sábado, 29 de enero de 2011

Generosidad 2.0

Hace unos diez años, pongamos por ejemplo, ¿quién compartía conocimientos de forma gratuita y desinteresada con el resto de los mortales?

Hace diez años, más o menos, ¿de qué materiales disponía un profesor -por ejemplo, de clásicas- para sus clases? Y ¿cómo motivaba a sus alumnos?

Hace unos diez años (¡que no son nada diez años!) ese profesor de clásicas, ¿a cuántos colegas conocía más allá de un prudente radio de acción de unos 50 km.?

Cerámica de Talavera de la Reina
Y así podríamos hacernos mil y una preguntas sobre nuestra situación de, como quien dice, anteayer mismo.

Por otro lado, estamos sumergidos de lleno en un debate que se me antoja absurdo, inútil y, sobre todo, obsoleto. Me refiero a la lucha de la SGAE por los derechos de autor (hasta aquí puedo hacer un esfuerzo y comprenderla) y por defender el tristemente famoso canon por copia digital privada (a todas luces un robo a mano armada y, además, impune).

Parece que aún hay representantes  ¡del mundo de la cultura, además! anclados en la época pre-digital. No se dan cuenta de que el mundo de la transmisión del saber ha cambiado. Que la llamada web 2.0  ha traído una nueva mentalidad en la difusión de la cultura, del conocimiento, de la ciencia. Y, también, en la promoción de una didáctica menos ramplona y mucho más participativa.

Porque términos como 'participar', 'colaborar' y 'compartir' han adquirido carta de normalidad.  Eso son los aires que soplan. Es más, son aires de dirección y fuerza permanentes porque no son una simple moda: han venido con la sana intención de quedarse. ¡Si resulta que hasta ya tenemos auténticos estudiantes 2.0!

Los azulejos de la foto (gracias, Ana, por haberla encontrado) son un ejemplo de mentalidad abierta y una muestra de que los poetas viven unos cuantos años por delante de su época. Por eso suelen ser unos incomprendidos...

jueves, 27 de enero de 2011

Conspiración, de Robert Harris

Hace más de dos años, leí la primera de las tres novelas que Robert Harris había proyectado sobre la figura de Cicerón. Se trataba de Imperium, que reseñé brevemente en Pergamon.
Recientemente ha aparecido la segunda obra de la trilogía -Conspiración- que recorre la vida de Cicerón desde el inicio de su consulado (63 aC.) hasta el año 58 aC., cuando emprende un camino opuesto al de César, que ese mismo año parte hacia el escenario de sus primeros éxitos militares: la Galia...

Al igual que en la primera novela, Harris desarrolla una trama bien urdida, interesante y amena, con referencias constantes a la política de la época y a multitud de detalles de la vida cotidiana. El narrador sigue siendo Tirón, el fiel secretario del protagonista. Y la galería de personajes se enriquece notablemente con la presencia de César, Pompeyo, Craso y otros senadores y patricios de la época.

La novela sigue los derroteros de su predecesora, pero me ha llamado la atención el giro que el autor da en la caracterización psicológica de Cicerón (o, al menos, a mí me lo parece): hay en él una pugna constante entre su no disimulada soberbia y el bien de la agonizante república. Es un personaje más político, en todos los sentidos de la palabra, con una actitud un tanto ambigüa. Por supuesto, mucho peor parado resulta César (como persona y como político) y, en buena parte, también Pompeyo. Lo cierto es que Robert Harris reparte críticas afiladas a diestro y siniestro.

En resumen: un buen entretenimiento, respetuoso con la historia en general y agradable de leer. Sigo pensando, no obstante, que La columna de hierro, de Taylor Caldweld, sigue siendo la fascinante novela de referencia sobre Cicerón.

Esperaremos la culminación de la trilogía...

CHIRON se gestó hace cinco años

Tal día como hoy, 27 de enero, del año 2006 inició Chiron su prehistoria. Se ha comentado muchas veces el artículo que Carlos Cabanillas publicó en su bitácora. Pero en pocas ocasiones se ha hecho referencia a que el propio Carlos citaba como origen de su idea un artículo publicado por Sebastià Giralt poco antes (la revista digital donde apareció ya no está en la red, pero el artículo puede consultarse aquí).

El caso es que unos pocos locos hicimos caso del llamamiento de Carlos. Por mi parte, le respondí el día 31 con un atrevimiento descomunal, porque mi uso de las nuevas tecnologías se limitaba entonces al correo electrónico y poco más...

La cosa siguió a un ritmo discreto durante el resto del curso, y fue en el verano de ese año cuando se aceleró definitivamente. El desconocimiento mutuo dio paso a un encuentro veraniego parcial (Ana, Olga, Álvaro y Sebastià) en Oxford, con motivo de un curso organizado por Circe. Otros (Sergi, Carlos, Jose y yo mismo) seguíamos siendo un nombre al que faltaba ponerle cara. Y vinieron las más de 100 páginas en Writely: un documento colaborativo, entrañable donde los haya para nuestra historia particular, en el que íbamos plasmando lo que soñábamos que podía ser Chiron.

El parto, anunciado simultáneamente y de forma multilingüe en nuestros blogs (ya tenía recién estrenado el mío para entonces) a las 0:00 horas del 27 de septiembre de 2006, fue justo ocho meses después del nacimiento de la idea. Desde entonces, una historia llena de alegrías, de amigos, de encuentros y, lo más importante, de la colaboración de centenares de personas, sin las que Chiron seguiría siendo una utopía irrealizable. Como en su día hizo Ana, yo también incluyo aquí el collage fotográfico que ella confeccionó con una muestra de los altruistas colaboradores chironianos.

Centenares de colaboradores. Pero en mi memoria tienen un lugar importante los del inicio, los locos que ni imaginábamos hasta donde podría llegar esto. La realidad, creo, ha superado los sueños con creces. ¡Gracias a todos!

martes, 18 de enero de 2011

Premios con sabor clásico

Como en anteriores convocatorias, los Premios Nacionales Etwinning de este año también tienen un sabor clásico. Y por partida doble: de los 10 premios concedidos por el ITE, dos han recaído en proyectos de raigambre clásica, que han tenido como impulsores a tres activos chironianos.


Uno de los proyectos premiados ha sido Tandem realizado, entre otros, por Rogelio Martínez del Oro del IES Melchor de Macanaz de Hellín (Albacete) en colaboración con el IES Alfonso X el Sabio de Toledo y el Lycée Benjamin Franklin.

Este proyecto ha consistido en la identificación de locuciones y expresiones clásicas comunes en francés y castellano principalmente  y un trabajo sobre textos latinos. Para ello se utilizaron chats, wiki y Facebook.

El otro premio ha sido concedido al proyecto An ET (winning) between us, realizado por Ángel Luis Gallego Real, del IES Vegas Bajas de Montijo (Badajoz) en colaboración con Santiago Carbonell, del IES Cotes Baixes d'Alcoi (Alicante), y otros centro de Italia, Alemania y Francia.

En este caso el proyecto ha tomado como excusa la llegada de un extraterrestre a Europa para abordar los referentes clásicos, con actividades individuales y de interacción, apoyadas en una metodológica de lengua viva para  la enseñanza del latín. Los pilares web de este proyecto han sido básicamente una site en google, un blog y una red social.

La iniciativa Etwinning promueve la realización de hermanamientos escolares y el desarrollo de actividades comunes entre centros europeos a través de internet sobre un tema acordado entre los participantes.

¡Enhorabuena a todos los profesores y alumnos participantes!


viernes, 14 de enero de 2011

Lo que no se aprende en clase... o sí

Gregorio Luri es doctor en Filosofía, ha sido profesor en primaria, bachillerato y universidad. Además, es autor, entre otros, de un libro de éxito sobre la enseñanza titulado La escuela contra el mundo, y mantiene un interesante blog sobre temas actuales: El café de Ocata.

Pues bien, Luri publicó ayer en La Vanguardia un breve artículo, tomando pie de la aparición en USA de un irónico panfleto sobre la educación, obra de Charles J. Sykes, que lleva por título 50 cosas que los niños no aprenderán en el cole.


Coincide Luri con el autor americano en
"que muchos ciudadanos no acaban de fiarse de lo que les ofrece la pedagogía actual, entre ellos no pocos docentes. También aquí. Han pasado 20 años desde que la Logse pretendiera acercar la escuela a la vida y muchos nos preguntamos a qué vida". 


Selecciona luego algunas de esas 50 cosas que los alumnos no aprenderán en clase. Son, sobre todo, cuestiones de sentido común y de utilidad para la vida futura del estudiante. He aquí algunas:


"Lamentablemente, no ganarás 5.000 euros al mes en cuanto salgas de la escuela. Y no serás el vicepresidente de una empresa con coche propio. Puedes incluso llevar un uniforme que no sea de diseño" .


"Si crees que tu profesor es duro, espera a tener un jefe".


"Tus padres no eran tan aburridos antes de que tú nacieras. Lo parecen porque tienen que pagar tus facturas, llevarte de aquí para allá, ahorrar para tu educación, ordenar tu cuarto y oírte decir lo idealista que eres".


"¿Estás enfadado? ¿Y qué? No, de verdad. ¿Y qué?".


"Sé simpático con los empollones, porque puedes acabar trabajando para ellos". 


Si prescindimos de ese tono sarcástico-pesimista que se respira en las tesis de Sykes, sus razonamientos  son válidos. Pero me gustaría añadir que, por suerte,  SÍ hay profesores que enseñan en la escuela esas 50 cosas... y muchas más. 

martes, 11 de enero de 2011

Educar debe ser una actividad alegre

La frase del título la he tomado prestada del filósofo y educador José Antonio Marina, a quien el diario La Vanguardia dedica hoy su entrevista ("La contra").
Las palabras de Marina siempre son interesantes, y ahora nos enteramos del proyecto que acaba de promover: la "Universidad de Padres", que abarca un curso on line, acompañamiento de expertos y una colección de libros, el primero de los cuales es La educación del talento.

Dejando de lado este interesante proyecto, quería reflexionar un poco sobre esa alegría que debe estar presente en el hecho de educar.
Dedicamos demasiado tiempo (o lo dedican las cabezas pensantes y programadoras) a hablar de competencias, de fracaso o de éxito escolar, de política educativa, de metodología, y de un largo etcétera. Y, sin embargo, hablamos poco de entusiasmo, de ganas, de confianza, de afecto... de alegría. ¿Por qué? Me aventuro a pensar que la razón se encuentra en  una pedagogía aséptica, fría, mediocre y políticamente correcta. Porque es más manipulable controlar el ámbito de los conocimientos, y mucho menos el de los sentimientos, las emociones y la voluntad.

¿Cuántos docentes enseñan con entusiasmo, con ganas y con alegría? ¿Cuántos no buscan halagar el gusto del alumno sino inculcarles el aprecio por el conocimiento, aunque suponga esfuerzo? Porque eso cala hondo en el alumno, mucho más que la sabiduría hueca o que la actitud complaciente que ha echado a perder tantas posibilidades de educar de verdad.

Claro que para enseñar con alegría y entusiasmo, es imprescindible que el profesor esté convencido de ello y no sea un mero mercenario enseñante, porque no ha encontrado mejor sitio para ganarse unos euros. Hay que dignificar la profesión. Y eso no se consigue a golpe de decretos sino de personas comprometidas de verdad con una de las profesiones más gratificantes que existen.