martes, 30 de noviembre de 2010

Carpe diem

                       Carpe diem quam minimum credula postero


Todos los que hemos explicado alguna vez latinismos a nuestros alumnos, sabemos que carpe diem tiene un especial atractivo para ellos: se podrán olvidar de casi todos, pero de éste no. Lo de aprovechar el momento no lo viven, evidentemente, desde la óptica medieval a lo Jorge Manrique (cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte tan callando...); ni con el deseo de aprovechar el tiempo porque hay mucho que hacer; sino más bien como quien ansía eternizar el momento, apurar los minutos y hasta los segundos. O sea, según la popular expresión, vivir a tope, sin límites ni medida.

Hace unos días, recibí muchos mensajes felicitándome por mi aniversario. Y la mayoría eran de ex-alumnos, más o menos recientes. Al lado de los tradicionales "que pases un buen día", "que te vaya todo muy bien", hay también unos cuantos deseos de "exprimir" el día hasta el final:  "que disfrutes de este día al máximo",  "disfruta cada momento", e incluso los que extienden el deseo a mi etapa post-docente: "...disfrutando a tope de esta nueva etapa". Me ha llamado especialmente la atención un mensaje algo más elaborado: "sobre todo disfruta tu día como si no lo hubieras hecho nunca".

Por supuesto que he agradecido esos mensajes porque todos incluyen un amigable deseo de felicidad. Lo único que pretendía comentar aquí es ese afán tan adolescente de vivir sin frenos ni ataduras, que muchas veces lleva a situaciones desgraciadas. Y algunos parecían deseármelo a mí: estaba para pensar que el mensaje del carpe diem resulta más acorde con mi condición, aunque sólo sea porque me quedan menos años de vida que a ellos... Pero no lo decían por eso, seguro.