Los simples datos que se mencionaban en la anterior entrada ¿son un episodio pasajero o, por el contrario, insinúan una tendencia? ¿Son algo fortuito o el inicio de un plan premeditado? Se me ocurren algunas consideraciones:
1. Desde hace ya años, hemos presenciado una cierta prevención a cursar estudios de formación profesional: parecía que el bachillerato daba un prestigio al que pocos renunciaban (sobre todo, muchos padres). Y más desde que, con la implantación de la Logse, para acceder a unos y otros estudios se necesitaba superar la ESO. No acababa de arrancar la formación profesional de grado superior y, mucho menos, la de grado medio. La camino que se abre ahora para acceder a la universidad desde la FP es mucho más asequible y gratificante. ¿Será la ocasión buscada para dar brillo a esos estudios, a costa del bachillerato?
2. Tenemos el ciclo preuniversitario (bachillerato) más corto de Europa: dos años que dan para muy poco, tras una educación secundaria obligatoria penosa desde muchos puntos de vista. ¿Acabaremos convirtiendo el bachillerato en algo más inservible aún?
3. Los múltiples informes Pisa y similares no hacen más que hablar de unos niveles bajos en nuestro sistema educativo. Ya hemos padecido intentos de elevar la tasa de aprobados en la ESO a base de incentivos económicos. El bachillerato tampoco es un campo de rosas. ¿Optarán nuestros alumnos ahora por el camino de la FP para ir a la universidad, visto lo visto este año?
4. Muchos profesores universitarios se vienen quejando desde hace tiempo del bajo nivel con que llegan los alumnos a sus aulas. ¿Qué dirán ahora, cuando en varias carreras la gran mayoría de los que comienzan lo harán con un bagaje más pobre aún?
Está muy bien no cerrar las puertas de la universidad a quienes, habiendo cursado una formación profesional de grado superior, ven que se les despierta una vocación universitaria. Pero no cerrar puertas no significa quitarlas y dar barra libre. Para ir a la universidad ya existe el bachillerato (en realidad, está concebido para eso), mientras que la FP está pensada para acceder al mundo del trabajo.
Una de dos: con semejantes desaguisados, o nos cargamos el bachillerato, o bajamos aún más la calidad de los estudios universitarios.
...O quizá ambas cosas...
sábado, 24 de julio de 2010
viernes, 23 de julio de 2010
Atajo hacia la universidad
Con la publicación de las asignaciones de plaza para estudios universitarios y de las notas de corte, ha salido a la luz algo que se veía venir: la incorporación masiva a la universidad de titulados en formación profesional.

Los cupos que hasta ahora existían para estos titulados han dado paso a su participación en una bolsa común con los estudiantes provinentes del bachillerato y las PAU, para lo cual se han establecido unos criterios específicos.
Los primeros acaban sus estudios con una nota sensiblemente superior a los segundos (entre uno y dos puntos más alta), y sin un examen (las PAU) que sirva de factor armonizador.
El resultado es que algunos estudios han estado prácticamente copados por alumnos que han hecho un Grado Superior. Esto es lo ocurrido en carreras como Educación Social, Psicología, Enfermería... Y es especialmente clamoroso en Educación Infantil, donde han ocupado bastante más del 80% de las plazas disponibles (datos de las universidades públicas de Catalunya). Además, la mayoría de estos nuevos universitarios provienen del Grado Superior de Administrativo...
En cifras globales, resulta que casi 6.000 estudiantes procedentes de las PAU aún no tienen asignada plaza en la universidad, mientras que son sólo 1.000 los que vienen de la FP y se encuentran en esta situación.
Los estudios de Formación Profesional venían siendo, hasta el momento, una vía dirigida hacia el mundo del trabajo. Ahora ha llegado a convertirse en un atajo hacia la universidad: más largo que el bachillerato, pero mucho más asequible. Parece que en ambientes universitarios se ha comenzado a observar esta tendencia con inquietud.

Los cupos que hasta ahora existían para estos titulados han dado paso a su participación en una bolsa común con los estudiantes provinentes del bachillerato y las PAU, para lo cual se han establecido unos criterios específicos.
Los primeros acaban sus estudios con una nota sensiblemente superior a los segundos (entre uno y dos puntos más alta), y sin un examen (las PAU) que sirva de factor armonizador.
El resultado es que algunos estudios han estado prácticamente copados por alumnos que han hecho un Grado Superior. Esto es lo ocurrido en carreras como Educación Social, Psicología, Enfermería... Y es especialmente clamoroso en Educación Infantil, donde han ocupado bastante más del 80% de las plazas disponibles (datos de las universidades públicas de Catalunya). Además, la mayoría de estos nuevos universitarios provienen del Grado Superior de Administrativo...
En cifras globales, resulta que casi 6.000 estudiantes procedentes de las PAU aún no tienen asignada plaza en la universidad, mientras que son sólo 1.000 los que vienen de la FP y se encuentran en esta situación.
Los estudios de Formación Profesional venían siendo, hasta el momento, una vía dirigida hacia el mundo del trabajo. Ahora ha llegado a convertirse en un atajo hacia la universidad: más largo que el bachillerato, pero mucho más asequible. Parece que en ambientes universitarios se ha comenzado a observar esta tendencia con inquietud.
martes, 13 de julio de 2010
Mirar hacia otro lado
Hace ya bastante tiempo, leí un artículo muy atinado (como siempre) de Aníbal de la Torre sobre los problemas de nuestro sistema educativo. Creo recordar que había muchos diagnósticos acertados, pero me llamó especialmente la atención uno. Más o menos, venía a decir que si los adolescentes se dedicaban al botellón, la medida a tomar era que no dejasen el suelo hecho un asco...En nuestro mundo educativo hay muchas pseudo-soluciones de ese tipo que intentan mirar hacia otro lado, desviando la atención del problema real. Se me ocurren algunas:
Hay mucho fracaso escolar en la ESO y son bastantes los alumnos que no logran culminarla. La respuesta que suele dar la administración educativa consiste en incentivar (a veces económicamente) a los centros que más aprueban. Con lo que el nivel va inexorablemente bajando.
La atención de los alumnos está por los suelos: repartamos portátiles a todos para que tengan su juguetito. Además, dicen, se ahorra en libros porque los textos digitales son mucho más baratos. Hace pocos días leí que, en previsión de un mal funcionamiento de internet, es mejor que los alumnos dispongan también del libro convencional...
Ante determinadas conductas de riesgo, se montan talleres, campañas, etc., (habría que discutir si eso le corresponde al centro escolar) para favorecer el uso responsable de tabaco, alcohol, sexo, drogas...). ¿Cuál es el uso responsable en esas edades?
La desatención de muchos jóvenes por parte de sus padres se intenta solucionar cargando sobre la escuela funciones que no le son propias, y que están más próximas a las de guardería de adolescentes o similar. Nuestros centros se están convirtiendo en muchas cosas, menos en lo que les toca...
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