lunes, 31 de marzo de 2014

Cuatro años después

Hace casi cuatro años,  mis cinco últimos alumnos de Griego y yo nos reunimos un buen día para comer, cuando acababan de comenzar su primer curso universitario.
Hace pocos días, a punto de terminar ellos su carrera, nos hemos vuelto a reunir, también para comer.
Hemos pasado dos horas estupendas, de conversación amigable y fluida. Se notaba en las caras que todos estábamos a gusto.
Les he pedido permiso para escribir aquí sobre ello (también para publicar la foto).


Durante ese rato, y al hilo de la charla, se me fueron viniendo a la mente algunas ideas que deseo dejar ahora por escrito:


-Cuatro años producen cambios en las personas, y más si son jóvenes. Pude comprobar que, en este caso, los cambios han sido para bien.

-Uno de esos cambios, quizá el más significativo, es la madurez adquirida en este tiempo: claridad en las ideas, criterio propio en diversos temas, espontaneidad en exponer opiniones, responsabilidad acrecentada... He notado un plus de personalidad muy apreciable, lo que me ha llenado de satisfacción.

-Es bonito (y creo que deseable) que, entre profesor y alumnos, se pueda crear una relación verdaderamente cordial que, con el tiempo, llegue a ser de sincera amistad.

-Uno de los asistentes ha comentado luego por escrito:  Hoy es uno de los días en que pienso lo afortunado que fui al escoger Griego y Latín en mi vida. En definitiva, un placer enorme compartir momentos con todos vosotros.

-Estas son las cosas que hacen grande nuestra profesión. Creo que merece la pena pasar momentos difíciles si la recompensa es esa.


3 comentarios:

Ana Ovando dijo...

Eres afortunado, Luis, por vivir esas experiencias. Afortunados somos también los que te leemos, porque nos contagias una parte de tu vivencia.
Coincido contigo, es un privilegio nuestra profesión, ser testigo de la evolución y crecimiento de los jóvenes es algo muy especial. Que reconozcan el valor de lo que un día les transmitiste, es un lujo. Que te recuerden como hacen contigo, es una muestra de lo buen docente que eres, porque aunque no vayas al instituto, sigues teniendo discípulos, entre los que me incluyo.
Gracias por subirnos el ánimo, compañero.

Luis Inclán dijo...

Gracias por tus palabras, Ana.
Pero lo que yo hago, lo hacen también -y mejor- muchos colegas. Tú lo sabes. A veces pienso que, además ser un privilegio la profesión, también lo es tener a unos alumnos en concreto. Es lo que pasa en este caso...
¡Hasta el sábado!

Miquel dijo...

No podría estar más de acuerdo en todas tus palabras. Como a veces he dicho, es y será siempre un placer tener el Latín y el Griego en mi vida, y además, apuesto que mis compañeros piensan lo mismo. Fue un período de tiempo increíble, donde gracias a un magnífico profesor, pudimos entender otra forma completamente distinta de percepción del mundo, añadiendo a nuestros conocimientos un mar de cultura que siempre nos acompañará. Por todo ello Luís, se me agotan las palabras de agradecimiento hacia tu persona, simplemente, como ya dije en anteriores ocasiones, fue un lujo tenerte como profesor y es algo indescriptible el hecho de tenerte como amigo. Gracias por todo. Miquel.