miércoles, 19 de noviembre de 2008

UNAS REFLEXIONES

La vida del profesor no siempre es plácida, aunque algunos tengamos la suerte de disfrutar con nuestro trabajo. Hoy he estado reflexionando sobre ello a raíz de unos, llamémoslos así, desajustes surgidos con algunos alumnos.

El asunto no es preocupante, y muchos colegas quisieran tener solo esos problemas, pero a mí esas cosas me producen tristeza: ver que se resquebraja un buen ambiente conseguido a base de mutua confianza; tratar de enderezar la situación de manera amable y no recibir respuesta; notar que hay personas un tanto reacias a reconocer fallos...

Son reflexiones sinceras que no sé por qué pongo por escrito. Quizá porque pueden servirle a alguien. O quizá porque sé que algunos de mis alumnos suelen pasarse por este blog.

Tengo confianza en que las cosas vuelvan a ser las que han sido durante más de un año: ambiente grato de trabajo, relación cordial, trato amable y distendido. En definitiva, un marco adecuado para enriquecernos mutuamente, porque la educación es eso: enseñar y aprender. No enseñar uno y aprender otros, sino enseñar y aprender todos de todos. O sea, el título de este blog.

Siento que el tono de esta entrada sea tan distinto del habitual. Espero que sea la única excepción. Más bien estoy seguro de ello, confiado en la capacidad de reacción de mis alumnos.

6 comentarios:

merche dijo...

¡Vaya! Veo que no soy la única que está pasando momentos complicados con alumnos. Mucho ánimo, seguro que en tu caso pronto la situación se normaliza. Yo lo tengo más difícil y me encuentro muy sola en mi lucha. Saludos cordiales.

planseldon dijo...

Luis, tu reflexión me invita a hacerte yo otra, perdona si es algo extensa.

Yo he trabajado dos años en Grecia en la enseñanza de español, cinco como profe de griego en la Mancha y, como sabes, ahora estoy un curso en Francia como profe de español en un liceo.

En Grecia el trabajo era el paraíso: para los alumnos la clase de español era el mejor momento de la semana. Venían cansados de sus trabajos o de sus estudios y a clase entraban a disfrutar y a aprender. Incluso cuando yo no daba bien la clase (cosa que pasaba con frecuencia, pues era novato), notaba que ellos colaboraban al máximo para que las cosas salieran bien. Había días que llegaba a clase agobiado por mis problemas personales y salía cantando de alegría.

Cuando me saqué la oposición de griego y empecé a trabajar en España, literalmente me caí de la nube. Yo llegué con una vocación enorme y además ahora iba a enseñar lo que verdaderamente me gustaba -el griego antiguo- y, sin embargo, en seguida noté que había algo que no me gustaba: mi labor ya no era sólo enseñar la lengua, tenía, además, que despertar el interés y el gusto de mis alumnos por aprender. Eso es algo que no me esperaba, y fue mucho más duro de lo que al principio pensé.

En mis cinco años en la Mancha -donde volveré el curso que viene de mi aventura Francesa, si Dios quiere- tuve muchos "fracasos". Es decir: en muchos de mis alumnos nunca logré despertar el gusto por aprender y el interés por la verdadera filología. Sólo con una promoción disfruté plenamente de la satisfacción de conseguir que todos los alumnos (eran 6) se enamoraran verdaderamente de la asignatura. En las otras promociones, tuve éxitos, pero también fracasos. A veces unos pocos, otras muchos... no digo que no aprendieran, pero para mí es muy duro saber que ese aprendizaje no va acompañado del disfrute y la pasión por aprender.

Me he dicho muchas veces que no debo desanimarme por ello, que lo importante es hacer las cosas lo mejor posible y esforzarse por hacer bien las cosas, que no siempre se puede tener éxito con todos. Pero aún así no puedo dejar de sentir una enorme tristeza cuando termino una clase y veo que mis alumnos no han mostrado interés. Incluso si han aprendido mucho griego. La verdad es que eso no es lo que más me importa, que aprendan mucho griego. Lo que yo quiero es que aprendan a amarlo.

¡Un abrazo y ánimo! Los que leemos tu blog sabemos lo muchísimo que vales :D

Luis Inclán dijo...

Gracias, Merche y Carlos, por vuestros ánimos. Ya he dicho que no es un asunto grave ni preocupante. Simplemente, me duele. Pero la cosa saldrá adelante: ya he recibido algún mensaje de mis alumnos.
Saludos.

Ana dijo...

Seguro que se arregla, Luis. Tus alumnos valoran tus esfuerzos aunque no siempre sepan como transmitirlo. Me consta, por lo poco que los conozco de los distintos encuentros de los "2.000 por correo", que vuestra relación es muy buena, que te respetan y te admiran, y que tus opiniones y sentimientos cuentan mucho para ellos.
Todos tenemos días mejores, pero estoy convencida de que de esta situación hablarás pronto en pasado y todos aprenderemos de ella. Viene bien de vez en cuando reflexionar de este modo, porque así valoramos más lo afortunados que somos en otras ocasiones.
Ánimos, Luis. Nos vemos muy, muy pronto.

Luis Inclán dijo...

Gracias por los ánimos, Ana. Yo también estoy convencido que todo volverá a su cauce.
Que tengas mañana un buen viaje, y hasta el viernes.

Álvaro P. Vilariño dijo...

Venga Luis, ya verás como con dos albariños se ven las cosas de otra manera!