domingo, 4 de noviembre de 2007

AHORA RESULTA QUE SOMOS ÚTILES...

Desde hace ya tiempo, las denominaciones con resonancias clásicas abundan en las empresas y marcas comerciales. Los nombres en latín o en griego suenan bien, independientemente del producto que se trate de vender.

Ayer apareció en El Mundo un artículo que analizaba esta tendencia y que dejaba clara la preponderancia de la terminología grecolatina. El hecho es que, de las 128 empresas que aparecen en la Bolsa española, tan sólo cuatro mantienen un nombre anglosajón; del resto, cada vez hay más que optan por la sonoridad del griego y, sobre todo, del latín.
Las hay ya veteranas, como Argentaria; otras, más recientes, como Realia, Solaria, Criteria, Logista, Dinamia, Itinere, Globalia o Eolia.

La relación de vinos con denominación latina o griega es muy amplia: Oremus, Aurum, Primium, Augustus, Placet, III Milenium, Thermantia, Protos... Parece que la influencia de Dionisos es determinante...

Y la lista de modelos automovilísticos no va a la zaga: Vel Satis, Modus, Clío, Signum, Focus, Transit, Phaetón, Auris, Prius, Micra, Ypsilon, Fabia, Octavia...

Todo esto coincide con el sempiterno declive de nuestras materias en la enseñanza. Al menos, donde tienen la suerte de contar con una asignatura que desvela la tradición clásica en el mundo actual están de enhorabuena: materia no les falta. Véase, si no, el blog colectivo de varios centros de la comunidad valenciana, que se nutre exclusivamente de los hallazgos de sus alumnos en todo lo que atañe a referentes clásicos.

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