miércoles 25 de febrero de 2009

Las modas pedagógicas

Una larga vida docente da para mucho. Entre otras cosas, para ver cosas de todos los colores y para ir acumulando experiencia, que de algo sirve.

Y una de las cosas que se vienen produciendo desde hace ya años es el gusto, desmesurado a mi entender, por los experimentos pedagógicos. Ahora, parece que lo se lleva es hablar de las competencias mínimas o básicas. Obsérvese que ya ha pasado a mejor vida aquello de los contenidos mínimos. Como que en esto andamos bastante mal (véanse los informes PISA, que algo indican al respecto), hay que bajar un poco el listón.

Traigo este asunto a colación porque hoy mismo hemos tenido en mi Instituto una sesión de trabajo sobre el tema. A mí me ha sonado a más de lo mismo (en realidad, otra vuelta de tuerca a lo mismo): constructivismo, enseñanza dialéctica (todo hay que hablarlo con los alumnos: solo falta preguntarles si están de acuerdo...), minimalismo (parece como si la pedagogía estuviera empeñada en que cada alumno dé solo lo mínimo que puede dar), burocracia ineficaz, y utilitarismo, grandes dosis de utilitarismo.
Hubo un momento genial en la sesión, cuando la ponente llegó a afirmar que debe desterrarse de la programación todo aquello que no es útil para el alumno.
Y a mí, pobre profesor de clásicas, por poco me da un pasmo. Lo mismo que a la profesora de lengua catalana que tenía al lado, o a la de matemáticas que estaba algo más allá, o a la de filosofía que, al manifestar su desacuerdo, recibió una pequeña regañina, más que una respuesta...
Tendría gracia si no fuera porque es bien triste que llevemos ya unos cuantos lustros educando a alumnos-conejillos de indias (y que me perdonen los alumnos), porque unos cuantos pedagogos iluminados se sienten en la obligación de demostrar que sirven para algo.

sábado 14 de febrero de 2009

Todo un detalle

Hace unos días, recibí un mensaje de Alèxia, una alumna de latín que acabó bachillerato el curso pasado. El motivo era peculiar: traduzco literalmente un párrafo de su misiva:
...En Navidad descubrí un grupo de música que se llama Manel y, en su Cd "Els millors professors europeus" hay una bonita canción que se llama Roma que, cada vez que la escucho, me recuerda todo lo que nos explicabas en clase sobre la antigua Roma. Realmente creo que, cuando estos pequeños detalles te hacen pensar en lo que has vivido y con quién lo has vivido, vale la pena compartirlo. La canción en sí tiene una magia especial; de hecho habla por sí sola: 'Son las cosas buenas de pasar a la eternidad...'
Te adjunto la canción y espero que te guste.
Luego, me puse a escuchar con calma esa canción y, verdaderamente, me gustó. Es toda ella una referencia a la vida en la antigua Roma. No me resisto a traducir del catalán algunos fragmentos de la letra:
Si hubiera nacido en Roma
hace más de dos mil años,
viviría en un imperio, tendría un esclavo
y ánforas en el patio llenas de aceite y vino,
y una estatua de mármol dedicada a mí (...)
No tendría olor a champú tu cabello dorado,
y ofreceríamos bueyes a los dioses,
brindaríamos con soldados

y nos despertaría un carro subiendo por el empedrado.
Y los turistas se hacen fotos (...).
Son las cosas buenas de pasar a la eternidad.
Y la guía les enseña el mosaico del comedor.
Se retratan y pasean por nuestra habitación.
Y ahora un niño dibuja a lápiz, en la sala del museo,
el brazalete de esmeraldas que te envolvía el pie.
Como el lector ya estará suficientemente intrigado, pongo abajo el enlace a la canción para que la disfrute. De todas formas, tanto como la música (o más), me gustó el detalle de Alèxia.


sábado 7 de febrero de 2009

Sagunt y su Domus Baebia

Nuestro viaje a Sagunt, para participar en los talleres de Cultura Clásica, lo preparamos con tiempo en clase. Intenté transmitir a los alumnos lo provechoso y agradable de esa actividad... Al acabar los talleres, la opinión unánime era que no se esperaban algo así. Han vuelto convertidos en forofos de la Domus Baebia Saguntina, y de Amparo, Charo, Juanvi y José María. Hasta aquí, la opinión de mis alumnos.

Yo no puedo convertirme en forofo de los talleres saguntinos porque ya lo soy desde hace un tiempo. Pero aún no conocía, por reciente, la instalación de la Domus. Parece ser que, la víspera de nuestra llegada, las autoridades municipales giraron una visita y quedaron pasmadas de cómo se había transformado lo que, hace apenas cuatro meses, era uno de sus edificios de oficinas: no esperaban nada parecido.

No voy a extenderme en elogios, aunque serían todos merecidos. Simplemente debo dejar algo claro, para quien no lo sepa: no hay nada igual en ningún sitio y, sin duda, se trata de una de las mejores actividades didácticas que se pueden realizar hoy en día. Y, además, ¡es de nuestras materias!
Durante dos mañanas, trabajamos en los talleres de Cocina, Tiempo, Mosaico y Cosmética. De cada uno, los alumnos se han llevado un objeto hecho por ellos pero, sobre todo, se han llevado una buena carga de cultura clásica asimilada con ganas y entusiasmo. A ello contribuyó, sin duda, el grato ambiente que se creó desde el primer momento.

Añadiré un detalle que habla por sí solo: un alumno cumplía 17 años el último día de nuestra estancia. La ocasión fue captada al vuelo por Charo y por Amparo y, al finalizar nuestro último taller, celebramos una muy apropiada ceremonia del paso a la edad adulta (dies uirilis togae), aunque aún faltaban días para las fiestas Liberalia...

Si, a quienes leen estas líneas, les es factible acercarse a Sagunt y a su Domus Baebia, no quedarán defraudados. La experiencia vale un viaje, aunque sea largo.

domingo 1 de febrero de 2009

De Tarraco... a Sagunt

Esto es un no parar. Del miércoles al viernes pasado, Tarraco vivió una nueva etapa del proyecto 'Dos mil años por correo', comenzado hace ahora un año. Hacia allá me fui con los alumnos de segundo de bachillerato, que tienen como materia de selectividad precisamente la capital de la Tarraconense.
Esta vez no pudo acudir el grupo de Benicàssim, aunque Ana quiso estar el viernes en la despedida, junto con Sebastià y Jose (¡gran detalle!). Sí que estuvieron los de A Estrada (también de segundo de bachillerato), y una muy nutrida representación de Almendralejo (de 4º de la ESO a segundo de bachillerato).
Si se aprovechan bien, reuniones como la de Tarragona sirven de mucho: conocimiento y estudio de lugares de nuestra historia clásica, nacimiento y consolidación de nuevas amistades, intercambio de experiencias entre profesores... De todo ello hubo en Tarragona.
Ahora, a esperar la última actividad del proyecto... en Mérida.

Pero antes (es decir, ya), un viaje a Sagunt y a la recién estrenada Domus Baebia Saguntina con mis alumnos de cuarto. Será como un añadido a 'Dos mil años por correo', con lo cual habrán estado implicados todos los alumnos de latín del Instituto. Participaremos en cuatro talleres (cosmética, cocina, mosaico y cómputo del tiempo) y visitaremos el Museo y los restos romanos de la ciudad (teatro, castillo, foro...). Habrá cumplida reseña dentro de pocos días.