miércoles, 27 de enero de 2016

Chiron se gestó hace diez años

Justo hoy, hace diez años que Carlos Cabanillas lanzó una idea a la red: la de aglutinar en una página web todo el caudal de recursos que internet nos ofrecía ya sobre el mundo clásico y sus lenguas. Carlos partió de las ideas contenidas en un trabajo de Sebastià Giralt sobre los estudios clásicos e internet en la educación secundaria. Y así se gestó Chiron.

Si diez años no son gran cosa, en el mundo de las nuevas tecnologías es una eternidad. Cuando, por fin, Chiron vio la luz, en este blog -y en otros-, se recogía esta frase: 

"La página de Chiron está realizada por y para profesores de lenguas clásicas interesados en el uso de las nuevas tecnologías en el aula, convencidos de que el conocimiento crece a medida que se comparte. Por eso, los contenidos de este nuevo sitio aumentan con la participación de todos y todos nos beneficiamos de ello".

Y así ha sido durante estos diez años: centenares de profesores -unos conocidos, la mayoría anónimos- compartiendo materiales para el mutuo enriquecimiento y el bien de la educación.

En esta ocasión, creo de justicia mostrar nuestro agradecimiento a Sebastià y a Carlos, los verdaderos progenitores de Chiron.  Dentro de ocho meses justos -el 27 de septiembre- festejaremos el décimo aniversario del alumbramiento de una criatura que ha proporcionado una nueva dimensión a nuestra tarea educativa. Habrá que preparar el aniversario...


lunes, 18 de enero de 2016

¿Se ha instalado la educación en la mediocridad?

A casi nadie se le escapa que los vaivenes de los planes de estudio, sea cual sea el color del gobierno de turno, solo producen deterioro. Y que los alumnos acaban pagando los desaguisados.
Es cierto que conocimientos, hasta hace poco incuestionables, se ven ahora postergados y condenados al olvido.
Es cierto que, sobre todo en la enseñanza secundaria obligatoria, los profesores parece que tienen suficiente con controlar el orden en clase.

Todo eso es verdad, pero ¿qué acaba produciendo una situación así? A mi modo de ver, una estado de progresiva mediocridad. Mediocridad en la enseñanza, que se manifiesta luego en mediocridad social y en mediocridad política.


Muchas veces, parece que no valoramos la trascendencia que tiene la educación en la sociedad. Y así nos va. Una educación que se olvida de cultivar el pensamiento, la visión crítica, la reflexión... solo puede producir, mayoritariamente, ciudadanos mediocres. Quizá sea eso lo que desean los poderes.

En el fondo, ese era el pensamiento de un sociólogo y pensador argentino de hace un siglo (José Ingenieros). De su libro El hombre mediocre (1913), es esta descripción de tal tipo de personas:


La falta de personalidad hace, a estos, incapaces de iniciativa y de resistencia. Desfilan inadvertidos, sin aprender ni enseñar, diluyendo en tedio su insipidez, vegetando en la sociedad que ignora su existencia: ceros a la izquierda que nada califican y para nada cuentan. Su falta de robustez moral háceles ceder a la más leve presión, sufrir todas las influencias, alta y bajas, grandes y pequeñas, transitoriamente arrastrados a la altura por el más leve céfiro o revolcados por la ola menuda de un arroyuelo. Barcos de amplio velamen, pero sin timón, no saben adivinar su propia ruta: ignoran si irán a varar en una playa arenosa o a quedarse estrellados contra un escollo.   (pág. 32)

 Dura opinión, pero real y lúcida. Como lo que refleja unas páginas más allá:
El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la domesticidad. (pág. 39).
¿Por qué no se ha planteado una verdadera lucha contra la mediocridad? Si no hay mala intención, únicamente veo un motivo, como decía Chesterton:
La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta.
Realmente, es una pena...

lunes, 28 de diciembre de 2015

Una luz al final del túnel

Llevamos muchos años de túnel tenebroso: a cada plan de estudios, los docentes de clásicas hemos cruzado los dedos sospechando un nuevo desaguisado. Y así era. Hasta llegar al Latín optativo y al Griego residual.


Pero, como al mal tiempo hay que poner buena cara, la hueste clásica se puso a innovar: que no se diga que enseñamos "lenguas muertas"... Y aparecieron aplicaciones de las nuevas tecnologías; y la enseñanza del Latín y del Griego como lenguas vivas; y certámenes de teatro clásico; y los "Ludi Saguntini"; y ese prodigio didáctico denominado "Saguntina Domus Baebia"; y surgió Chiron, como acompañante amigo de todos nosotros; y Jornadas, y Congresos, y un largo etcétera.

Ya casi nos habíamos acostumbrado a remar solos, a olvidarnos de quienes perpetran planes de estudio, y a tirar por el camino de en medio.

Pero resulta, ¡oh prodigio! que se ha producido un quasi-milagro: publicado en letra pequeña, y ocultado por las luces navideñas, acaba de aparecer la noticia de que -¡por fin!- el Latín regresará a su lugar de privilegio en el currículum del bachillerato, y las humanidades recibirán un empuje, porque sin ellas no hay ciudadanía consciente y comprometida. Y el Griego... bueno, el Griego se desdoblará y aparecerá una materia etimológica que deberán cursar los alumnos de Ciencias de la Salud (al fin, sabrán qué es un analgésico o un hematoma).

¿Verdad que el panorama, lejos de ensombrecerse de nuevo, adquiere tonos claros y luminosidad?  Lástima que hoy sea 28 de diciembre...   Pero ¡algún día se hará la luz!


lunes, 7 de diciembre de 2015

¡Hay que cuidar el rescoldo!


"La educación sin las humanidades pierde mucho 
en su labor contra la desigualdad"
La frase es de José Luis Pardo, catedrático de Filosofía de la Universidad  Complutense, y aparecía en dia 2 de este diciembre en el diario digital La Opinión de Málaga.  
Una afirmación, que deberían hacerla propia muchos que tienen en sus manos mejorar la educación y que, en cambio no han hecho otra cosa que deteriorarla hasta extremos inconcebibles, desde hace ya demasiados años.

Si, tradicionalmente,  el Latín y el Griego han sido los parias que han pagado las consecuencias de los tijeretazos, ahora le toca el torno a la Filosofía que, si nadie lo remedia, quedará seriamente amputada en el bachillerato.

Nunca ha sido más verdad lo de clamar en el desierto: a las frecuentes voces de aviso, se ha sucedido la sordera más evidente, porque nunca hay nadie al otro lado de la línea...

Estos últimos días han aparecido unas declaracions de Fabiola Giannoti, una eminencia de la Física, y próxima directora general del CERN, que no tienen desperdicio. Quien esté interesado, puede leerlas con calma aquí. Sin embargo, no me resisto a copiar un párrafo:
Soy ferviente partidaria de una amplia educación y de una amplia cultura. Yo soy física, pero fui educada en humanidades y lo aprecio muchísimo. No cambiaría mi educación; si volviera atrás, estudiaría lo mismo (que tampoco fue mérito mío, sino que mis padres me animaron a tener esa educación). Aunque después decidiera estudiar Física, valoro en la misma medida los estudios de música o humanidades, que me dieron cultura y contribuyeron tanto como la física a lo que soy hoy. Es muy importante una educación cuánto más amplia mejor y no especializarse demasiado pronto, porque ya habrá tiempo. Mejor que los estudiantes adquieran primero unos amplios fundamentos. 
No es la primera vez que un eminente científico sale en defensa de la educación humanística, pero sigue sin haber respuesta. Lo triste del caso, es que no parece que la pueda haber a corto plazo: los poderes (políticos, económicos, educativos...) no tienen otro objetivo que la decapitación de cuanto no sea útil, según sus estrechos criterios. Y eso, no parece que vaya a cambiar de un día para otro. Como dice Ignacio García de Leániz en El Mundo digital del pasado día 3:
(...) la universidad se está convirtiendo en Europa -no digamos en España- en una gigantesca y hueca Escuela Técnica o antigua Escuela Laboral que se asemeja a esa caverna de Platón a cuya entrada los jóvenes prisioneros leen ahora un letrero que reza: "En nombre de la sacrosanta utilidad". A los cuales se les ha privado previamente, con la expulsión de la Filosofía en nuestro bachillerato, del derecho a saber que estamos en 'una caverna' y, por tanto, de decidir o no llevar una vida humana.
(...) Pero es que, además, los problemas más acuciantes hoy nos remiten a preguntas y respuestas que habrían de ser formuladas desde los saberes liberales, entre los que se encuentran también el conocimiento ético y moral sin perder de vista que nuestra vida es ante todo vida humana y sus grandes cuestiones son por ello atécnicas. De ahí que nuestro gran problema no es que carezcamos de respuestas para tales interrogantes, sino que el agonizar mismo del discurso humanista nos impide siquiera hacernos tales preguntas.
 El articulo completo, se puede leer aquí.

Ayer mismo vi, en el diario digital Sur, una categórica frase, pronunciada por una profesora de Latín (Ana Clara Roldán), que sin duda comparto:
«La ignorancia y el desprecio a la cultura nos hace peores».

¿Qué toca, mientras tanto -mientras duren los nubarrones-, a los docentes? Pues salvar lo salvable, que no es poco: la dedicación a los alumnos, llevar adelante las innovaciones que se puedan, colaborar con otros colegas para hacer más digerible la espera de tiempos mejores (¡qué instrumento más útil sigue siendo Chiron!),  no perder la esperanza... No sé si algunos lo veremos, pero las Humanidades renacerán: ¡hay que cuidar el rescoldo!


viernes, 13 de noviembre de 2015

¿Por qué Grecia?

Últimamente, me estoy dedicando bastante a las relecturas. Ahora, acabo de revisitar Por qué Grecia, de Jacqueline de Romilly, un gran ensayo sobre el legado helénico.

El lúcido análisis de la realidad griega clásica, lo escribió Romilly cuando tenía casi 80 años. En España se publicó en 1997. Nada puede compararse a la lectura del libro pero, por si sirve para animar a alguien, me permito hacer un resumen de su contenido.

Comienza Por qué Grecia por Homero: ahí tienen su papel las relaciones entre los dioses y los hombres.
El segundo capítulo lo dedica a Píndaro y al hombre, que ocupa lugar preponderante frente a los dioses.
El tercero y el cuarto, están destinado a glosar la primera democracia del mundo, la igualdad entre los ciudadanos y la importancia de la oratoria.
La historia ocupa el capítulo quinto, con un estudio muy atinado de las características de Heródoto y de Tucídides.
El sexto y el séptimo se dedican a la tragedia, de su origen en algunos mitos, de sus ansias de universalidad y de la importancia del coro.
La obra acaba, en el capítulo octavo, con la filosofía de Sócrates y de Platón, y la relación del saber con la tragedia.

Hay una preocupación, latente a lo largo de toda la argumentación, por mostrar al hombre como eje del pensamiento griego, y por la tendencia constante a la universalidad, que es lo que hace de Grecia la cuna de "lo clásico".  Y, a mi modo de ver, el punto álgido de Por qué Grecia se halla en el original estudio de la tragedia que nos ofrece Romilly.

Ni que decir tiene que se trata de una obra altamente recomendable para cualquier amante de lo clásico, y que debería ser de lectura obligatoria para todo estudiante del ámbito humanístico. Por mucho que algunos la tachen de un tanto chauvinista.

Hace unos pocos años, otro helenista tan enamorado de Grecia como Romilly, Pedro Olalla, nos regaló una conferencia en Sagunt, que llevaba el mismo título. No creo que sea pura coincidencia. Disfrutar ahora del documento audiovisual con que Pedro acompañó aquella conferencia, puede servir como complemento a la enriquecedora lectura del valioso ensayo de Jacqueline de Romilly.