miércoles, 29 de julio de 2009

¿Ciencias vs Humanidades?

Recientemente, leía esto en un diario digital (preguntaban a la entrevistada -profesora de Física y Química en Secundaria- sobre la formación científica de los bachilleres):
Hasta hace poco la respuesta del sistema educativo para esta formación no era muy acertada. Incluso los que cursaban el bachillerato en Ciencias recibían un gran número de horas lectivas de Humanidades, mientras que los que se inclinaban por estos últimos estudios o por el recorrido artístico no tenían presión de asignaturas científicas. Hay que pensar que en la Comunidad Autónoma Vasca un tercio de las asignaturas están relacionadas con las lenguas -euskera, castellano, inglés- a las que se suman las propias de Humanidades. Hay un peso excesivo de la lingüística en los horarios.

O sea, que la culpa de la poca preparación científica se debe a la abundancia de lenguas y humanidades. Con esta argumentación, los alumnos deberían salir con un bagaje espectacular en lengua... cuando resulta que hablan y escriben de pena.

Siempre me han producido perplejidad (y lástima) los científicos 'puros': los que no solo dejan de lado las humanidades, sino también la 'humanidad'. Resultan fríos y lejanos, como apartados de los problemas reales del mundo, a no ser que se refieran a su estrecho ámbito de estudio.

La excesiva especialización conduce a metas opuestas a las que apunta la sociedad de hoy ('aldea global', socialización, relación, colaboración...). Sinceramente, no creo que se pueda construir un mundo mejor, más justo y más humano, prescindiendo de las lenguas, de la filosofía, de la literatura, de los humanidades, especialmente de las clásicas. Y, lo digo como lo siento, sí se puede lograr ese mundo sin grandes conocimientos de mecánica, de logaritmos o de biología molecular. A lo mejor se me enfada alguien...

lunes, 13 de julio de 2009

Quintiliano

Tenía ganas de hacer una relectura de, al menos, una selección de la Institutio Oratoria de Quintiliano. Hoy he recalado en aquellos fragmentos (casi todos del libro II) que dedica a la figura del profesor, y no me resisto a traer aquí unos cuantos por si a alguien le resultan útiles. Al menos, dan que pensar.

Es famoso el retrato que hace Quintiliano del maestro, y de la actitud que ha de mantener ante sus alumnos. Por ejemplo, en cuanto a las manifestaciones de su carácter, despliega este catálogo de dotes:
Su austeridad no debe ser triste, ni su familiaridad relajada, para que no surja de aquella el odio ni de esta el desprecio. (...) advertirá más frecuentemente, que castigará. Tampoco debe ser colérico, encubridor de lo que hay que corregir. Será sencillo al enseñar, soportará el esfuerzo, será constante antes que impulsivo.
El poder de sugerencia del maestro proporciona buenos resultados de cara al razonamiento de sus alumnos:

El mismo maestro dígales cada día algo, o mejor muchas cosas, que los oyentes puedan comentar con él.

También se entretiene en comentar cómo deben ser las reacciones del profesor ante las intervenciones de los alumnos:

Contestará con gusto a los que le pregunten y a los que no pregunten les interrogará. Al alabar las intervenciones de los alumnos no será ni irónico ni efusivo, porque lo uno produce el tedio para esforzarse y lo otro seguridad excesiva.

Los problemas disciplinarios también estaban presentes en la escuela romana. Se ve que el asunto ya viene de antiguo...

Ahora bien, de ninguna manera se ha de permitir a los muchachos (…) esa liibertad de levantarse de su puesto y dar saltos de júbilo (…) y (…) no sólo se ponen ahora en pie (…) sino que echan a correr y con desvergonzado jolgorio gritan y aplauden a una.

Hoy, estamos deslizándonos, quizá a veces en demasía, por el plano del aprendizaje lúdico. Quintiliano veía en el juego un provechoso instrumento de enseñanza. Esto es lo que dice en el libro I:

Hay hasta algunos juegos no desaprovechables para agudizar los espíritus de los jóvenes, cuando ellos apuestan entre sí con pequeñas preguntas sobre cualquier materia.

Quintiliano nos queda más cerca de lo que a muchos pueda parecer. Le debemos muchas cosas: entre otras, el primer 'plan de estudios' que tuvo Roma, en los albores de una enseñanza publica que daba sus primeros pasos.


miércoles, 1 de julio de 2009

"Una adquisición para siempre"

Acabo de leer una entrevista hecha en Magisterio Español a Jaime Siles, Presidente de la SEEC (para los no iniciados, Sociedad Española de Estudios Clásicos). Como acostumbra a ocurrir en estos casos, las cosas que se dicen suelen ser siempre las mismas, con matices diferentes. Pero hay algo en esta entrevista que me ha llamado la atención: he visto apreciaciones conocidas, pero dichas de manera sugerente e incluso brillante.
Por eso, he querido estresacar algunas ideas que pueden resultar atractivas, en estos tiempos en los que se pone (se vuelve a poner) en cuestión nuestra cultura clásica.

El Latín y el Griego ponen al alma joven en contacto con la cultura de verdad. No con la subcultura, sino con la cultura en toda su profundidad, en todo lo que tiene de lenguaje, de signo, de icono, de religión, de filosofía y de pensamiento político.
Todos los que nos dedicamos a enseñar griego o latín sabemos que los alumnos acaban dándose cuenta de ello. Lo que pasa es que quizá nunca se lo había dicho nadie con anterioridad.

Se escribe mucho mejor cuando se conocen bien las otras lenguas, especialmente aquéllas de las que venimos. Se dicen menos barbaridades, se es mucho más preciso y exacto en el lenguaje.
Y todos somos testigos de las barbaridades que pueden llegar a escribir hoy los alumnos...

Ante las nuevas corrientes pedagógicas que propugnan materias más acordes con el mundo actual, reacciona así:
La pedagogía debe saber distinguir lo que es una adquisición para siempre –que es como definía la historia Tucídides– de lo que es puramente anecdótico e instantáneo. Yo creo que a la juventud hay que educarla en el conocimiento para siempre, en las grandes disciplinas, en aquellas cuyas consecuencias conocemos. No podemos experimentar.
¡Bastante se ha experimentado ya, por desgracia!
Acabo esta selección con otras afirmaciones que no ofrecen ninguna duda:
No sólo se pone al alumno en contacto con la cultura antigua, sino que el trabajo de un texto le enseña a verbalizar la realidad, a representarse lingüísticamente el mundo.

Cada vez que Europa se ha olvidado del Latín y el Griego ha experimentado un gran paso atrás. Ha rozado la barbarie(...).

Cuando perdemos de vista las llamadas Ciencias Humanas o del espíritu nos empobrecemos notabilísimamente, porque son las que nos dan nuestra identidad como seres humanos, las que nos dicen de dónde venimos, quiénes somos y adónde vamos.
Quizá echo en falta un punto de crítica a los poderes establecidos que, a la postre, son quienes nos llevan por estos lodazales...

Se puede leer la entrevista completa aquí.