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lunes, 7 de noviembre de 2011

Los asesinos del emperador

Acabo de terminar las casi 1200 páginas de Los asesinos del emperador.
Santiago Posteguillo, que nos sorprendió positivamente en los últimos años con su trilogía sobre Escipión, escoge ahora a Trajano como protagonista de su nueva novela, que tiene toda la apariencia de ser el inicio de una nueva saga.

Los asesinos del emperador tiene los ingredientes necesarios para convertirse en un nuevo éxito de lectores: acción abundante, descripciones adecuadas, ambientación documentada, toques románticos oportunos... Pasan por la novela emperadores, dominae, tribunos, pretorianos, gladiadores (hasta una gladiatrix), legionarios, germanos, dacios... y algún escritor (Plinio el Viejo y el Joven, y Estacio). Por supuesto, el eje de la narración lo sustenta la familia Ulpia (Trajano padre e hijo).

El desarrollo de la novela sigue un esquema similar al de sus anteriores obras (si éstas han sido un éxito, para qué cambiar...): la amistad entre algunos protagonistas vuelve a jugar un papel importante, así como alguna historia de amor poco probable, las intrigas, traiciones y venganzas; incluso vuelve a situar el autor a un literato en relación con la trama: si anteriormente había sido Plauto, ahora se trata de Estacio.

La novela recoge un amplio período del siglo I dC. (desde el final del imperio de Nerón hasta el comienzo del de Trajano), dedicando especial atención a la época del depravado Domiciano. El final de la voluminosa novela describe el ascenso de Trajano al poder, dejando así abierta la puerta a posteriores historias.

Pero, sin que ello sea un demérito para el autor, Trajano –y la familia Ulpia- no es Escipión -y su familia-: ni en amplitud, ni en matices ni en significado. Incluso Estacio no es Plauto. Quizá por eso Los asesinos del emperador se queda en un segundo término al compararla con sus hermanas mayores. Al menos, eso me parece. Sin embargo, se lee con gusto, cuesta dejarla y dosifica la acción de manera inteligente, además de contribuir notoriamente al conocimiento de muchas instituciones y costumbres romanas.

Al final, un apéndice aclara lo que hay de histórico y de ficticio, además de establecer los árboles genealógicos de las familias Flavia y Ulpia, de incluir mapas de batallas (vuelven a estar muy bien descritas por el autor), unos dibujos comentados de los tipos más frecuentes de gladiadores, y un léxico ciertamente completo.

viernes, 28 de octubre de 2011

Un apunte sobre Plinio el Viejo

Llevo leídas unas 200 páginas de la voluminosa novela de Santiago Posteguillo Los asesinos del emperador. Al igual que en la trilogía sobre Escipión, el autor recrea de manera brillante y convincente toda una época de la Roma antigua, en este caso desde Nerón hasta Trajano.

Lo que quería compartir ahora con todos los lectores es el perfil que hace Posteguillo de Plinio el Viejo  (pp 180-181). Se trata de un sugerente y breve apunte sobre su vida, relacionándola con el turbulento momento político y social de la época.  Dejo a los lectores con el párrafo en cuestión:
Cayo Plinio Cecilio Segundo, llamado Plinio el Viejo, se encontraba entre los pocos atrevidos que se habían decidido a comprobar con sus propios ojos que, en efecto, los pretorianos, alentados por un nuevo rebelde, Otón de nombre, se habían rebelado y dado muerte al emperador Galba y su sucesor. Cayo Plinio se consideraba ya mucho más hombre de letras que un guerrero, pero no era un cobarde: había servido a Roma durante doce duros años en Germania y combatido con valentía hasta llegar a alto oficial de la caballería; luego, cuando Nerón empezó a volverse loco hasta ordenar que el gran general Corbulón se suicidara -pues su fama eclipsaba a la del emperador-, captó el mensaje subliminal y dejó la carrera militar y política en la que estaba destacando demasiado y se dedicó a la escritura. Luego Plinio, atento a los vaivenes del siempre caprichoso carácter de Nerón, que, de pronto, se aficionó a componer versos, dejó de escribir poemas y se centró en la redacción de su gran obra, la Historia Naturalis, donde intentó recopilar todo el conocimiento de botánica, medicina, mineralogía y decenas de otras disciplinas para que quedara constancia para una posteridad que cada vez intuía más incierta y tenebrosa; más aún después de los tumultos de aquella misma mañana.

martes, 5 de enero de 2010

EMPORION

Un buen amigo acaba de publicar su primera novela, titulada EMPORION. Pienso leerla en cuanto la reciba pero, de entrada, se merece ya la atención de los amantes del mundo clásico. Su escenario es la Empúries del 218 aC. que, con la llegada de los romanos, se ve envuelta en una serie de intrigas.
Se trata de una auto-edición, por lo que es difícil hallar la novela en las librerías, salvo en alguna de Figueres, L'Escala, Barcelona o Girona. Dejo los datos de estas librerías para quienes tengan alguna cerca:

Altaïr - Gran Via, 616, BARCELONA - 93 3427171
Llibreria Geli - Argenteria, 18, GIRONA - 972 201790

Llibreria Empúries - Alvárez de Castro, 6, GIRONA - 972 283498

Llibreria Masdevall - Rambla, 18, FIGUERES - 972 600227

Llibreria J. Mallart - Besalú, 12, FIGUERES - 972 500133

Museu d'Arqu.de Catalunya, Empúries - Puig i Cadafalch s/n, L’ESCALA - 972 770208

El Racó dels Contes - Enric Serra, 26, L’ESCALA - 972 770988


Para los demás, un mensaje a su autor ( avelayos123@gmail.com ) basta para encargar el libro, cuyas referencias son las siguientes:

TÍTULO: EMPORION
EDICIÓN: 1a (auto-edición de 1.000 ejemplares)
ISBN: 978-84-613-5933-2
PÁGINAS: 240
ENCUADERNACIÓN: TAPA BLANDA
DIMENSIONES: 19 x 12,5 cm
PRECIO: 8,75 €

domingo, 2 de septiembre de 2007

EL HOMBRE DE ESPARTA

Tenía pendiente de leer El hombre de Esparta, y este verano he podido hacerlo. Y he disfrutado.
Antonio Penadés ha escrito una obra que me ha parecido redonda, en la que mezcla armoniosamente una trama de notable intriga, descripciones muy atinadas de modos de vida, estudios de caracteres humanos, ambientación histórica llena de referencias, y una apreciable presencia de lo trágico. Todo ello confiere un carácter de especial verismo a la narración, aún sabiendo que ha urdido una trama ficticia.

Hay capítulos que justifican la novela por sí solos: la sesión de la Asamblea en Atenas o el episodio de la consulta al oráculo de Delfos, ambos llenos de fuerza narrativa y de gran riqueza de detalles, y en los que rigor histórico está siempre presente, como a lo largo de toda la novela.

Estamos en vísperas de la Guerra del Peloponeso, y las dos figuras protagonistas -Isómaco y Alcínoo- se erigen en símbolos de la devastadora lucha que no tardará en estallar entre atenienses y espartanos. Asistimos a un inevitable cruce de destinos, que acercará la existencia de ambos protagonistas hasta culminar en una escena final de gran fuerza dramática y de evidentes connotaciones trágicas.

Las referencias a personajes históricos -Pericles, Sócrates, Arquídamo...-, la ambientación rica en detalles, la armoniosa combinación de elementos dramáticos, líricos y épicos, enriquecen el contenido de tal manera que puede afirmarse que El hombre de Esparta es una novela de rara perfección, sobre todo tratándose de la primera obra de su autor, traducida ya al griego moderno.

Una narración altamente recomendable, que disfrutarán de manera especial todos los amantes del mundo clásico griego.