Recientemente, leía esto en un diario digital (preguntaban a la entrevistada -profesora de Física y Química en Secundaria- sobre la formación científica de los bachilleres):Hasta hace poco la respuesta del sistema educativo para esta formación no era muy acertada. Incluso los que cursaban el bachillerato en Ciencias recibían un gran número de horas lectivas de Humanidades, mientras que los que se inclinaban por estos últimos estudios o por el recorrido artístico no tenían presión de asignaturas científicas. Hay que pensar que en la Comunidad Autónoma Vasca un tercio de las asignaturas están relacionadas con las lenguas -euskera, castellano, inglés- a las que se suman las propias de Humanidades. Hay un peso excesivo de la lingüística en los horarios.O sea, que la culpa de la poca preparación científica se debe a la abundancia de lenguas y humanidades. Con esta argumentación, los alumnos deberían salir con un bagaje espectacular en lengua... cuando resulta que hablan y escriben de pena.
Siempre me han producido perplejidad (y lástima) los científicos 'puros': los que no solo dejan de lado las humanidades, sino también la 'humanidad'. Resultan fríos y lejanos, como apartados de los problemas reales del mundo, a no ser que se refieran a su estrecho ámbito de estudio.
La excesiva especialización conduce a metas opuestas a las que apunta la sociedad de hoy ('aldea global', socialización, relación, colaboración...). Sinceramente, no creo que se pueda construir un mundo mejor, más justo y más humano, prescindiendo de las lenguas, de la filosofía, de la literatura, de los humanidades, especialmente de las clásicas. Y, lo digo como lo siento, sí se puede lograr ese mundo sin grandes conocimientos de mecánica, de logaritmos o de biología molecular. A lo mejor se me enfada alguien...


