jueves, 3 de julio de 2008

Tan igual... y tan diferente

Son unos días peculiares, estos de final de curso-comienzo de vacaciones. Peculiares, pero nunca iguales. Es época de balances: voluntarios (cómo nos ha ido el curso, qué cosas deberemos pulir para el próximo...) y forzosos (porque en la selectividad también le examinan a uno...). Y, con frecuencia, las circunstancias nos llevan a recapacitar sobre nuestro mundo educativo.

Este preámbulo tiene su explicación porque estos días he hablado y he intercambiado correos con algunos alumnos y ex-alumnos. No lo puedo evitar: cada vez que tengo una de estas conversaciones siento que se me añade un grano de experiencia -agradable o no- a la acumulada durante años. Y, como suelo hacer, explico algunos de esos casos. Quizá sirvan para que otros piensen también un poco.

"Isabel" ha suspendido la selectividad, con una nota baja. Tampoco su promedio de bachillerato iba mucho más allá del 5... Hubo profesores que tuvieron un detalle de generosidad, gracias a lo cual aprobó el bachillerato. Después de esto, lo que cuesta admitir es que su madre reproche al centro que a su hija no se le hubiera subido la nota para ir a la selectividad con más garantías. Penoso, muy penoso.

"Elena", en cambio, ha aprobado la selectividad. Ha sido bastante hábil para superar los obstáculos sin 'gastarse' demasiado. Lo que ocurre es que no podrá entrar allí dónde quería porque se le 'pasó' la fecha para inscribirse en las pruebas de admisión... También penoso.

Acabo de recibir un correo electrónico de "Ana". Me cuenta sus notas de selectividad (que han sido buenas) y su notable global de promedio. Ella suele ser de pocas palabras, pero al final se descuelga con un agradecimiento por haberla ayudado en su formación académica y como persona. Aunque alguien piense otra cosa, ¡hay gente agradecida! Es también el caso de "Sara" que, después de exultar por sus notas, agradece los ánimos que les he dado, sobre todo en ocasiones delicadas. O el de "Eva", que valora el hecho de que la haya escuchado en los malos momentos.
De todas formas, yo también tengo muchas cosas que agradecer a mis alumnos. Algún día hablaré de ello.

Un caso bien curioso me sucedió ayer: me encontré con "Celia", que acabó el pasado año en el Instituto con buenas notas y comenzó a estudiar Educación Infantil. Me explicaba que dejó la carrera en enero porque no acababa de satisfacer sus expectativas. Ahora está trabajando y el próximo curso comenzará Humanidades. Lo sorprendente del caso es el efecto mimético que se ha producido en dos compañeros de su mismo curso del Instituto: "José" y "Lina", que también habían empezado Magisterio, acabarán igualmente en Humanidades... Y eso que en su casa les están diciendo que se morirán de hambre.
Cada año pasan cosas de este estilo, aunque siempre son diferentes. Desde luego, en el mundo de la enseñanza no hay lugar para el aburrimiento.