domingo 27 de marzo de 2011

Verano en la Accademia Vivarium Novum


La Accademia Vivarium Novum, dirigida por Luigi Miraglia, y que se dedica desde hace años a promover el estudio del latín vivo, me ha enviado información sobre los cursos de verano que organiza este año. Se trata de tres niveles de estudio del latín vivo, adecuados para quienes no tienen conocimiento de la lengua, para quienes ya han estudiado algo, y para profesores, respectivamente.

Los cursos se celebrarán del 27 de junio al 20 de agosto y se desarrollarán íntegramente en Latín.
La inscripción en dos cursos cuesta 4.800€ e incluye alojamiento, comida, libros de texto, cinco días en Campania con visitas a Pompeya, Herculano, Estabias, Cumas y Paestum, y excursiones a Ostia y a la Villa de Adriano.
La matrícula en un curso cuesta 2.500€.
La inscripción debe hacerse antes del 30 de abril, abonando el 10%  (no reembolsable) del precio de matrícula.

Se puede leer toda la información en la página del curso de verano y conocer la actividad general de la Accademia aquí.

lunes 21 de marzo de 2011

Premios Internet 2011

CHIRON figura entre los candidatos a los Premios Internet 2011, en su XIII edición.

Una parte de la valoración corresponde a votación popular, que puede hacerse hasta el día 30 de abril.
Para realizar esa votación se debe ir a esta página, o bien hacerlo desde la correspondiente ventana que aparece al inicio de la columna derecha de este blog.

Somos muchos los que valoramos el servicio que hace CHIRON al mundo clásico y a su enseñanza y difusión. Una manera de reconocerlo es participar con nuestro voto.

viernes 11 de marzo de 2011

Mercado y Filología Clásica

A veces uno cree que ya lo ha visto y oído todo. Pero hay personajes que, de vez en cuando, nos asombran con su capacidad de producir despropósitos.
Gracias a Domingo, me entero de la publicación de una entrevista en el diario Ara al conseller de Sanitat de la Generalitat de Catalunya, y de la respuesta de un editor en el mismo diario.

El conseller no ha tenido mejor ocurrencia que decir esta lindeza (traduzco del catalán): Si quiere estudiar Filología Clásica por placer se lo pagará usted mismo.  Y añade lo que considera poderosa razón: El Estado debe facilitar las cosas a quien quiera estudiar por razones de mercado.  ¡Y se quedó tan ancho..!


Primero: ¿a qué viene un conseller de Sanidad a hablarnos de la Filología Clásica? Como si no tuviera otros quebraderos de cabeza (o debería tenerlos...). Ya se sabe que cuando uno habla de lo que desconoce suele patinar estrepitosamente.

Segundo: ahora resulta que la razón de mercado es el criterio último. Ya sé que para muchos eso es una especie de dogma social, pero ¿se han parado a pensar en todo lo que no obedece a una razón de mercado y que, por lo tanto, sobraría? La literatura, la música, en definitiva todas las artes; el legado cultural de siglos de humanidad...

Tercero: poner ante los alumnos esa mentalidad produciría personas mercantilistas, egoístas, incompatibles con cualquier asomo de altruísmo, de conciencia social o de simple amistad.

Por suerte, la ocurrencia ha venido del conseller de Sanidad y no de otras autoridades del mundo académico. Pero no deja de ser preocupante. Ya estábamos acostumbrados a pedir público perdón por nuestra rareza de dedicarnos al mundo clásico. Ahora ¿también deberemos disculparnos por ir en contra de los supremos valores del mercado?

viernes 4 de marzo de 2011

Cuando los arquitectos eran humanistas

En 1935 se celebró el bimilenario del nacimiento del poeta Horacio. Y ese mismo año, moría Rafael Masó i Valentí, notable arquitecto modernista de Girona.
Unos años antes, hacia 1922, Masó procedió a la reforma de un edificio destinado a la Caixa de Pensions en Girona y, como elemento decorativo, esculpió en la fachada unos versos de la Sátira I, 1 de Horacio. Son, en concreto los versos 28 a 35, escritos en una sola línea, en la parte alta de la fachada. Cuadra muy bien esa reflexión sobre el trabajo y la previsión de quien piensa en el mañana con la actividad que se desarrolla de puertas adentro en ese edificio. Dicen así los versos:
ILLE GRAVEM DVRO QVI TERRAM VERTIT ARATRO,
PERFIDVS HIC CAVPO, MILES NAVTAEQVE PER OMNE
AVDACES MARE QVI CVRRVNT, HAC MENTE LABOREM
SESE FERRE, SENES VT IN OTIA TVTA RECEDANT,
AIVNT CVM SIBI SINT CONGESTA CIBARIA, SICVT
PARVOLA (NAM EXEMPLO EST) MAGNI FORMICA LABORIS
ORE TRAHIT QVODCVMQUE POTEST ATQVE ADDIT ACERVO

QVEM STRVIT, HAVD IGNARA AC NON INCAVTA FVTVRI. 
Inicio del v. 30 de la Sátira I, 1 de Horacio
El que revuelve la pesada tierra con el duro arado,
el pérfido tabernero este, el soldado y los marineros
que recorren audaces todo el mar, dicen soportar fatigas
con la idea de retirarse de viejos a un ocio seguro,
cuando hayan reunido sustento, al igual que
la pequeña y esforzada hormiga (pues viene a cuento)
lleva en la boca lo que puede y lo añade al montón
que construye, no ignorante ni incauta del futuro.

                                   -Traducción de Horacio Silvestre-
Horacio estuvo muy presente en la época de auge del modernismo. Masó, además de arquitecto, fue también poeta y hombre de notable sensibilidad, y mantuvo gran amistad con humanistas del momento como Llorenç Riber, Carles Riba y Costa i Llobera.

A la presencia de estos versos de Horacio en Girona dedicó hace años Dolors Condom un artículo en Annals de l'Institut d'Estudis Gironins, vol. XIV, 2003, Girona, pp 89-102, titulado "Notes sobre la presència  del poeta Horaci a Girona".

miércoles 2 de marzo de 2011

"Enseñanza: entre el fetiche y la vocación"


Hace algo más de una semana leí en La Vanguardia este artículo de opinión, escrito por Antoni Puigverd y titulado "Enseñanza: entre el fetiche y la vocación". Creo que es una lúcida reflexión sobre el estado actual de nuestra educación. Por eso, aunque sea algo largo, lo reproduzco entero.

La consellera Rigau ha frenado, para restringir el gasto, la implantación de ordenadores en las aulas. La decisión marea a unos profesores ya muy desconcertados por un departamento que lleva años aficionado a los cambios de rasante. Pero no todas las críticas se circunscriben al desconcierto de los docentes. Negarse a invertir en la escuela es negarse a solucionar la enseñanza, sostienen unos. Y otros: ¡La escuela no puede perder por más tiempo el tren de la modernidad!

¿Puede afirmarse, como sostienen estos críticos, que los institutos pierden el tren de la modernidad por no organizar sus clases en torno al ordenador? De momento, la pantalla ha generado más costes que beneficios. La enseñanza de lenguas mejora con las nuevas tecnologías, pues existen materiales ya muy contrastados. Pero no son pocas las asignaturas que, tamizadas por el ordenador, sin materiales adecuados, se convierten en un juego trivial. Muchos profesores no cuentan para sus nuevas clases con ordenador con más materiales que el viejo libro de texto travestido de pantalla.

De las posibilidades del ordenador da muestra fehaciente la web www.filopolis.net dedicada a la enseñanza media de filosofía. Es el resultado de años de trabajo de un profesor vocacional, Llorenç Vallmajó: pionero de la introducción de los ordenadores en los institutos de Girona. No conozco mejor adaptación contemporánea de aquel lema cervantino: “enseñar deleitando”. Incluso el lector más sabio y veterano encontrará en Filópolis una mina de gozo intelectual. Allí está el Ágora de los debates, el Taller de los conceptos, el Jardín de las sonrisas, la Cárcel de las barbaridades, el Paseo de los grandes temas, el Palacio de las ciencias, la Academia de los pensadores, el Templo de las respuestas y otros sensacionales apartados que con gran rigor adaptan, al lenguaje de las pantallas, los razonamientos de la filosofía. De la filosofía entendida como un juego, pues genera curiosidad y placer, pero también como un compromiso fascinante y exigente. En sus últimas entradas, por ejemplo, el profesor Vallmajó propone al alumno bailar con una princesa o evitar la horca gracias al razonamiento lógico. La pedagogía actual no ha desarrollado todavía materiales de este nivel.

La ciencia y el arte, la contabilidad y la escritura, la música y la información, las oficinas y las relaciones humanas ya son distintas desde que todo el mundo accedió al ordenador, al móvil y al resto de gadgets que nos rodean. Incluso la política, como demuestran las revueltas del norte de África, está cambiando a gran velocidad gracias a Twitter y Facebook. Pero las redes no han generado los cambios, solo los han facilitado y acompañado. Las tecnologías son un recurso, no un fin en sí mismo. Un instrumento de la humanidad, no la humanidad nueva. El error del gobierno de Zapatero y del conseller Maragall fue introducir por decreto el ordenador en las escuelas como si se tratara de un Deus ex machina que podía conjurar y resolver el malestar de la escuela.

Pero el ordenador no es un dios omnipotente, sino una máquina que, mal usada, estorba más que ayuda. Y por otro lado, ¿qué fin tiene hoy en día la escuela? ¿Qué espera nuestra sociedad de ella? Las familias, la publicidad y las industrias del ocio pugnan por corromper a niños y jóvenes adulando sus instintos, sobreprotegiéndoles, estimulando su deseo de consumir, incitando la satisfacción de toda apetencia. ¿Espera una sociedad que educa de esta manera a los niños y adolescentes que el profesor exija de ellos gran esfuerzo y consiga grandes resultados? ¿Una sociedad que idolatra el pelotazo económico y mitifica el éxito fulgurante puede esperar que sus vástagos se entreguen a la paciente tarea del estudio? Hasta que la sociedad no sea capaz de dar una respuesta coherente a este tipo de preguntas, la enseñanza mostrará sus descosidos, pues la escuela no es una isla, sino la institución que más fielmente refleja las contradicciones de la sociedad.

El problema de la escuela no es, como afirman los sindicatos, de presupuestos. Ni se resuelve a la manera del conseller Maragall o del presidente Zapatero con soberbias inversiones tecnológicas. Es un problema de horizonte. Los males de la escuela no se resuelven con un fetiche, transformando las pizarras en pantallas, sino apoyando, avalando, reforzando la constancia de los profesores vocacionales como Llorenç, creador de Filópolis, que lleva casi treinta años luchando por la introducción de las nuevas tecnologías en los institutos y experimentado contenidos adecuados a ellas. Los Llorenç abundan, aunque no son, ciertamente, mayoría en las aulas. Trabajan sin armar ruido, sin buscar medallas, por vocación de enseñar, con la paciencia de la gota que horada la piedra.

En el Barrio de los nuevos filósofos de Filópolis encontramos a Wittgenstein siendo niño. Se pregunta: “¿Por qué debería decir la verdad si me resulta provechoso mentir?”. La súbita informatización de las aulas es una manera de responder al malestar de la escuela con mentiras de nuevo rico. El pequeño Wittgenstein encuentra la respuesta en Karl Kraus: mejórate a ti mismo. La escuela necesita muchos Llorenç de Filópolis. Necesita mejorarse a sí misma.