jueves, 1 de diciembre de 2016

"El pseudopedagogo moderno"

A veces, ideas que te rondan por la cabeza, y que querrías expresar por escrito, pero no lo haces, las ves plasmadas en papel -o en la pantalla de ordenador- por alguien que lo expone mucho mejor que tú.  

Es el caso del artículo "El vestido nuevo dels pseudopedagogo moderno" (título y texto en catalán; la traducción al castellano es mía). En él, el profesor de Literatura de la Universitat Autònoma de Barcelona Jaume Aulet, desenmascara todas las trampas que la pseudopedagogía ha ido poniendo en el camino de la educación. 

El artículo es largo, y animo a su lectura a quienes entiendan mínimamente el catalán. Para los demás, escojo unos pocos párrafos traducidos:
Una de las cosas que he aprendido con el tiempo es que dar clase de literatura (o de cualquier otra materia) es, en el fondo, algo muy sencillo. Quiero decir que no hacen falta grandes recursos, ni grandes divagaciones de fondo sobre competencias y grados de aprendizaje. Lo que hace falta, por encima de todo, es un buen maestro capaz de hechizar a los alumnos. Todas las teorías pedagógicas, materiales docentes, recursos tecnológicos, aplicaciones informáticas, etc., son útiles precisamente porque pueden complementar el trabajo de este maestro en determinados momentos concretos. Pero no hay nada, nada de nada, que sea tan poderoso como su palabra y la de los escritores que se estudian.
Con el paso de los años he ido observando con asombro creciente como, con la apariencia de la Innovación Docente, se apodera de nuestro trabajo una serie de profesionales de las Ciencias de la Educación (algún día se darán cuenta que la Educación no es una Ciencia, sino que es algo mucho más importante, y todos juntos respiraremos tranquilos) que, después de haber medio desmantelado la enseñanza secundaria, ya hace un tiempo que han accedido -juraría que con propósitos similares- a la enseñanza universitaria. Por eso ahora, en vez de dar clase, se ve que hacemos «actividad docente con apoyo presencial», que el «profesorado» «imparte» al «alumnado». Asimismo, ahora aquellos programas de la asignatura han pasado a ser «guías docentes» rellenas de una enumeración interminable de «competencias» (que pueden ser «básicas», «específicas« o «transversales»), cada una de ellas con un código diferente, el cual debe hacerse casar con los correspondientes códigos de un apartado sobre «resultados del aprendizaje» y con un conjunto de «actividades formativas» («dirigidas», «supervisadas" o "autónomas»), las cuales también están convenientemente codificadas...
Por suerte, como todo es tan complicado, la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) -es de agradecer- nos facilita el trabajo. Para ello ha creado una Oficina de Calidad Docente (OQD) que, a su vez, ha establecido una Unidad de Formación e Innovación Docente (UFIDA). Hace pocos días recibí un correo en el que me hacía saber, literalmente, que "La Unidad de Formación e Innovación Docente de la Oficina de Calidad Docente (OQD), (...) inicia una nueva edición del Plan de Formación Docente: Formación permanente y Formación para noveles (Programa FDES)».  De entre los numerosos cursos previstos en la «oferta formativa», ahora no sé si apuntarme al de «Cómo convertir nuestras actividades de enseñanza y evaluación en problemas competenciales, auténticos y profesionalizadores», el de «Dirección TFG / TFM en emprendimiento en TIC », el de «Rúbricas para evaluar competencias», el de «la importancia del feedback y el feedforward en la evaluación de las competencias de los estudiantes», el de «Introducción a la Gamificación para la Educación superior», el de «Identidad docente e Incidentes críticos», el de «la Guía docente como herramienta clave en la planificación docente y el aseguramiento de la calidad»o el de «Emprender y enseñar: Técnicas de emprendimiento a el aula».
Y es que llega un momento en que la paciencia se acaba y hay que empezar a decir las cosas por su nombre. ¡Basta ya de tanta sensatez fingida y de tanta resignación paciente! Si la pseudopedagogía moderna se pasea desnuda, como el emperador del cuento, alguien debería advertirlo. Habría que pararlo, todo ello, antes de que la enseñanza universitaria se vaya al traste. Y luego, habría que volver atrás hacia la secundaria, donde el cáncer -desgraciadamente- está ya mucho más extendido.
Ahora que hablamos tanto de desobediencia, quizás es el momento de ejercerla y de plantarnos para reivindicar un cambio de orientación, para redescubrir los valores más sencillos y nítidos de lo que es la Educación. Aunque alguna facultad universitaria deba plantearse un cambio de nombre o una pila de gestores y de burócratas se queden en la calle (o tengan que volver a las aulas a hacer el esfuerzo de enseñar algo). Estoy convencido de que nuestros alumnos nos lo agradecerían. Y nuestros maestros, aquellos que nos han ayudado a formarnos, también.

Vuelvo a recomendar vivamente la lectura del artículo entero, que se puede hacer aquí.


martes, 11 de octubre de 2016

Jacqueline de Romilly

No es la primera vez que la ilustre helenista francesa se asoma a este blog. Y muchas más que debería aparecer, porque sus agudas observaciones merecen ser escuchadas una y otra vez.

Ahora, que la enseñanza del griego vuelve a retroceder -por enésima vez, y ya no sé cuantas...- me encontré hace pocos días con unas frases de Romilly, procedentes de una larga entrevista del año 2008, justo dos antes de su fallecimiento. Son palabras que sirvieron en su momento, y que sirven ahora, más que nunca.  Las copio sin más comentarios.


- ¿Lo malo que encuentro? muchas cosas… Naturalmente, lo peor que veo, y nadie me seguirá para catalogarla en el primer lugar, es la crisis de la enseñanza del griego; pero pienso que la crisis de la enseñanza del griego esconde un mal mucho más profundo: la crisis de la enseñanza literaria en general, de la lectura de las grandes obras, del retorno a las grandes obras, del sentimiento de la belleza, de la emoción, de la herencia que se recibe por
intermedio de la literatura. Pero eso va mucho más lejos, porque esta crisis refleja la crisis del pensamiento, de la sensibilidad. Esto me impresiona mucho, yo vivo en contacto con la ciudad griega, que naturalmente fue una pequeña sociedad. Esto es conocido, pero donde la gente tenía el sentido de la solidaridad, del bien común, la ciudad eran ellos, y ellos se sentían orgullosos y no  revindicaban tal o cual libertad con respecto a la ciudad,  sino gracias a la ciudad... ahora me parece terrible que eso haya desaparecido. 
 -Le voy a decir una cosa, la verdad: me considero muy pesimista, pero cada vez que hablo en una conferencia, o ante alumnos, en cualquier parte, me dicen: ¡ah cómo es usted de optimista! y sin embargo digo lo que pienso…esto quiere decir que encuentro la situación actual inquietante y llena de peligros; sin embargo, sigo confiada en las posibilidades humanas de empezar de nuevo, de erguirse; con la ayuda del pasado inventar algo mejor…el arranque es siempre posible y algunas veces llega muy rápido.

viernes, 2 de septiembre de 2016

La senda de las Humanidades

Aunque uno se haya jubilado ya hace un tiempo,  cuando llega septiembre no puede evitar un sentimiento, por un lado, de complicidad con los compañeros que siguen al pie del cañón; y, por otro, de una cierta añoranza de las aulas: más que de las aulas, de su contenido, los alumnos.
Todo ello se manifiesta en una atención especial a lo que los medios nos ofrecen alrededor del comienzo de curso y cuestiones colaterales.
Y esa atención se dispara cuando aparecen noticias referentes a las humanidades.

Tal es el caso de lo ocurrido hace unas fechas –el día de san Agustín, para mayor coincidencia-: leí en “La Vanguardia” un articulo que hablaba de unos cuantos alumnos universitarios que, teniendo notas de acceso muy brillantes, habían optado por cursar el grado de Filosofía. Algo así, también sucede con cierta frecuencia en buenos alumnos que cursan Filología Clásica.


Parece que ese es el caso –el de Filosofía- de una cuarta parte de los alumnos que se matriculan en ese grado cada año en la Universitat de Barcelona: estudiantes con nota superior a 12 puntos en las PAU. Eso ha dicho el decano de esa Facultad. Y, sobre esos alumnos, comenta: su rol es fundamental en la sociedad. Son personas capacitadas, competentes, que han apostado por el conocimiento crítico y reflexivo de una forma generosa y pura.
Y acaba añadiendo: Nos equivocamos al creer que la universidad debe formar para trabajar. No es así, o, en todo caso, no sólo es eso.


Es interesante  el razonamiento de Paula (12 puntos como nota de acceso a la universidad) y que cursarà este año Humanidades:  Me ha costado tomar la decisión porque cada vez que lo decía en voz alta alguien me desanimaba. La gente que me rodea me pregunta: ‘Y después, ¿qué?’. Pero una vez he admitido que esto es lo que me gusta, ya no dudo. Y añade su interès por profundizar en el arte:  Una obra requiere el contexto filosófico, histórico, literario... quiero conocerlos todos. Me regalo estos cuatro años para disfrutar.

Un profesor emérito de Física de la Universidad de Granada (Eduardo Battaner), ha publicado hace poco un ensayo con este titulo:  Los pecados de dos grandes físicos. Los dos grandes físicos son Newton y Einstein . Sus “pecados”, los va desgranando a lo largo de su obra, pero uno de ellos puede ser el que cita refiriéndose a la falsa oposición ciencia-humanidades: la separación entre ciencias y humanidades es artificial y nociva; tanto Newton como Einstein tenían una gran preparación filosófica; eran pensadores antes que físicos;  se encaramaron a la rama de la física trepando por el tronco de la filosofía.

El tema de la elección de estudios humanísticos da para más. Será cosa de otro día.


jueves, 25 de agosto de 2016

Fin del verano: comienzo de curso

Faltan pocos días para que los medios de comunicación empiecen a hablar del comienzo del curso escolar, y cada año son recurrentes los mismos argumentos:

-referencias a los módulos de aulas prefabricadas, porque aún no se han construido los edificios correspondientes.
-Números y porcentajes de alumnos matriculados, crecimiento o mengua del alumnado en los diversos niveles.
-Las condiciones materiales de los centros, dotación de instrumentos educativos... 
-La carestía de los libros y el negocio que arrastra. Su conveniencia -la de los libros- o su sustitución por tablets u otros elementos similares.
-Plazas de profesores cubiertas y las que aún están vacantes a poco del inicio del curso.
-La cansina -y, a veces, intencionada- confrontación entre lo público y lo privado.
-etc., etc., etc.

Pocas -o casi ninguna- referencias a proyectos en pro de la calidad de la educación; ausencia de comentarios sobre el papel educador de la familia; escasas consideraciones sobre la figura del profesor como elemento imprescindible en la configuración de la personalidad del alumno.

Por eso, cuando se oyen, o se leen, cosas sensatas en su sencillez, uno presiente que aún quedan esperanzas de que la enseñanza tome los derroteros que no debía haber abandonado. Porque hay cosas que bien abandonadas están (todos las tenemos en la mente). Pero hay otras que en mala hora dejamos perderse.

El texto que pongo a continuación, no sé si es reciente o no, pero es igual: sigue siendo válido, y ahora quizá más que hace años.


miércoles, 22 de junio de 2016

Sir Thomas More

Santo Tomás Moro (1478-1535) fue un político, teólogo, humanista, escritor, traductor, abogado y lord Canciller de Enrique VIII. Fue una de las figuras cumbre del humanismo renacentista europeo. La Iglesia Católica celebra hoy -22 de junio- su fiesta.

En Oxford, cursó estudios de humanidades, para pasar después a estudiar Derecho.


Como político, fue administrador de legados, tesorero de Hacienda, speaker de la Cámara de los Comunes, y sucedió a Wolsey en el puesto de canciller.

En 1534, al no reconocer al rey como jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra, es hecho prisionero y encarcelado en la torre de Londres. Acusado de alta traición, fue considerado culpable y, después de un año de prisión, decapitado el 6 de julio de 1535.

Fue amigo de Erasmo de Rotterdam, de Juan Luis Vives, de Guillaume Budé, y de otros humanistas de la época, con los que mantuvo una abundante correspondencia. También hizo traducciones de Lucano.

Su obra más famosa es de 1516: De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae, conocida simplemente como Utopía. En ella, entre otros temas, trata Moro cuestiones de educación moral, estética, política y religiosa.

El 31 de Octubre de 2000, a petición de varios jefes de gobierno y de estado, fue declarado por Juan Pablo II, Patrono de los Gobernantes y de los Políticos.