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viernes, 5 de marzo de 2021

Efectos colaterales de la pandemia

 Al final del pasado curso escolar, se dieron unas directrices para que los alumnos repetidores fuesen una excepción: la pandemia, y el consiguiente cierre de las aulas desde marzo, llevó a tomar esta decisión. Claro que, en muchos casos, esas medidas produjeron un efecto "aprobado para todos", fuese justificado o no.

Ahora, cuando se cumple un año del inicio del confinamiento, se vuelve a hablar de lo mismo. La situación ¿es igual que la de hace un año? Claramente, no. Ahora no estamos en confinamiento domiciliario; las escuelas, colegios e institutos vienen funcionando presencialmente desde el inicio de curso, con algunas 'lagunas' debidas a cuarentenas producidas, generalmente, por contagio fuera de los centros; las clases a distancia se han reducido notablemente...

Que ahora se diga que los repetidores sean una excepción (... y el aprobado general, la regla), cuando la situación es muy diferente, no es de recibo. ¿Resultado? Los centros que sigan estas indicaciones -escritas u orales- serán un coladero de alumnos mal preparados: a veces es cómodo no distinguir entre alumnos que no pueden y alumnos que no quieren... Y los centros que opten por un mínimo de exigencia, causarán a sus alumnos un agravio comparativo con los demás. Volvemos de nuevo al manido tema de la igualación por abajo. Eso no es democracia, sino pura demagogia para tener contentos -e ignorantes- a los súbditos. Es un viejo axioma totalitario.


lunes, 4 de enero de 2021

La discriminación de los mejores

 


A raíz de un artículo de Alberto Royo, titulado “Los ‘otros’ alumnos”, y publicado el pasado día 1 en El Mundo, me animo a hacer algunas consideraciones, muy coincidentes con las del artículo.

Desde la atalaya de la jubilación, pero estando al tanto de lo que se cuece en el mundo educativo, considero que son muchos los aspectos que pueden ser objeto de crítica, de mejora, de discusión, etc.

Pero hay uno que suele ocupar muy poco a los pedagogos, hacedores de planes de estudio, políticos ideólogos y demás encargados de sacar adelante la educación (al menos, eso deberían hacer).

Me estoy refiriendo a la discriminación que sufren los buenos alumnos, y que se viene notando desde hace décadas en la enseñanza secundaria.

Eso sí: se habla mucho de la educación inclusiva (café para todos), de promover la igualdad (igualando por abajo), de la atención a la diversidad (a los diversos por defecto), de la enseñanza lúdica... y se dedican esfuerzos, personal y dinero a esos objetivos. Y alguna de esas ideas no están mal, pero las que son válidas han desenfocado el punto de mira.

Los alumnos no son todos iguales. Y, si se atiende, de forma loable, a la diversidad, hay que incluir aquí a los que sobrepasan la media, a los que tienen ganas de aprender, que ahora se aburren soberanamente porque se les están recortando las alas, no se les abren horizontes ni se les anima a desarrollar sus capacidades.

De este tipo de estudiantes he conocido algunos (casi diría bastantes). Y he hecho lo que he podido para fomentar sus aspiraciones. Pero siempre he sentido la frustración de que al sistema no parece importarle favorecer la excelencia educativa, instruir mejor a quienes desean pensar, indagar, abrir nuevos caminos… Se fomenta poco la creatividad, la búsqueda de objetivos, la inquietud intelectual, constreñidos como están los docentes por los planes de estudio, la burocracia y, por qué no decirlo, las pocas ganas de complicarse la vida.

El futuro de un país está en esos adolescentes que pueblan las aulas de la ESO y del Bachillerato. O sabemos darles las herramientas que puedan hacer de ellos (al menos de algunos) solucionadores de problemas, cabezas pensantes, hombres y mujeres que sepan mejorar la sociedad siendo mejores ellos mismos… o nuestro mundo estará condenado a una crisis difícil de superar en decenios.



miércoles, 23 de mayo de 2012

Recortes y calidad de la enseñanza

Es probable que, en el ámbito de la enseñanza -aunque no en exclusiva-, se trate de la palabra más pronunciada, temida y denostada de los últimos tiempos: los recortes.
Caldeado aún el ambiente post huelga de la enseñanza, de ayer dia 22 de mayo, se me ocurre lanzar a la nube algunas ideas a las que he ido dando vueltas tras varias lecturas de los último meses.

En realidad, proceden (las ideas) de unos informes y de alguna lectura complementaria.

Los informes fueron realizados por FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada). Uno de esos informes está fechado en febrero de este 2012 y versa sobre el rendimiento escolar. Contra lo que pudiera pensarse, no parece que obtengan mejores resultados los alumnos que dedican más tiempo a estudiar en casa. Y también resulta sorprendente su conclusión final: el resultado más eficiente se obtiene a través de la inversión en más horas en clase, en vez de en grupos más reducidos (más profesores) o escuelas mejor equipadas. 


La misma Fundación publicó en noviembre pasado otro informe titulado "Recortes educativos: la cuestión no es cuánto, es cómo y dónde". En él, FEDEA intenta presentar soluciones a ese cómo y dónde del título, mencionando reformas que contribuyen a la calidad de la enseñanza sin que supongan un gasto económico sustancial: control del nivel educativo de los centros mediante evaluaciones externas; aumento de nivel de autonomía de los centros; fomento de la disciplina en las aulas (propone la creación de una especie de 'carnet por puntos'); y que, si no hay más remedio que bajar los sueldos de los docentes, que se haga en su salario base, pero que se aumente (si procede) en cuanto a la productividad.


Complementario de ese informe sobre "Recortes..." es el "Manifiesto para mejorar el rendimiento del sector educativo en España", firmado por treinta y dos personas, mayoritariamente profesores de universidad, y fechado la semana pasada.


Mayores dotaciones económicas no garantizan una mejor educación. Recortar esas dotaciones puede que la empeoren, aunque no necesariamente, si se sabe dónde aplicar la tijera. El problema es que esto último no parecen tenerlo muy claro quienes deben asestar el golpe...