Ni buscada a propósito. La polvareda que ha levantado el señor José Ignacio Wert con su ley de educación (LOMCE) no hubiera sido igual aunque estuviera planeada de antemano. Raras veces un político ha logrado poner tan de acuerdo en su contra a casi todos. Alimento constante para los columnistas de periódicos, inspiración para humoristas, diana de críticas de profesores y de estudiantes... Y, ahora, hasta enmienda de los organismos europeos con el asunto de las becas Erasmus. Nadie, repito, había logrado concitar tal unanimidad.
Por lo que a las materias clásicas se refiere, hay alguna de cal y otras de arena. Hubo en su momento iniciativas diversas en defensa de nuestros estudios, como se puede leer en esta página de culturaclasica.com, que dieron sus buenos resultados en forma de enmiendas y retoques.
El penúltimo acontecimiento -porque quién sabe cuál será el último...- es el innecesario conflicto que se ha cocinado el señor Wert entre el Latín y las Matemáticas. Jamás he visto ni leído en ningún sitio que los defensores de las clásicas lo hayamos hecho en detrimento de otros saberes. Y, mucho menos, de las Matemáticas, como se puede ver en la carta que el Presidente de la SEEC, Jaime Siles, dirigió en su momento a la Presidenta de la Conferencia de Decanos de Econòmicas y Empresariales.
Es lógico, pues, que algunos alumnos hayan puesto el grito en el cielo y se hayan manifestado en defensa de las Matemáticas, como hoy mismo hemos podido comprobar. Porque parece que la ley situará como materia obligatoria en el bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales el Latín, mientras que las Matemáticas quedarán como optativas. Sin duda, un auténtico dislate.
¿Qué nos deparará la discusión de la ley en el Senado? Probablemente, veremos alguna otra salida de tono y motivos de chanza, pero no deja de ser muy triste que eso ocurra cuando se está jugando con algo muy serio.
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martes, 12 de noviembre de 2013
martes, 4 de mayo de 2010
Latín y matemáticas
Hace ya tiempo, leí en internet un artículo de la profesora norteamericana Cheryl Lowe, que me llamó poderosamente la atención, y en el que planteaba un paralelismo entre la metodología de las matemáticas y la del latín. Y llegaba a la conclusión de que ambas suponen el principal soporte educativo y formativo de los alumnos, eso sí: con el latín un peldaño por encima.
Tan sólo mostraré algún párrafo del artículo, que puede ser consultado entero aquí. Personalmente, me parece un discurso bien trabado y lleno de ideas sugerentes, aprovechables en muchos aspectos de la enseñanza.
Tan sólo mostraré algún párrafo del artículo, que puede ser consultado entero aquí. Personalmente, me parece un discurso bien trabado y lleno de ideas sugerentes, aprovechables en muchos aspectos de la enseñanza.
El latín desarrolla las facultades intelectuales como ninguna otra materia. (...)
La mejor manera de comprender el poder del latín es compararlo con algo que seguramente usted conoce: la matemática.
La matemática es un sistema organizado, lógico y acumulativo. En un estudio acumulativo, cada destreza se construye sobre la anterior; nada puede ser olvidado; todo debe ser recordado. Todos los conocimientos y las habilidades están interrelacionadas. El estudiante continúa construyendo la torre del conocimiento ladrillo a ladrillo, hasta que alcanza el más alto nivel de habilidad y conocimiento. (...)
Ahora bien, ¿qué tenemos en el lado del lenguaje en el currículo que sea comparable a ese balance de rigor, desafío, acumulación y formación que proporciona la matemática? Sin el latín, la respuesta es ‘nada’. (...)
La matemática es importante, pero es secundaria en comparación con la habilidad lingüística. De hecho, la matemática depende de la habilidad lingüística. El maestro de matemática enseña los conceptos con palabras, y los símbolos matemáticos se usan en lugar de palabras, de manera que pueden ser manejados más fácilmente en el papel. (...)
El latín proporciona este componente que falta en la educación moderna: el entrenamiento sistemático del lenguaje, comparable a la matemática en el otro lado del currículo. En casi todo lo que he dicho sobre la matemática, puede poner usted latín, pero no inglés, ciencias o historia.Es cierto que también tiene detractores esta teoría, pero dejo la discusión en manos de los posibles -y pacientes- lectores de esta entrada.
Ahora, y gracias a Sebastià, he podido leer el artículo de un catedrático de Matemáticas de la Politécnica de Madrid (Francesc Mitjavila) sobre ciencia y humanismo, que puede ser muy bien el complemento al que he traido hoy a colación. Pero eso será materia de otro post...
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Y aún dicen...
El título del famoso cuadro de Sorolla (Aún dicen que el pescado es caro) me parece adecuado, a modo de estribillo literario, para lo que voy a contar.Los tópicos malintencionados, a fuerza de repetirlos, pueden llegar a ser verdad, al menos para gentes poco dadas a la reflexión. Y uno de ellos, con el que los clásicos cargamos desde casi siempre, es el de la inutilidad de nuestras materias. Se suele entender 'inutilidad' en su sentido más amplio: para nuestros alumnos y su bagaje educativo, para la sociedad, etc., etc.
Hace pocos días, un joven profesor de matemáticas fue a cubrir una guardia, por ausencia de un colega, a la clase donde están mis alumnos de Latín y Griego de primero de bachillerato. Al cabo de un rato, entabló conversación (amigable al principio) con cuatro alumnas que se encontraban en primera fila. El diálogo siguió, más o menos, estos derroteros:
Profesor: O sea, que vosotras hacéis el bachillerato de Humanidades.Al cabo de poco rato, cuando llegó la hora de mi clase, el desahogo fue total (omito las adjetivaciones introducidas en el discurso...).
Alumnas: Sí.
Profesor: Y qué asignaturas tenéis.
Alumnas: (citan otras materias)... y Latín y Griego.
Profesor: ¡Ah! Esas que no sirven para nada...
Van pasando los días. En clase de Latín intento explicar el acusativo-complemento directo y la idea de verbo transitivo. Como veo caras de notable desconcierto, procedo a bajar a la arena de la lengua vernácula (catalán en este caso), para dar unas ideas que, me aseguran, no tenían nada claras. Al final, han entendido de qué se trata, y podrán aplicarlo, no solo en nuestras materias, sino también en Inglés, Castellano y Catalán.
¡Y aún dicen que el Latín y el Griego no sirven para nada!
Clase de Griego en segundo de bachillerato. A raíz de un texto, los comentarios llegan a la filosofía griega y, en concreto a Platón. Una alumna me pregunta por el mito de la caverna, y pasamos un buen rato en clase hablando del tema.
Dos días después, en el examen de Filosofía se les pregunta precisamente por el mito de la caverna: aún veo las caras de satisfacción de mis alumnos cuando me lo comentan...
¡Y aún dicen que el Latín y el Griego no sirven para nada!
Latín de cuarto de la ESO. En el texto de la lección aparece el vocablo calculus. Hablamos de los diversos 'cálculos': de 'los cálculos del riñón', del 'cálculo matemático'... Han puesto en relación la lengua madre con la biología, la aritmética, la medicina... Las buenas alumnas que han escogido Latín porque harán bachillerato científico y desean adquirir un vocabulario adecuado, ven justificada su elección.
¡Y aún dicen que el Latín y el Griego no sirven para nada!
Muchos colegas podrían poner ejemplos similares. Me he limitado a explicar unos casos que me han sucedido en las últimas tres semanas.
¡Ah! Que el profesor de la guardia citada fuese de Matemáticas, es una anécdota: habitualmente, he coincidido con ellos en que los mecanismos intelectuales que se ponen en práctica para el aprendizaje de esa ciencia son muy similares a los necesarios para estudiar Latín y Griego. Quizá nuestro profesor se cuenta entre el número de esos docentes que sienten la obligación de dejar claro que su materia viene a ser como el ónfalos de la sabiduría. Y luego suspenden a diestro y siniestro, no vaya a salir perjudicado el prestigio... Por cierto: ¿sabrán de dónde sale eso de a diestro y siniestro?
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