La segunda edición del curso de Chiron en Santiago de Compostela, para profesores de clásicas, tuvo lugar este último fin de semana.
Varios compañeros han reseñado ya lo acontecido en esas pocas pero intensas horas. Así lo hicieron Ana, Margalida, Susana, Fernando Doménech, Fernando Lillo, y el mismo Hermes. Incluso podemos ver abundantes fotos del curso, aquí, aquí y aquí.
Por lo tanto, poco me queda por decir que no haya aparecido ya en las crónicas citadas. Sin embargo, hay cosas que no puedo olvidar y a las que deseo referirme.
Por ejemplo, la vitalidad de las clásicas, por mucho que desde determinados ámbitos quiera silenciarse cuanto se hace por nuestras materias en tantos sitios. Prueba de ello, los treinta profesores que han sacrificado casi todo un fin de semana para formarse.
Por ejemplo, que los sueños pueden hacerse realidad. Cuando hace cinco años nació Chiron, ninguno de nosotros podía imaginar el alcance actual del proyecto ni las docenas de cursos, seminarios, jornadas, congresos... que llevamos ya a cuestas desde entonces. Entre todas esas actividades, los cursos de Santiago tienen algo de especial, porque supusieron el inicio de nuestra tarea formativa.
Por ejemplo, que personas tan distintas sean capaces de aparcar diferencias y de unirse en un objetivo común que merece la pena.
Por ejemplo, que se pueda trabajar intensamente con una sonrisa en la cara; que las horas acumuladas parezca que no pesan, porque el trabajo lo vale y la compañía más aún.
Por todas estas cosas -y otras que me dejo en el tintero-, la experiencia de este fin de semana costará olvidarla. Hace justo ahora tres años, y en este blog, decía sobre la anterior edición del curso: Quedará para el recuerdo, y para los anales de Chiron, una impagable experiencia 2.0... o casi. Porque, aquella vez, la tecnología nos hizo una mala pasada. En esta ocasión, hasta eso funcionó bien. No se puede pedir más.
miércoles 30 de noviembre de 2011
lunes 21 de noviembre de 2011
¿Tienen salida las Humanidades?
Supongo que muchos de los lectores de este blog no necesitan ser convencidos de la bondad de los estudios humanísticos (aunque nunca se sabe...). Pero también hay muchos que son profesores de estudiantes de secundaria, que sí han de explicar a sus alumnos para qué sirven la humanidades.
Por eso, y aunque sea una pura traducción de la entrada del blog de orientación que mantengo, repito aquí lo escrito allí:
Por eso, y aunque sea una pura traducción de la entrada del blog de orientación que mantengo, repito aquí lo escrito allí:
Desde hace bastante tiempo, los estudios universitarios humanísticos son la cenicienta del sistema: casi ninguna universidad llena sus plazas para formar futuros filólogos, filósofos, historiadores, geógrafos ...
Aunque la mayoría de los alumnos universitarios de estos grados suelen ser bastante vocacionales, a veces también aparecen otros alumnos sin motivación o que no han obtenido plaza donde querían ir. Desafortunadamente, también se puede oir - ¡todavía! - el que no vale para otra cosa, que haga letras.
En una época como la nuestra, tan volcada hacia la especialización, tal vez hay que detenerse un poco y pensar si no necesitamos una formación más generalista, con gente que pueda adaptarse a los cambiantes aires del mercado laboral.
No es utópico pensar que, ya hoy, muchas empresas necesitan personal con la flexibilidad que proporciona una cultura amplia, con apertura de miras, sentido crítico, capacidad de abstracción, sensibilidad social ...
Y estas son cualidades que proporcionan muchos estudios de "letras", que no se han atomizado tanto como otros.
Sin ánimo de exhaustividad, escribo a continuación algunos trabajos muy adecuados para los licenciados en los diversos grados humanísticos:
- Enseñanza pública y privada, secundaria y universitaria.
- Bibliotecas.
- Archivos y centros de documentación.
- Departamentos culturales de empresas, bancos y organismos diversos.
- Museos, galerías de arte.
- Departamento de recursos humanos y de relaciones públicas de empresas y otros organismos.
- Mundo editorial.
- Contenidos de Internet, periódicos, emisoras de radio y de TV ...
- Patrimonio y turismo cultural.
- Ayuntamientos y entidades cívicas.
- Agencias de servicios culturales.
- Administración pública.
- Acontecimientos culturales: ferias, exposiciones, talleres, conciertos ...
- Actividades de ONG.
- Mediación y dinamización socio-cultural.
Hace falta, eso sí, que el futuro humanista vea clara su vocación y tome conciencia de que el futuro profesional no será un camino de rosas. Por otra parte, la gran mayoría de los estudios tampoco garantizan un trabajo rápido, estable y gratificante...
Pittacia
cultura,
estudios,
humanidades,
trabajo
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martes 15 de noviembre de 2011
Patrimonio de la Humanidad
La Academia Vivarium Novum, bien conocida por su labor en pro del Latín vivo, acaba de lanzar una petición a la UNESCO para que el Latín y el Griego sean considerados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. En España, los últimos en ser reconocidos como tales, son el flamenco, los 'castells' y el canto de la Sibila en Mallorca.
La solicitud a la UNESCO y la información para su difusión pueden verse aquí.
Animamos a todos los amantes del Latín y del Griego a que firmen la solicitud. Pueden hacerlo on-line aquí.
Y también se puede difundir la noticia tal y como se indica en esta página.
La solicitud a la UNESCO y la información para su difusión pueden verse aquí.
Animamos a todos los amantes del Latín y del Griego a que firmen la solicitud. Pueden hacerlo on-line aquí.
Y también se puede difundir la noticia tal y como se indica en esta página.
lunes 7 de noviembre de 2011
Los asesinos del emperador
Acabo de terminar las casi 1200 páginas de Los asesinos del emperador.
Santiago Posteguillo, que nos sorprendió positivamente en los últimos años con su trilogía sobre Escipión, escoge ahora a Trajano como protagonista de su nueva novela, que tiene toda la apariencia de ser el inicio de una nueva saga.
Los asesinos del emperador tiene los ingredientes necesarios para convertirse en un nuevo éxito de lectores: acción abundante, descripciones adecuadas, ambientación documentada, toques románticos oportunos... Pasan por la novela emperadores, dominae, tribunos, pretorianos, gladiadores (hasta una gladiatrix), legionarios, germanos, dacios... y algún escritor (Plinio el Viejo y el Joven, y Estacio). Por supuesto, el eje de la narración lo sustenta la familia Ulpia (Trajano padre e hijo).
El desarrollo de la novela sigue un esquema similar al de sus anteriores obras (si éstas han sido un éxito, para qué cambiar...): la amistad entre algunos protagonistas vuelve a jugar un papel importante, así como alguna historia de amor poco probable, las intrigas, traiciones y venganzas; incluso vuelve a situar el autor a un literato en relación con la trama: si anteriormente había sido Plauto, ahora se trata de Estacio.
La novela recoge un amplio período del siglo I dC. (desde el final del imperio de Nerón hasta el comienzo del de Trajano), dedicando especial atención a la época del depravado Domiciano. El final de la voluminosa novela describe el ascenso de Trajano al poder, dejando así abierta la puerta a posteriores historias.
Pero, sin que ello sea un demérito para el autor, Trajano –y la familia Ulpia- no es Escipión -y su familia-: ni en amplitud, ni en matices ni en significado. Incluso Estacio no es Plauto. Quizá por eso Los asesinos del emperador se queda en un segundo término al compararla con sus hermanas mayores. Al menos, eso me parece. Sin embargo, se lee con gusto, cuesta dejarla y dosifica la acción de manera inteligente, además de contribuir notoriamente al conocimiento de muchas instituciones y costumbres romanas.
Al final, un apéndice aclara lo que hay de histórico y de ficticio, además de establecer los árboles genealógicos de las familias Flavia y Ulpia, de incluir mapas de batallas (vuelven a estar muy bien descritas por el autor), unos dibujos comentados de los tipos más frecuentes de gladiadores, y un léxico ciertamente completo.
Santiago Posteguillo, que nos sorprendió positivamente en los últimos años con su trilogía sobre Escipión, escoge ahora a Trajano como protagonista de su nueva novela, que tiene toda la apariencia de ser el inicio de una nueva saga.
Los asesinos del emperador tiene los ingredientes necesarios para convertirse en un nuevo éxito de lectores: acción abundante, descripciones adecuadas, ambientación documentada, toques románticos oportunos... Pasan por la novela emperadores, dominae, tribunos, pretorianos, gladiadores (hasta una gladiatrix), legionarios, germanos, dacios... y algún escritor (Plinio el Viejo y el Joven, y Estacio). Por supuesto, el eje de la narración lo sustenta la familia Ulpia (Trajano padre e hijo).
El desarrollo de la novela sigue un esquema similar al de sus anteriores obras (si éstas han sido un éxito, para qué cambiar...): la amistad entre algunos protagonistas vuelve a jugar un papel importante, así como alguna historia de amor poco probable, las intrigas, traiciones y venganzas; incluso vuelve a situar el autor a un literato en relación con la trama: si anteriormente había sido Plauto, ahora se trata de Estacio.
La novela recoge un amplio período del siglo I dC. (desde el final del imperio de Nerón hasta el comienzo del de Trajano), dedicando especial atención a la época del depravado Domiciano. El final de la voluminosa novela describe el ascenso de Trajano al poder, dejando así abierta la puerta a posteriores historias.
Pero, sin que ello sea un demérito para el autor, Trajano –y la familia Ulpia- no es Escipión -y su familia-: ni en amplitud, ni en matices ni en significado. Incluso Estacio no es Plauto. Quizá por eso Los asesinos del emperador se queda en un segundo término al compararla con sus hermanas mayores. Al menos, eso me parece. Sin embargo, se lee con gusto, cuesta dejarla y dosifica la acción de manera inteligente, además de contribuir notoriamente al conocimiento de muchas instituciones y costumbres romanas.
Al final, un apéndice aclara lo que hay de histórico y de ficticio, además de establecer los árboles genealógicos de las familias Flavia y Ulpia, de incluir mapas de batallas (vuelven a estar muy bien descritas por el autor), unos dibujos comentados de los tipos más frecuentes de gladiadores, y un léxico ciertamente completo.
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