viernes, 26 de enero de 2007

LA VIDA EN UN BLOC

¡La educación! Una palabra llena de matices y una tarea de toda la vida. A veces, una idea brillante abre nuevos horizontes enriquecedores. Y hoy quiero mostrar a los lectores una de esas ideas que, además, viene de una persona muy joven. Una idea verdaderamente sugerente.

Nausicaa es una estudiante de bachillerato, futura universitaria de Filología Clásica, que ya ha aparecido alguna vez en este blog. Ahora, colabora también en otro blog de un conocido periodista. Precisamente ahí, hace unos días, leí el artículo que deseo reproducir, traducido al castellano. Dice así:

A medida que pasa el tiempo, cada vez soy más consciente de que el éxito de la vida de alguien (...) depende de su educación. La persona, desde pequeña, va experimentando y captando cuanto hay a su alrededor. Una infinidad de factores van afectando y configurando su vida. Toda la gente que le rodea le aporta alguna cosa. Cuando hablo de educación, no hablo de las clases de libreta y pizarra. Eso también es importante, por supuesto, pero me refería evidentemente a otro tipo de educación. En esta educación participa todo el que pasa por la vida de una persona.

Percibo que soy como un cuaderno donde han escrito muchas personas. Hay gestos y expresiones de la gente más directamente relacionada conmigo, sobre todo de los de casa. Intereses, inquietudes, maneras de pensar de los que cada día se entretienen en ocupar dos o tres páginas. En este cuaderno también han escrito muchos de los profesores que he tenido, y algunos de los últimos años (sobre todo, un par), largas redacciones hablando de temas muy diversos. Mis amigos también han ocupado páginas y páginas, modificando mi carácter a base de aportarme buenas experiencias, muchos recuerdos -buenos y, a veces, también malos- que me han marcado considerablemente.

Cada uno de nosotros es ese cuaderno en blanco donde todo el mundo se para a escribir más o menos. Los hay que escriben un poco cada día, quienes ponen un párrafo, quienes sólo firman, los que de repente un día dejan de escribir... Algunos escriben a lápiz, y con el tiempo su redactado se puede ir borrando. Otros utilizan tinta, y algunos hasta escriben con pluma. Poco a poco se van gastando las páginas y, cuando se acaban, nosotros les ponemos el título.

No tengo intención de comentar demasiadas cosas, porque el escrito es suficientemente claro. Tan sólo se me ocurre incidir en el punto de vista, no del educando (como hace Nausicaa) sino del educador: si todos valorásemos de verdad la influencia que ejercemos a diario en quienes nos rodean, seríamos mucho más cautos a la hora de actuar.