego, con participación en un sorteo.

Cultural Job Game es una aplicación desarrollada por la Facultad de Humanidades de la Universidad Internacional de Catalunya. Puede verse el video informativo a continuación:





jueves, 23 de octubre de 2014

Universidad y trabajo

La Agència de la Qualitat del Sistema Universitari de Catalunya, publica cada tres años su informe sobre Universidad y Trabajo en Catalunya.
Una atenta lectura de la edición de 2014 (informe de la inserción laboral de los graduados hace tres años) proporciona algunos datos interesantes.
Quien esté interesado, puede leer el largo informe completo aquí.

Deseo ahora referirme únicamente a lo que dicho estudio muestra con respecto a los graduados en Humanidades y, cuando corresponde, a graduados en Filología Clásica, frente a los graduados mejor posicionados en cada apartado.
 Trabajo y paro, tres años después de graduarse: 
Trabaja el 76% de los graduados en Humanidades, frente al 88% de los de Ciencias de la Salud.

Al paro, se acoge el 16% de quienes estudiaron Humanidades, y solo el 8% de los graduados en Ciencias de la Salud.

El 40% de quienes estudiaron Humanidades, tienen un contrato fijo de trabajo, frente al 57% de los que estudiaron Ingenierías.

La tasa de ocupación es del 95% para los graduados en Medicina (máximo). Para los de Clásicas, del 83,7%. Y para los de Geografía e Historia, del 70,7% (mínimo). 

En términos generales, en el período 2008-2014, la mejor tasa de ocupación corresponde a  graduados en estos estudios:
Náutica, Información y Comunicación, Medicina, Odontología, Veterinaria, Física, Matemáticas, Farmacia.
Y la menor, a los de Arquitectura, Ingeniería Civil, Filosofía, Bellas Artes, Geografía-Historia, estudios Agrícolas.

Sueldo y satisfacción:
Los graduados en Humanidades cobran, de promedio, 1544€  brutos al mes. Los de Ingeniería y los de Arquitectura, 2154€.

Los de Humanidades califican su grado de satisfacción con el trabajo en un 7,23 sobre 10. Los de Ciencias de la Salud, en un 7,85.

En cuanto al grado de satisfacción con la formación universitaria recibida, los graduados en Humanidades la consideran positiva en un 72,6%. Los de Ciencias de la Salud, en un 83,8%.

Preguntados sobre si volverían a hacer los mismos estudios, responden que sí:
Medicina y Odontología: 90,54% (máximo)
Filología Clásica: 71,05%
Turismo: 47,44%  (mínimo).



martes, 1 de julio de 2014

¿Por qué enseñamos?

Acabo de leer un artículo en La Opinión de Tenerife que se titula precisamente así: ¿Por qué enseñamos?
 Y, al hilo de los argumentos que desgrana su autor, me he sentido completamente identificado con sus afirmaciones.

Son reflexiones de un profesor de Griego de bachillerato, a propósito de que dos antiguos alumnos suyos se acaban de graduar en Clásicas. Y algunas de sus opiniones me han parecido de lo más acertado. Ahí van unos ejemplos:

Hay alumnos y alumnas, a los que no les da miedo ni vergüenza estudiar Latín y Griego; hay alumnos y alumnas que quieren dedicarse a investigar el mundo grecorromano y a desentrañar las raíces lingüísticas de nuestra lengua; hay alumnos y alumnas que son felices traduciendo a Homero, Tucídides, Platón, Cicerón, Salustio y a tantos otros escritores de la antigüedad; hay alumnos y alumnas que, a pesar de la invasión tecnócrata y utilitaria que está sufriendo nuestra sociedad, en general, y la universidad, en particular, han decidido ser críticos en sus juicios, teniendo como referentes los grandes pensadores del mundo clásico; hay alumnos y alumnas que han decidido defender las humanidades, a pesar de todo; hay alumnos y alumnas que... Si se dedican a la enseñanza, serán buenos profesores, seguro.
Porque es cierto que hay (no son mayoría, pero los hay) alumnos que se lo pasan bien traduciendo Latín y Griego. Y no digamos nada de la Mitología, el pensamiento, la cultura grecolatina... A lo largo de mi carrera docente he tenido varios de esos alumnos. Y aún hoy, cuando me los encuentro por la calle, me lo repiten.

¡Y qué triste resulta que haya que ser valiente y atrevido el alumno que decide dedicar su vida al mundo clásico! Hay que luchar para invertir la tendencia. Y, mientras tanto, mantener la llama encendida mediante esos alumnos excelentes que, además de colmar de satisfacción a sus profesores, son un ejemplo de coherencia intelectual y de libertad de criterio. ¡Enhorabuena, a ellos y a los profesores que les han transmitido el amor a la verdad, al bien y a la belleza!





lunes, 31 de marzo de 2014

Cuatro años después

Hace casi cuatro años,  mis cinco últimos alumnos de Griego y yo nos reunimos un buen día para comer, cuando acababan de comenzar su primer curso universitario.
Hace pocos días, a punto de terminar ellos su carrera, nos hemos vuelto a reunir, también para comer.
Hemos pasado dos horas estupendas, de conversación amigable y fluida. Se notaba en las caras que todos estábamos a gusto.
Les he pedido permiso para escribir aquí sobre ello (también para publicar la foto).


Durante ese rato, y al hilo de la charla, se me fueron viniendo a la mente algunas ideas que deseo dejar ahora por escrito:


-Cuatro años producen cambios en las personas, y más si son jóvenes. Pude comprobar que, en este caso, los cambios han sido para bien.

-Uno de esos cambios, quizá el más significativo, es la madurez adquirida en este tiempo: claridad en las ideas, criterio propio en diversos temas, espontaneidad en exponer opiniones, responsabilidad acrecentada... He notado un plus de personalidad muy apreciable, lo que me ha llenado de satisfacción.

-Es bonito (y creo que deseable) que, entre profesor y alumnos, se pueda crear una relación verdaderamente cordial que, con el tiempo, llegue a ser de sincera amistad.

-Uno de los asistentes ha comentado luego por escrito:  Hoy es uno de los días en que pienso lo afortunado que fui al escoger Griego y Latín en mi vida. En definitiva, un placer enorme compartir momentos con todos vosotros.

-Estas son las cosas que hacen grande nuestra profesión. Creo que merece la pena pasar momentos difíciles si la recompensa es esa.


miércoles, 15 de enero de 2014

Humanidades con futuro

Ayer martes, se presentó en la sede del Institut d'Estudis Catalans el manifiesto titulado "Unes humanitats amb futur", promovido por trece intelectuales, publicado hace ahora un año, y suscrito por más de 400 personas e instituciones. Mañana jueves será entregado a la Consellera d'Ensenyament y al Secretari de Universitats.

Se trata de un documento bastante breve, en el que se reivindica la importancia del cultivo de las humanidades, y cuyo contenido expresa muy bien por qué resulta vital para nuestra civilización que sigan teniendo un papel importante en la educación.  Algunas ideas centrales del texto:
1. "Alejarse de las humanidades empobrece y aísla".
2. "Las dificultades con que se encuentran las humanidades se inscriben en una crisis más general del saber, también del saber científico, frecuentemente valorado en exclusiva por sus aplicaciones prácticas y sin relacionarlo con la pregunta sobre el sentido".
3. "La merma de la cultura humanística comporta el empobrecimiento del pensamiento, la precariedad del discurso ético y la pérdida de la cohesión de nuestra civilización".
4. "Es necesario recuperar el entusiasmo por todas las creaciones del espíritu humano y restablecer y potenciar la figura del maestro que cultiva y comunica las humanidades con pasión".
5. "Las humanidades forman parte del 'núcleo duro' de las formas espirituales de vida, más allá del materialismo y del utilitarismo".
Y hace, para todo ello, cuatro propuestas, que pasan por el fomento de las materias humanísticas en la secundaria, por la consideración global de los saberes en la universidad, incluso planteando la posibilidad de hacer presentes las humanidades en el currículum de carreras técnicas, y sabiendo siempre buscar el equilibrio entre lo técnico, lo científico y lo humanístico. Hace un especial llamamiento a la utilización de las nuevas tecnologías en el ámbito de los estudios humanísticos, para acabar diciendo que "Las humanidades tendrán futuro si son entendidas como factor de humanización, de responsabilidad moral y cívica, y de crecimiento del espíritu humano". 

Si me he permitido hacer este incompleto resumen es para poner el texto original, escrito en catalán, al alcance de quienes no entienden esta lengua. De todas formas, nada exime de su lectura atenta y completa, porque es en realidad un texto muy rico de contenido.


lunes, 23 de diciembre de 2013

La extraña odisea

Con este título, La extraña odisea, complementado con un significativo subtítulo, Confesiones de un filólogo clásico, escribe Carlos Martínez Aguirre un sugestivo libro sobre los avatares, padecimientos y sinrazones de la enseñanza del Latín y del Griego. No se refiere a los sucesivos recortes de estas enseñanzas en el curriculum estudiantil, sino al extraño y tortuoso camino que ha ido tomando la didáctica de las lenguas clásicas desde hace unos siglos en casi todo el mundo.
Carlos ha tenido la gentileza de ofrecer a los interesados la lectura gratuita de su libro. Aquí abajo se puede leer, y también descargarse en formato epub aquí.

Las escasas 140 páginas de que consta el libro se leen prácticamente de un tirón: a base de breves capítulos, el autor va pasando revista al difícil camino de su aprendizaje de las lenguas clásicas, desde el bachillerato a la universidad, para seguir después contándonos sus esfuerzos por llevar a la práctica una enseñanza de esas lenguas lo menos farragosa posible. Toda esa extraña odisea está narrada de forma amena y clara. Va directamente el grano y nada sobra de cuanto explica.
Sin duda, una lectura muy recomendable para motivar y dar esperanzas al sufrido profesor de Latín y de Griego. Y nuestro agradecimiento a Carlos por partida doble: por haber escrito su extraña odisea, y por ponerla libremente a nuestra disposición.

Martinez Aguirre, Carlos - La extrana odisea (r1.0).epub by Florian

jueves, 18 de julio de 2013

The Minerva Project

Hay universidades de prestigio que cuentan en sus filas con premios Nobel. Pero nunca un profesor universitario ha recibido ese galardón por ser un excelente educador.
Eso deben haber pensado los promotores del Minerva Project, cuya finalidad principal es fomentar la innovación en la enseñanza superior.

Para lograrlo, entre otras iniciativas han convocado el Primer Premio Minerva destinado a reconocer la innovación llevada a cabo por un profesor universitario de cualquier lugar del mundo en su labor educadora. El plazo de inscripción estará abierto hasta el próximo noviembre, y el premio (de 500.000 $) se otorgará en mayo de 2014.

El proyecto incluye también la Academia Minerva, un foro de expertos para promover la innovación en la enseñanza superior.

Además, Minerva abrirá próximamente una peculiar universidad, que llevará a cabo seminarios on line, pero con los estudiantes residiendo juntos sucesivamente en varias ciudades del mundo. Tienen la intención de comenzar en 2015 con estudios de ciencias sociales, humanidades y ciencias naturales.

Se pueden seguir la noticias de Minerva, las iniciativas, etc, en facebook, en twitter y en Linkedin.


jueves, 13 de junio de 2013

Adiós a la selectividad... ¿o no?

Se están ultimando los exámenes de las PAU de este junio, que pueden ser los penúltimos según el sistema vigente.

De forma paralela, el ministro Wert acaba de tildar estos exámenes de anomalía internacional, porque no se dan en los países de nuestro entorno. En su discutida ley se abre la puerta a que cada universidad elabore sus propias pruebas.

En los últimos días se ha ido generando una opinión contraria a la supresión de las PAU, también entre los propios alumnos. Se habla, sobre todo, de la dificultad que supone la reválida que se instaurará al final del bachillerato. Y, también, de la incertidumbre que generan las futuras pruebas que cada universidad -o facultad- pasará a quienes deseen acceder. Pueden verse opiniones de diferentes lugares aquí, aquí, aquí o aquí

Las PAU actuales, es cierto que no sirven como criba universal para entrar en la universidad, pero sí actúan en el establecimiento de un baremo para el acceso a determinados estudios muy solicitados, sobre todo desde la instauración de la fase específica. Y hay que reconocer que el sistema de las PAU ha funcionado razonablemente bien.

En Catalunya, las autoridades educativas han manifestado su deseo de hacer una selectividad lo más parecida posible a la actual. Así lo ha manifestado Antoni Castellà, Secretario de Universidades de la Generalitat, para evitar que quienes aprueben la reválida deban afrontar un caótico peregrinaje en función de las pruebas que pueda fijar cada universidad y sin saber si han aprobado en la anterior.

Habrá que aguardar próximos acontecimientos. Eso sí: permaneciendo vigilantes, porque las aguas no bajan precisamente calmadas...


viernes, 15 de febrero de 2013

Estudiar lo que gusta... ¿o no?


No hace mucho, el inefable ministro Wert nos dejó otra de esas perlas que generan multitud de comentarios. Se refirió entonces a la fea costumbre de estudiar lo que a uno le gusta, y no a decidirse por lo que el mercado necesita. No sé porqué, pero me vinieron entonces a la memoria las máquinas de hacer churros...

Hace más de tres años, apareció publicada en la página "El arte de la memoria.org" una entrada titulada precisamente "Las 10 razones por las que deberías estudiar lo que te gusta y no otra cosa". Como suscribo cuanto allí se decía, me permito copiar sin más esas 10 razones:

1. Tu mente está más abierta: cuando estudias algo que te gusta estás dispuesto a recibir conceptos nuevos e información distinta sin poner trabas. Quieres descubrir, saberlo todo.
2. Eres (más) creativo: te gusta probar, experimentar. Estás inspirado. “¿Qué pasa si cambio esto?, ¿qué hubiese pasado si en lugar de en el año 1850 hubiese pasado en 1400?, ¿y si le añadimos a la mezcla más cantidad de este otro material?”, …
3. Estás constantemente motivado: la motivación forma parte de tu estado natural, no la tienes que buscar en el exterior.
4. Tienes muchos momentos de “!Ajá, ya lo entiendo!”. Todo (o casi todo) te resulta fácil. No necesitas esforzarte por aprender. Sí por comprender conceptos complicados, pero aún así, mucho menos de lo que será si lo que estudias no te gusta.
5. Disfrutas todo el rato de lo que haces, te encanta, te divierte.

6. Es tu pasión, no te cuesta nada levantarte por la mañana temprano para ponerte manos a la obra. Estás deseando que llegue el momento de volver a ello.
7. Tu autoestima se beneficia de todo ello, estás seguro de ti mismo, haces lo que te gusta.
8. Con el tiempo, eres muy bueno en ello, destacas, te vuelves un experto. Puedes empezar siendo un perfecto ignorante (aunque si de verdad se trata de algo que te gusta, es porque ya has tenido contacto con ello y vas a tener al menos una idea inicial). Puede que no tengas la experiencia y el conocimiento de un experto. Pero los vas a adquirir. Tarde o temprano eso ocurre. Porque no te vas a conformar con quedarte en la superficie, vas a querer saber más y más. Así se forman los expertos.
9. Rindes mucho más: Si disfrutas con ello y estás motivado (cosas que ya hemos visto van a ocurrir), tu rendimiento va a ser muy alto. Una vez que llegas al nivel de experto, tu nivel es tremendamente alto. Y eso ocurre mucho antes de lo que imaginas.
10. De una forma u otra lo haces funcionar económicamente. Esto es algo a tener en cuenta, ya que es uno de los principales argumentos con el que te presiona el entorno para que no estudies determinada cosa que te gusta. “Es que eso no tiene salida laboral”, “no estudies eso porque no hay trabajo para ello”. No importa si, por ejemplo, quieres estudiar una carrera universitaria para la que apenas hay ofertas de trabajo en este momento. Si de verdad es tu pasión, disfrutas con ella, eres feliz aprendiendo lo que te enseñan, es cuestión de tiempo y una cierta dosis de creatividad que aprendas a sacarle el partido económico.




jueves, 20 de septiembre de 2012

Valencia y las clásicas

A más de uno le puede parecer una paradoja: y lo es.

En Valencia (en toda la Comunidad) se ha ido construyendo, a base de años, dedicación, esfuerzo e ilusión, un ambiente envidiable entre el profesorado de clásicas. Hace tiempo (¡ya más de cinco años!) lo comenté aquí mismo. Entonces le puse la etiqueta de "milagro valenciano", y me reafirmo en la expresión. En aquella entrada se recogían muchos blogs y webs que demostraban la vitalidad del profesorado en la aplicación de las nuevas tecnologías a la enseñanza de sus materias. Y hoy día, aún han crecido más.

Hago este preámbulo para contrastar esa realidad con lo que hoy en día son los estudios de Latín, Griego y Cultura Clásica, no solo de la enseñanza secundaria sino también en las universidades  valencianas. Porque me ha sorprendido desagradablemente el artículo aparecido ayer en el Quadern de El País, titulado Tu quoque, universitas? En él se dibuja un panorama desolador de la situación de las clásicas en Valencia. Por ejemplo, la desaparición del Latín de los estudios de Historia. ¿Dónde lo aprenderán los archiveros y los que estudian cualquier aspecto de la Edad Media? Parece que el Latín y el Griego han quedado reducidos a los estudios de Clásicas, con el consiguiente empobrecimiento del acervo cultural de los futuros graduados.

Y todo ello coexiste con una pujante presencia de las lenguas clásicas en internet. ¿No será éste el reducto para la pervivencia de esas lenguas? En un mundo cada vez más interconectado, quizá la presencia en la red sea el índice de valoración de un saber. Y quizá sea ahí donde los estudiosos puedan colmar las lagunas que les deja una universidad demasiado especializada, tecnicista y pragmática.
Pero ya es triste que haya de ser así...


martes, 10 de abril de 2012

El saber desinteresado

Replantear, recortar, reducir gastos, racionalizar el trabajo… Desde hace tiempo (demasiado  tiempo ya), estos términos están en nuestro vocabulario habitual. Ya sabemos en qué se traducen tales propuestas (… o imposiciones).

Quiero hoy referirme a un único aspecto de los llamados recortes que puede incidir negativamente –una vez más- en los estudios de humanidades clásicas, tanto a nivel de secundaria como a nivel universitario.
 Porque se viene hablando últimamente de suprimir estudios con poca matrícula (poca demanda, dicen). 
Se me ocurren algunas consideraciones sobre ello:

1. ¿Con qué criterio se ha de establecer si unos estudios pueden o no cursarse? ¿Basándose en una supuesta utilidad práctica? ¿Qué tipo de utilidad: el mercado de trabajo, el rendimiento económico? ¿Una planificación encorsetada que recuerde por desgracia los famosos ‘planes quinquenales’?
La equiparación de la universidad con el mercado de trabajo puede acabar siendo la ruina del conocimiento. Hay saberes que no tienen una utilidad práctica, pero que son necesarios. Como decía la filósofa y helenista francesa Bárbara Cassin: “las humanidades no sirven para nada en particular,pero pueden ser útiles para todo”.

No puede ser que el criterio económico-mercantil  sea el único a la hora de establecer qué estudios son buenos para la sociedad y cuáles no. Hay otros condicionantes –infinitamente más importantes- que deben tenerse en cuenta.

2. ¿Qué se entiende por poca demanda?  ¿Por qué hay pocos alumnos que desean estudiar Latín y Griego en el bachillerato –o en la universidad-?  ¿Alguien les ha informado objetivamente? ¿Ha habido una orientación veraz y neutral, o más bien eso se deja al albur del ambiente social que rodea al alumno?

Ya se sabe que las modas también afectan a la elección de estudios. Y el ambiente familiar. Y el social. Cuando un alumno se halla en la tesitura de enfocar su futuro, es muy necesaria una orientación adecuada, sobre todo, a las capacidades e intereses de ese alumno. ¿Existe una  orientación así? Cuántas veces un alumno escoge casi a ciegas, o movido por razones poco objetivas… ¿Le dejamos realmente al posible alumno de clásicas elegir con libertad, es decir, con conocimiento de causa, con apertura de miras y respetando su decisión? Al decir “dejamos”, me estoy refiriendo a la familia, a los profesores y al opresivo ambiente social que todo lo calibra en función de criterios economicistas.
Me pregunto ¿a cuántos profesionales de la filosofía, de la literatura, de la historia, de la ciencia, de la medicina… no les hubiera gustado tener unos conocimientos –siquiera elementales- de Griego para poder ir a las fuentes en sus materias?

Nunca serán las humanidades objeto de estudio por parte de las masas. Pero siempre lo han sido de las personas que han significado algo importante en el mundo. A este paso, los referentes sociales ¿serán unos grises y anodinos burócratas?

Porque, quizá nuestra sociedad está discriminando a unos alumnos -los de humanidades-, colgándoles la etiqueta de parásito social que debe justificar constantemente su existencia. 
Triste sociedad la que rehúye el saber desinteresado…

miércoles, 4 de abril de 2012

"El fado del profesor"

El último domingo de marzo, el profesor luso Gabriel Magahlâes publicó en La Vanguardia un artículo, sugerente como todos los suyos, que no me resisto a recoger en su integridad, aunque este post se alargue más de lo habitual. "El fado del profesor" viene a ser como una queja muy sentida del "analfabetismo que sabe leer y escribir, pero que ya no lee ni escribe".  Dejo al lector el juicio.

«Una tarde soleada. En una universidad lusitana, un profesor da la primera clase de literatura portuguesa a un nuevo grupo de alumnos. El maestro intenta calibrar los conocimientos de los jóvenes: “Díganme ustedes el nombre de un gran escritor ruso: el que quieran”. Silencio: trece silencios. Una chica más avispada, de mirada rutilante, se arriesga: “Alguien con un apellido terminado en oski…”. El profesor lo intenta otra vez:“¿Y el nombre de un gran escritor italiano?”. De nuevo, trece silencios. “¿Y un alemán?”. La chica aguda contesta: “¡Herman José!”. Herman José es un conocido humorista portugués: sale mucho en televisión y en las revistas. “Como a veces publica libros y su padre es alemán…”, explica la joven.
El profesor siente algo así como un mareo. Decide jugar por la otra banda. “Díganme ustedes el nombre de alguien que haya cambiado el mundo”. Respuesta explosiva: “¡Barack Obama!”. “Ese todavía no sabemos si ha cambiado algo”, comenta el maestro. La clase se alborota: “Entonces el otro, ¿cómo se llamaba? ¡Bush!”; “O el tío aquel de Iraq: ¡Sadam!”; “O el de Libia”. Una chica que se sienta en la última fila sugiere: “Adolf Hitler”. Se impone en el aula un silencio sorprendido: es como si se hubiese mencionado a Hammurabi.
El profesor, caminando entre los pupitres, observa a sus alumnos. Todos ellos son valiosísimos: cada uno tiene su misión en este mundo. Están llenos de virtudes, de posibilidades. Son horizontes humanos. La ignorancia que revelan no es culpa suya, sino sencillamente el resultado de un proceso social: con otras palabras, su ignorancia es nuestra ignorancia. Habrá que trabajar: clase a clase, intentar construir poco a poco un mínimo abecedario cultural. Todo se andará.
Ha estado recientemente en Barcelona, este profesor. Para dialogar con jóvenes universitarios catalanes: seres humanos del más alto quilate. Miradas entre soñadoras y chispeantes: de hecho, cada alumno es un hermoso paisaje. En los contactos que el profesor mantuvo con jóvenes pedagogos, gente activa, generosa e inteligente como Jordi Pujol  y José Quintano, se siente una gran preocupación ante la impresionante cabalgata de ignorancia que nos estamos
montando en Occidente y que afecta sobre todo a la juventud.

¿De dónde viene esta epidemia de un analfabetismo que sabe leer y escribir, pero que ya no lee ni escribe? En primer lugar, de la llamada sociedad de la imagen. Hace décadas, todo lo que era nuevo había que elogiarlo y la tarea del intelectual consistía en encontrar el modo más sutil de adular lo inédito. Por ello, se puso por las nubes a la sociedad visual. La del cine, de la televisión, de la publicidad. Hoy en día, hemos descubierto que una cultura que vive de imágenes jamás tendrá la misma potencia intelectual de una sociedad asentada en la alquimia de la palabra escrita.
En concreto, la televisión es más nefasta en el presente de lo que la Inquisición fue en tiempos pasados. Claro que hay excepciones, ciertos canales y programas, pero por lo general la caja que cambió el mundo provoca un vacío cultural asustador. No quema libros, sino el intelecto de las personas, lo que es peor. El cerebro de alguien que lee se transforma en una fuente;  el del que sólo contempla pasivamente destellos visuales, en un triste charco. La gloria de Occidente empezó con Gutenberg y terminó con la invención del mando a distancia para el televisor.
 Otro motivo de este desastre mental de la actualidad es el modo como nos hemos entregado a ese acelerador de partículas que es internet. Algo que ha transformado en un vértigo la marejada financiera del mundo, las contradanzas de la burocracia y el movimiento de los renacuajos del chismorreo.  Pero a la vida cultural no le ha dado más profundidad: sencillamente, todo se va convirtiendo en espuma. Y muchos jóvenes ya sólo se alimentan de palimpsestos informáticos. (Palimpsesto: Tablilla antigua en que se podía borrar lo escrito para volver a escribir)
Además, no se puede educar sin un claro horizonte de valores. ¿Cómo enseñar matemáticas a alguien sin el amor a la exacta verdad de las cosas? ¿Se puede hablar y escribir bien la propia lengua sin el sentido ético de la pulcritud? Las cosas que se enseñan a quien posee una estructura moral son como riachuelos que algún día llegarán a la mar. Por el contrario, los conocimientos que se transmiten a alguien sin formación ética tendrán tendencia a desgajarse: como esos libros mal encuadernados cuyas hojas se sueltan y se pierden.
El profesor vuelve a casa. Le apetecería musitar un fado: esa canción portuguesa desgarradora. Sobre todo porque sabe que, cuando llegue a su piso, su hija estará viendo la televisión. Habrá que sentarse en la alfombra, negociar la desconexión del monstruoso inquisidor de la vida moderna: empezar a leer con ella. Con tanta imagen, hemos regresado al tiempo de los jeroglíficos. Un poco más y cada uno de nosotros vivirá en su caverna informática dibujando bisontes con un lápiz virtual, de esos que sirven para firmar los recibos de las tarjetas de crédito.  En Portugal, casi no ha llovido este invierno: monotonías desérticas tras los cristales».

lunes, 19 de marzo de 2012

Más sobre Humanidades

Ya me perdonará el lector, pero vuelvo a tratar de las Humanidades. Porque resulta que, estando en época de notorias vacas flacas para los estudios de Latín y de Griego, sin embargo nunca se ha hablado tanto de los estudios clásicos.

De que las cosas andan mal, ya se vienen haciendo comentarios desde hace algunos decenios.
De 1997 es esta "Defensa de las Humanidades clásicas", que lleva por subtítulo Utinam hic scholam sic habeamus!  Y de hace pocos días es el artículo titulado "Los barnices". 

Un profesor de clásicas glosaba hace poco en su artículo "Intelectuales en su papel" un documento aparecido en Le Monde, hace poco más de un mes, titulado "En renonçant aux humanités classiques, la France renonce à son influence". El artículo venía firmado por quince escritores y filósofos franceses.

Hoy en día, entre los defensores de las Humanidades, quizá se lleva más comentar las excelencias de la cultura clásica y del papel que puede jugar en nuestra maltrecha sociedad. Por eso, los argumentos quizá han variado algo. Es más frecuente hablar de lo que las humanidades clásicas pueden aportar al hombre actual, o de los nuevos enfoques que deben darse a su estudio y, sobre todo, a su inserción en el mundo laboral, como propone este artículo titulado "Mercado y Humanidades clásicas".

Y nunca como ahora han surgido, y siguen surgiendo, iniciativas pioneras en el mundo de los estudios clásicos. Algunos ejemplos, no exhaustivos, de gran calado: La Saguntina Domus Baebia que, además, acogerá pronto una Academia europea de Cultura Clásica; el portal Chiron; los centenares de blogs clasicistas existentes y de páginas web de gran utilidad; otras iniciativas en Internet como The Digital Classicist o el portal CIRCE; la pervivencia y actualización de muchas sociedades de estudios clásicos (la SEEC, por ejemplo) y hasta el nacimiento de otras (APLEC, en Catalunya).

En tiempos de crisis, se suele agudizar el ingenio para hallar nuevas salidas que permitan una posición más holgada. Nuestras materias no son una excepción en ese panorama. Y, muchas veces, son las propias universidades las que publicitan sus estudios humanísticos. No hace mucho, una universidad privada de Catalunya, la UIC, anunciaba un programa de mecenazgo mediante el cual los alumnos de Humanidades y Estudios Culturales pagarían únicamente el 50% de la matrícula.

En definitiva: que las humanidades no sirven para nada en particular, pero pueden ser útiles para todo,  en palabras de Barbara Cassin, filósofa y helenista, publicadas en Le nouvel Economiste.


domingo, 29 de enero de 2012

A vueltas con las Humanidades

Hablar sobre el lugar de las Humanidades en nuestro sistema de valores es una discusión recurrente. Y si contemplamos su presencia en los planes de estudio (secundarios y universitarios), el asunto puede llegar a convertirse en lucha denodada.

La espada de Damocles sigue pendiendo sobre unos saberes que parecen sobrar en nuestro relativizado mundo (también universitario). Han surgido ya muchas voces en todo el mundo sobre la supresión de determinados estudios de poca demanda (todos sabemos a qué estudios se refieren cuando se habla en tales términos...).

La penúltima amenaza -que yo sepa- viene de los Estados Unidos. Pero también allí han surgido numerosas respuestas al anuncio de supresión, en la Universidad de Albany de los estudios humanísticos y clásicos, de lenguas italiana y francesa, entre otros.
La reacción no se hizo esperar: el 17 de febrero de 2011, la Academia Americana de Artes y Ciencias anunció la creación de una Comisión Nacional en pro de la enseñanza y la investigación en humanidades y ciencias sociales.

Uno de los profesores americanos más beligerantes en la defensa de las Humanidades es Stanley Fish, que escribe habitualmente en el blog Opinionator de The New York Times. Precisamente, una entrada suya del mes de junio se titula El Triunfo de las Humanidades, y constituye una original defensa de los estudios humanísticos. Con frecuencia Fish comenta que, si el criterio para seguir manteniendo departamentos de Humanidades lo constituyen la productividad, la eficiencia y la satisfacción, "olvidémonos de haber entendido qué son realmente esas disciplinas universitarias". Tampoco habremos entendido lo que es la Universidad, porque la equipararemos a una empresa o a una industria, generadoras de beneficios.

Otro profesor universitario, Matthew J. Milliner acudió también en defensa de la validez y oportunidad de los estudios humanísticos en un artículo titulado The Useless University, donde acude a argumentos de Sócrates (el saber ha de ser buscado en vista a la belleza y al bien) o de John Henry Newman desarrollando el pensamiento socrático en su idea de la universidad.

Acabo con una iniciativa que merece la pena conocer: la web 4humanities, de la Universidad canadiense de Alberta, dirigida a luchar por la validez de las Humanidades y a coordinar esfuerzos al respecto.

jueves, 7 de julio de 2011

Mercantilismo y educación

Hace tiempo que los criterios economicistas afectan, y mucho, al ámbito educativo. No me refiero, aunque también, al hecho de concebir la escuela como negocio; cuando esto ocurre, es lógico que todo se rija por la ley del mercado: hay que contentar al cliente, no se debe buscar la auténtica formación del alumno sino la eficacia, etc., etc.

Pero deseo poner el énfasis en la oferta educativa. Y lo hago, sobre todo, después de haber leído Adéu a la Universitat, el magnífico libro de Jordi Llovet, que ya reseñé brevemente aquí.

Hoy mismo, he sabido del acoso y derribo que parece sufrir la materia de Griego en la Comunitat Valenciana. Desgraciadamente, no es un caso único. Tampoco el Latín se salva en algunos sitios.

¿Por qué? Simple y llanamente, porque las lenguas clásicas no dan dinero: ¡tan sólo proporcionan cultura!
En su libro, Jordi Llovet hace una valiente defensa de los estudiantes de clásicas en la universidad, porque son de los pocos que se atreven a estudiar por vocación: ya saben que lo tendrán difícil para situarse en la vida...
En cambio, están llenas a rebosar las ingenierías, administración de empresas, etc. Las que tienen un futuro económico más halagüeño.

Cuando, con criterios exclusivamente económicos, se organizan los planes de estudio, suelen sufrir aquellas materias más escasas en demanda, que suelen coincidir con las del ámbito humanístico. Y la educación se convierte en un puro mercado.

Es evidente que no ha de ser mayoritaria la opción por las humanidades, pero su práctica desaparición del panorama universitario (y de la educación secundaria) produciría daños irreversibles durante mucho tiempo (que ya se empiezan a notar). ¿Qué referentes culturales tendrán los alumnos sin poder interpretar la mitología o la iconografía cristiana en un cuadro?  ¿Qué conocimiento tendrán de la historia para mejorar el mundo actual? Los ejemplos se podrían multiplicar, pero no creo que sea necesario.

Alguien se ha de dedicar a pensar con espíritu crítico, a valorar la Cultura (en mayúscula) en sí misma, a preservar y comunicar nuestro patrimonio de siglos... En definitiva, a contribuir a que los alumnos que se están formando sean más y mejores personas.

lunes, 27 de junio de 2011

El reencuentro

Tenía que haber sido hace ahora un año. No pudo ser y se trasladó a septiembre, antes de comenzar el curso universitario: tampoco. Ahora, por fin, hemos podido reunirnos. Fue la semana pasada cuando los alumnos de griego de hace un año y yo pudimos vernos durante unas horas.
Compartimos comida y, lo que es más importante, compartimos recuerdos, impresiones, ilusiones, proyectos...

Pudimos alegrarnos  porque todos han superado -bien o muy bien- su primer año universitario y se han reafirmado que su elección de estudios ha sido plenamente acertada.

Pude comprobar -y así se lo dije- que en un año sus planteamientos vitales han cambiado: se les han abierto horizontes nuevos, han adoptado posturas más abiertas y flexibles, ven la vida de una forma más madura.

Y por todo ello me siento satisfecho, como también se sienten ellos. Espero que haya más reencuentros de este tipo.

domingo, 19 de junio de 2011

Un libro inteligente y necesario

Acabo de leer Adéu a la Universitat. L'eclipsi de les humanitats, de Jordi Llovet, catedrático emérito de Literatura comparada de la Universidad de Barcelona. La primera parte del título tiene una doble lectura: el final de su actividad académica como profesor en activo, y la deriva de la universidad hacia categorías muy alejadas del Humanismo.


El libro de Jordi Llovet me parece una muy lúcida y, a la vez,  descarnada visión del lamentable estado en que se halla la educación universitaria (y no universitaria) actual. 
A la vez, es un alegato rotundo y valiente de la imprescindible presencia de las Humanidades en el mundo universitario.


He aquí algunos párrafos que considero interesantes (los he traducido al castellano), como éste sobre determinados convencionalismos en la literatura actual:


Cosa parecida es lo que pasará en la enseñanza de la literatura por culpa de lo que se denomina "políticamente correcto". Proliferarán los cursos sobre negros, indios, mujeres y gays en la literatura; estarán llenos a rebosar los seminarios sobre las masacres protagonizadas por los colonialistas; en los cursos vinculados con el cambio climático no cabrá ni un alfiler. Es enormemente problemático establecer qué lugar ocuparán, en un futuro no muy lejano, los cursos dedicados a la Divina Comedia, a la Crítica de la razón pura de Kant, al Fausto de Goethe o a las guerras de religión en Europa  (p. 88).


Citando a Zygmunt Bauman (Mundo-consumo. Ética del individuo en la aldea global. 2010) añade:


(... ) "de aquí que la "tiranía del momento" propia de la modernidad tardía, con su correspondiente exhortación al carpe diem (uno de los lugares comunes de la sabiduría latina peor entendidos y peor aplicados a nuestros días) esté sustituyendo de forma gradual, pero constante (y, quizá, imparable), a la tiranía premoderna de la eternidad, caaracterizada por el lema del memento mori".


Acerca de los estudios de Humanidades, hay fragmentos muy clarificadores:


...la segregación de las facultades de Letras, que llevó (...) a la desaparición de toda visión de conjunto en el estudio de las Humanidades y, por consiguiente, a la indigencia intelectual de todas y cada una de las facultades y licenciaturas segregadas: unas más que otras (p. 104).


Temo que la situación actual conducirá a un verdadero desbarajuste, un cataclismo, una tierra estéril. Se salvarán unos cuantos estudiantes con una enorme vocación -como los de Filología Clásica, ya lo he dicho, que ni se paran a pensar en cómo se ganarán la vida el día de mañana(...)-; pero la mayor parte saldrá de las aulas con unos conocimientos pequeños: serán hombres y mujeres aptos sólo para ir tirando en el mercado laboral, y poca cosa más (p. 130).


O sobre el mercantilismo y el olvido de la inteligencia, hablando del Plan Bolonia (que el autor critica duramente):


Todo está pensado desde la órbita de la política de inserción y de rentabilidad económica propia de las sociedades neoliberales, en detrimento de lo que más molesta a esas sociedades: el uso indiscriminado y libre de la inteligencia, la crítica y la disensión intelectual (p. 182).


La publicación de su obra ha provocado un alud de comentarios, entrevistas al autor, y opiniones casi siempre muy positivas (supongo que muchos de sus colegas docentes  universitarios no estarán de acuerdo...). Por su originalidad, valentía e independencia de juicio, nada mejor que acometer su lectura (espero que pronto se traduzca al castellano): pocas veces me he atrevido a recomendar tan vivamente un libro como éste.


ADDENDA.  
He recibido un correo de Jordi Llovet, en respuesta a otro mío. Creo que vale la pena reproducir sus últimas palabras: 
...me congratula haber dado satisfacción a muchos enseñantes universitarios y de secundaria (éstos son lo mejor  que hay en el mundo de la enseñanza en Catalunya).