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miércoles, 10 de octubre de 2012

Ese no es el camino...


El tema me ha venido a la mente a raíz de una carta al director publicada hoy mismo en El País, y que comienza con este párrafo del preámbulo del anteproyecto de la LOMCE:

"La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país (...). Mejorar el nivel educativo de los ciudadanos supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global". 
Nunca había leído una definición  tan pobre, desoladora, mercantilista y desafortunada. Y los que no hemos logrado "conseguir ventajas competitivas en el mercado global" ¿somos unos desgraciados, frustrados y asociales?

Siempre me ha preocupado el sesgo economicista que ha ido tomando la educación, y con más celeridad en los tiempos que corren. Y por eso lo he reflejado en varias entradas (per ejemplo:  aquí, aquí o aquí).

Pero ahora no se trata solo de vilipendiar y ningunear estudios que no sirven para nada, sino que se lleva esa pseudofilosofía al terreno de la educación como concepto global. Hasta el punto de que algunas ramas del saber no merecen vivir...

Ese debe ser el punto de origen del progresivo desprestigio (a nivel político, por lo menos) de los estudios clásicos, patente en el ya tristemente famoso anteproyecto de la ley Wert.
Se han alzado ya, por suerte, muchas voces en defensa del humanismo y de la pervivencia del Latín y del Griego en nuestra enseñanza. Y no estará de más que hagamos un esfuerzo por multiplicar esas voces con nuestro apoyo. Por ejemplo, adhiriéndose y firmando la petición para que se cuente con las lenguas clásicas en la LOMCE (ahora mismo ya hay unas 4500 firmas, pero hacen falta más).

La formación de toda una generación de estudiantes depende de nuestro esfuerzo por preservarla de la barbarie y de la incultura.

martes, 10 de abril de 2012

El saber desinteresado

Replantear, recortar, reducir gastos, racionalizar el trabajo… Desde hace tiempo (demasiado  tiempo ya), estos términos están en nuestro vocabulario habitual. Ya sabemos en qué se traducen tales propuestas (… o imposiciones).

Quiero hoy referirme a un único aspecto de los llamados recortes que puede incidir negativamente –una vez más- en los estudios de humanidades clásicas, tanto a nivel de secundaria como a nivel universitario.
 Porque se viene hablando últimamente de suprimir estudios con poca matrícula (poca demanda, dicen). 
Se me ocurren algunas consideraciones sobre ello:

1. ¿Con qué criterio se ha de establecer si unos estudios pueden o no cursarse? ¿Basándose en una supuesta utilidad práctica? ¿Qué tipo de utilidad: el mercado de trabajo, el rendimiento económico? ¿Una planificación encorsetada que recuerde por desgracia los famosos ‘planes quinquenales’?
La equiparación de la universidad con el mercado de trabajo puede acabar siendo la ruina del conocimiento. Hay saberes que no tienen una utilidad práctica, pero que son necesarios. Como decía la filósofa y helenista francesa Bárbara Cassin: “las humanidades no sirven para nada en particular,pero pueden ser útiles para todo”.

No puede ser que el criterio económico-mercantil  sea el único a la hora de establecer qué estudios son buenos para la sociedad y cuáles no. Hay otros condicionantes –infinitamente más importantes- que deben tenerse en cuenta.

2. ¿Qué se entiende por poca demanda?  ¿Por qué hay pocos alumnos que desean estudiar Latín y Griego en el bachillerato –o en la universidad-?  ¿Alguien les ha informado objetivamente? ¿Ha habido una orientación veraz y neutral, o más bien eso se deja al albur del ambiente social que rodea al alumno?

Ya se sabe que las modas también afectan a la elección de estudios. Y el ambiente familiar. Y el social. Cuando un alumno se halla en la tesitura de enfocar su futuro, es muy necesaria una orientación adecuada, sobre todo, a las capacidades e intereses de ese alumno. ¿Existe una  orientación así? Cuántas veces un alumno escoge casi a ciegas, o movido por razones poco objetivas… ¿Le dejamos realmente al posible alumno de clásicas elegir con libertad, es decir, con conocimiento de causa, con apertura de miras y respetando su decisión? Al decir “dejamos”, me estoy refiriendo a la familia, a los profesores y al opresivo ambiente social que todo lo calibra en función de criterios economicistas.
Me pregunto ¿a cuántos profesionales de la filosofía, de la literatura, de la historia, de la ciencia, de la medicina… no les hubiera gustado tener unos conocimientos –siquiera elementales- de Griego para poder ir a las fuentes en sus materias?

Nunca serán las humanidades objeto de estudio por parte de las masas. Pero siempre lo han sido de las personas que han significado algo importante en el mundo. A este paso, los referentes sociales ¿serán unos grises y anodinos burócratas?

Porque, quizá nuestra sociedad está discriminando a unos alumnos -los de humanidades-, colgándoles la etiqueta de parásito social que debe justificar constantemente su existencia. 
Triste sociedad la que rehúye el saber desinteresado…

domingo, 29 de enero de 2012

A vueltas con las Humanidades

Hablar sobre el lugar de las Humanidades en nuestro sistema de valores es una discusión recurrente. Y si contemplamos su presencia en los planes de estudio (secundarios y universitarios), el asunto puede llegar a convertirse en lucha denodada.

La espada de Damocles sigue pendiendo sobre unos saberes que parecen sobrar en nuestro relativizado mundo (también universitario). Han surgido ya muchas voces en todo el mundo sobre la supresión de determinados estudios de poca demanda (todos sabemos a qué estudios se refieren cuando se habla en tales términos...).

La penúltima amenaza -que yo sepa- viene de los Estados Unidos. Pero también allí han surgido numerosas respuestas al anuncio de supresión, en la Universidad de Albany de los estudios humanísticos y clásicos, de lenguas italiana y francesa, entre otros.
La reacción no se hizo esperar: el 17 de febrero de 2011, la Academia Americana de Artes y Ciencias anunció la creación de una Comisión Nacional en pro de la enseñanza y la investigación en humanidades y ciencias sociales.

Uno de los profesores americanos más beligerantes en la defensa de las Humanidades es Stanley Fish, que escribe habitualmente en el blog Opinionator de The New York Times. Precisamente, una entrada suya del mes de junio se titula El Triunfo de las Humanidades, y constituye una original defensa de los estudios humanísticos. Con frecuencia Fish comenta que, si el criterio para seguir manteniendo departamentos de Humanidades lo constituyen la productividad, la eficiencia y la satisfacción, "olvidémonos de haber entendido qué son realmente esas disciplinas universitarias". Tampoco habremos entendido lo que es la Universidad, porque la equipararemos a una empresa o a una industria, generadoras de beneficios.

Otro profesor universitario, Matthew J. Milliner acudió también en defensa de la validez y oportunidad de los estudios humanísticos en un artículo titulado The Useless University, donde acude a argumentos de Sócrates (el saber ha de ser buscado en vista a la belleza y al bien) o de John Henry Newman desarrollando el pensamiento socrático en su idea de la universidad.

Acabo con una iniciativa que merece la pena conocer: la web 4humanities, de la Universidad canadiense de Alberta, dirigida a luchar por la validez de las Humanidades y a coordinar esfuerzos al respecto.

viernes, 11 de marzo de 2011

Mercado y Filología Clásica

A veces uno cree que ya lo ha visto y oído todo. Pero hay personajes que, de vez en cuando, nos asombran con su capacidad de producir despropósitos.
Gracias a Domingo, me entero de la publicación de una entrevista en el diario Ara al conseller de Sanitat de la Generalitat de Catalunya, y de la respuesta de un editor en el mismo diario.

El conseller no ha tenido mejor ocurrencia que decir esta lindeza (traduzco del catalán): Si quiere estudiar Filología Clásica por placer se lo pagará usted mismo.  Y añade lo que considera poderosa razón: El Estado debe facilitar las cosas a quien quiera estudiar por razones de mercado.  ¡Y se quedó tan ancho..!


Primero: ¿a qué viene un conseller de Sanidad a hablarnos de la Filología Clásica? Como si no tuviera otros quebraderos de cabeza (o debería tenerlos...). Ya se sabe que cuando uno habla de lo que desconoce suele patinar estrepitosamente.

Segundo: ahora resulta que la razón de mercado es el criterio último. Ya sé que para muchos eso es una especie de dogma social, pero ¿se han parado a pensar en todo lo que no obedece a una razón de mercado y que, por lo tanto, sobraría? La literatura, la música, en definitiva todas las artes; el legado cultural de siglos de humanidad...

Tercero: poner ante los alumnos esa mentalidad produciría personas mercantilistas, egoístas, incompatibles con cualquier asomo de altruísmo, de conciencia social o de simple amistad.

Por suerte, la ocurrencia ha venido del conseller de Sanidad y no de otras autoridades del mundo académico. Pero no deja de ser preocupante. Ya estábamos acostumbrados a pedir público perdón por nuestra rareza de dedicarnos al mundo clásico. Ahora ¿también deberemos disculparnos por ir en contra de los supremos valores del mercado?