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viernes, 2 de octubre de 2015

De viaje con Heródoto

He leído últimamente con especial agrado el libro de Antonio Penadés  Tras las huellas de Heródoto, publicado este mismo verano por Almuzara, en su colección Sotavento.

Como su autor indica, se trata del seguimiento de un itinerario “en el que habría de recorrer la ribera oriental del mar Egeo desde el suroeste de Turquía hasta Estambul”.  El motivo: seguir, a lo largo de dos mil quinientos kilómetros, los lugares más significativos de la vida de Heródoto, para enlazar luego (desde Sardes) con el  itinerario que realizó  la expedición de Jerjes,  en el comienzo de la Segunda Guerra Médica, y narrado por Heródoto en su Historia.

La obra está concebida como un libro de viajes, sazonado a veces con pasajes de ensayo e, incluso, con trazos literarios. El resultado es un agradable relato, que nunca pesa, de un viaje que da pie a multitud de referencias, digresiones y anécdotas, sobre todo históricas y mitológicas. 

Al autor se le nota un afecto no disimulado por Heródoto y por todo cuanto se refiere a la cultura griega clásica. Hasta tal punto, que la narración nunca descuida hacer referencia a hechos y situaciones directa o indirectamente relacionados con su viaje: los lugares más significativos de Jonia, donde se halla el origen de  nuestra civilización occidental; descripciones rápidas y ágiles de la Turquía asiática actual;  adelantar hechos gloriosos de las guerras médicas, o explicar pormenorizadamente la constitución de las falanges de hoplitas;  dar a conocer aspectos históricos o legendarios anteriores (por ejemplo,  el caso de Giges, tatarabuelo de Creso, rey de Sardes);  hacer referencia a mitos griegos; etc., etc.

El lector va siguiendo los pasos del narrador, adentrándose en aquellos territorios y enseñándonos  a amar una cultura que el autor procura ponernos delante con cariño. Me han resultado  especialmente gratos  apartados como el dedicado a la rebelión jonia, la riqueza de las descripciones de ciudades, especialmente, las de Mileto, Samos, Éfeso..., la citada explicación de las falanges de hoplitas, todo lo referente a  la relación entre Creso y Ciro. Y, como guinda casi final, la emocionada descripción, concisa y pedagógica, de cuanto se refiere al mito y a la realidad de la guerra de Troya. Hay un broche inesperado con una sorpresa contemporánea al llegar a Estambul...

En resumen:  un libro recomendable que leerán con agrado quienes disfruten con la historia y, especialmente, los amantes del mundo clásico griego.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Adolescencia literaria

Hace dos días cayó en mis manos una novela que me hacía ilusión leer. Varios motivos me  movían a ello: su autor (Alessandro d'Avenia) es un doctor italiano en Clásicas; tiene sólo treinta y dos años y lleva varios dando clases en un instituto a alumnos de secundaria; y el tema gira alrededor de los adolescentes.

Y ayer leí la novela entera (se ha de decir que un viaje en tren, con retraso incluido, da para mucho). Y no me ha defraudado. Porque no es una novela de adolescentes al uso. Porque su autor sabe escribir. Porque demuestra un conocimiento profundo del alma de los alumnos. Porque, aunque está presente el lenguaje descarnado de nuestros adolescentes de hoy, domina la narración un halo poético que te hace sentir bien a pesar de las desgracias que acontecen. Por todo ello, y por bastante más, considero Blanca como la nieve, roja como la sangre una novela altamente recomendable, tanto para los alumnos como, sobre todo, para sus profesores y sus padres.

La interpretación que el protagonista hace de la realidad, vinculándola con los diversos colores, es un hallazgo narrativo espléndido, que da mucho juego a lo largo de la novela.
De un crítico italiano, Guido Vasallo, entresaco estas palabras:

... la escuela es hermosa por la tarde, porque no hay profes, y toda la vida tiene colores: el blanco es el vacío absoluto y el silencio, y da miedo.  La profe de filosofía es negra y triste. Silvia, sin embargo, fiel compañera de clase, es azul, infunde paz y seguridad. Y luego Leo tiene un Sueño. Se llama Beatriz, es un año mayor que él y es roja, sin la menor duda. Como sus cabellos, como el amor. Como la sangre. Sí, porque Beatriz tiene leucemia: su sangre se está haciendo blanca, cada vez más blanca...

Hay guiños etimológicos y mitológicos y también, puntualmente, algún exceso sentimental. Pero el éxito de ventas conseguido en Italia no ha sido por casualidad.
Sin duda, puede ser una buena lectura para estas navidades.

viernes, 13 de agosto de 2010

Sobre la amistad

Este verano he descubierto la trilogía novelada de Escipión el Africano. De momento, sólo he podido leer la primera parte (Africanus, el hijo del cónsul) y he de decir que me ha sorprendido muy gratamente. Pero no deseo ahora hacer la valoración de esa novela, sobre la que ya he publicado una pequeña reseña en Pergamon.


Uno de los ejes sobre los que se construye la narración es la amistad, que se va haciendo cada vez más fuerte, entre Escipión y Cayo Lelio. Y, leyendo esas páginas, viene necesariamente a la memoria la amistad que también unió a otro Escipión (Emiliano, hijo adoptivo del Africano) con otro Cayo Lelio (hijo, a su vez, del primer Lelio), que sirve de pretexto a Cicerón para escribir su magistral De amicitia.


Nunca está de más una relectura del tratado ciceroniano, y más en nuestros tiempos, cuando la amistad parece andar desorientada. Al menos lo están muchos jóvenes que tienen un concepto harto pobre de lo que representa. Me he dado cuenta muchas veces de la vacuidad de contenido con que la construyen. Nada que ver con el mensaje que Cicerón  nos transmite: la amistad como privativa de los buenos, que se asienta sobre la virtud, que es duradera...


No hace mucho oí hablar de la amistad líquida, y me pareció una manera válida y gráfica de significar cómo se ha convertido en algo maleable, cambiante, que se adecúa fácilmente a nuestros antojos. Luego descubrí que un término similar (amor líquido) lo utilizaba Zygmunt Bauman (sociólogo polaco, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010) , en su libro titulado Amor líquido, acerca de la fragilidad de los vínculos humanos.


Pues bien: andaba yo acabando la relectura del De amicitia, cuando un amigo me recomendó una novela, precisamente sobre la amistad: En lugar seguro, de Wallace Stegner. Aún no la he terminado, pero he leído lo suficiente como para recomendar  vivamente su lectura: se trata de un libro de madurez, sincero, muy bello, espléndidamente escrito y, sobre todo, un canto a la amistad inquebrantable. Probablemente Cicerón esté aplaudiendo desde su tumba...

miércoles, 13 de junio de 2007

SELECCIÓN DE LECTURAS

No hace mucho, publiqué en mi blog de clase una relación de novelas históricas relacionadas con la Grecia y la Roma clásicas, destinada a alentar la lectura entre mis alumnos.
Por si puede ser interesante para otras personas, la copio aquí.

Se trata, evidentemente, de una selección muy subjetiva, basada tanto en gustos personales como en el hecho de ir dirigida a estudiantes de bachillerato. Pretende combinar una sugerente ambientación histórica con un mínimo de calidad literaria, aunque varias novelas pueden catalogarse entre las más logradas del género.

Robert Graves, Yo, Claudio.
Una excelente novela sobre la azarosa vida del emperador Claudio.

Robert Graves, La hija de Homero.
Una nueva visión de la Odisea, muy interesante y sugerente, especialmente para quien haya leído ya la obra de Homero.

Pierre Grimal, Memorias de Agripina.
Tomando ocasión de unas supuestas memorias, el autor construye una novela muy interesante y verosímil sobre la agitada vida de la madre de Nerón.

Valerio M. Manfredi, La última legión.
Una imaginativa novela, llena de acción, sobre las supuestas aventuras de Rómulo Augústulo, último emperador de Roma, en Britannia.

Mary Renault, La máscara de Apolo.
Una m
uy buena novela que recrea magistralmente el mundo del teatro y de los actores en Grecia.

Mary Renault, Alejandro Magno.
Una aproximación a la figura del gran militar y conquistador macedonio.

Fernando Lillo, Teucro, el arquero de Troya.
Recreación de la guerra de Troya y de otros episodios de historia antigua, de la mano de un héroe aqueo.

Fernando Lillo, Séneca, el camino del sabio.
Séneca, filósofo, escritor y tutor de Nerón, pasa revista a su pensamiento poco antes de morir.


Antonio Penadés, El hombre de Esparta.
Una ciudada narración histórica, protagonizada por un ateniense y un espartano, que nos lleva a muchos escenarios de la antigua Grecia.


Guilliam Bradshaw, El faro de Alejandría.
Fascinante narración de las aventuras de una joven que quiere ser médico en la Alejandria dominada por Roma.

Taylor Caldwell, La columna de hierro.

Cicerón y la
decadencia de la República romana son los protagonistas de esta espléndida novela sobre el final de una época.

Howard Fast, Espartaco.
La sublevación de un gladiador tracio que capitanea un levantamiento de esclavos que ha ce temblar los pilares de la República romana.


Espero que esta relación encienda las ganas de iniciarse en el mundo greco-romano... o de volver a él una y otra vez.