Esta es una entrada de lo más previsible: parece que muchos sentimos la necesidad de dar cuenta del inicio de curso. Quizá porque en este momento renacen ilusiones (¿quién no ha esperado alguna vez que ese sea
el curso de su vida? ¿O, al menos, encontrarse con algun@s alumn@s realmente brillantes?), quizá porque viene a ser como una declaración de intenciones o, simplemente, porque a estas alturas no apetece meterse aún en profundidades. O quizá por todo eso un poco.
Yendo al grano, debo anunciar que este año andaré pluriempleado (
a la vejez, viruelas...): ocho horas de latín y otras ocho de griego en bachillerato; cuatro de latín en 4º de la ESO; y tres durante un trimestre de Cultura Clásica en 3º de la ESO. El promedio es de 21 horas semanales y, además, soy coordinador de bachillerato. La compensación: no debo hacer ninguna guardia, y solo estoy en lo que me gusta (que no es poco). La verdad es que me lo he buscado yo, antes de ver cómo alguna de esas materias pasaba a otro departamento en un camino

de difícil retorno...
Ya he tomado contacto con todos los grupos, excepto con los de 3º de la ESO, que los tendré en el segundo trimestre.
En
segundo de Bachillerato,
sobreviven diez alumnos de latín (hace un año eran quince) y cinco de griego (eran diez a comienzos de primero). Todos nos conocemos ya, no hay -ni creo que vaya a haber- sorpresas y el curso no presentará más problemas que los derivados de la
pigritia que afecta a más de un@...
En
primero de Bachille
rato, me he encontrado con 18 alumnos de latín (casi la mitad no lo habían cursado en cuarto -como me temía...-), y 13 de griego. He
presentado en sociedad Familia Romana, y hemos hecho ya las primeras páginas para desterrar temores. Es pronto para valorar lo que pueden dar de sí, aunque algunas caras son bien significativas (en el buen sentido...). ¡Ah! Y ya hemos celebrado un cumpleaños.
El latín de
4º de la ESO acoge a 22
intrépidos, lo cual supone más del 20% del total de alumnos del curso. En este caso, veremos si la cantidad es un valor añadido. Como es

tamos al principio, todo va sobre ruedas y las caras son
aún de interés. Incluso los hay que piensan hacer bachillerato científico, y han optado por el latín para hacer acopio de etimologías...
Una novedad de este año: siguiendo con mi intención de
mimar a quienes optan por el latín (bastante tienen ya ellos con soportar que les llamen bichos raros, estudiantes de lenguas muertas y lindezas por el estilo), este curso me he permitido regalarles una agenda en latín. La acaba de editar la Unión Europea y, para los interesados, se puede ver
más información aquí.
Sé que hay otra, que me habría hecho más ilusión, realizada por el entrañable equipo de
Tempore capto, pero no he llegado a tiempo. Otro año será.
Ahora hay que poner en marcha la pesada máquina: echar mano de todos los recursos para dar la vuelta a la inercia estival en la que mucho están aún instalados. Pero eso pasa cada año. ¿Y si esta vez aparece algún
diamante, aunque sea en bruto? Desde hace tiempo, me hago a la idea de que este curso es el mejor. Creo que es la única manera de sacar provecho del talento escondido. Porque lo hay.
Un último apunte para quien pueda estar interesado: mañana se inaugura la temporada de enigmas quincenales en el
blog dedicado a ello.