viernes, 13 de noviembre de 2015

¿Por qué Grecia?

Últimamente, me estoy dedicando bastante a las relecturas. Ahora, acabo de revisitar Por qué Grecia, de Jacqueline de Romilly, un gran ensayo sobre el legado helénico.

El lúcido análisis de la realidad griega clásica, lo escribió Romilly cuando tenía casi 80 años. En España se publicó en 1997. Nada puede compararse a la lectura del libro pero, por si sirve para animar a alguien, me permito hacer un resumen de su contenido.

Comienza Por qué Grecia por Homero: ahí tienen su papel las relaciones entre los dioses y los hombres.
El segundo capítulo lo dedica a Píndaro y al hombre, que ocupa lugar preponderante frente a los dioses.
El tercero y el cuarto, están destinado a glosar la primera democracia del mundo, la igualdad entre los ciudadanos y la importancia de la oratoria.
La historia ocupa el capítulo quinto, con un estudio muy atinado de las características de Heródoto y de Tucídides.
El sexto y el séptimo se dedican a la tragedia, de su origen en algunos mitos, de sus ansias de universalidad y de la importancia del coro.
La obra acaba, en el capítulo octavo, con la filosofía de Sócrates y de Platón, y la relación del saber con la tragedia.

Hay una preocupación, latente a lo largo de toda la argumentación, por mostrar al hombre como eje del pensamiento griego, y por la tendencia constante a la universalidad, que es lo que hace de Grecia la cuna de "lo clásico".  Y, a mi modo de ver, el punto álgido de Por qué Grecia se halla en el original estudio de la tragedia que nos ofrece Romilly.

Ni que decir tiene que se trata de una obra altamente recomendable para cualquier amante de lo clásico, y que debería ser de lectura obligatoria para todo estudiante del ámbito humanístico. Por mucho que algunos la tachen de un tanto chauvinista.

Hace unos pocos años, otro helenista tan enamorado de Grecia como Romilly, Pedro Olalla, nos regaló una conferencia en Sagunt, que llevaba el mismo título. No creo que sea pura coincidencia. Disfrutar ahora del documento audiovisual con que Pedro acompañó aquella conferencia, puede servir como complemento a la enriquecedora lectura del valioso ensayo de Jacqueline de Romilly.