domingo, 9 de abril de 2017

Los Ludi Saguntini

Pronto hará diez años, publiqué aquí mismo una entrada titulada "El 'milagro' valenciano". Se debía, en aquel momento, al auge que ya cobraban las nuevas tecnologías, para la aplicación didáctica entre las gentes de Clásicas. Y cómo se veía revitalizado todo ello gracias a las nuevas  generaciones de latinistas y helenistas, que se podían ver cada otoño en las Jornadas de Cultura Clásica de Sagunt, que aparecieron varias veces en este blog.

Ahora, y con ocasión de la celebración de los XXI Ludi Saguntini, he tenido la oportunidad de disfrutar de nuevo, aunque fuera brevemente, del 'milagro' valenciano y del ambiente clásico en esa ciudad. Los Ludi combinan la realización de diversos talleres y la asistencia a representaciones de comedias latinas y de tragedias griegas en el teatro romano de Sagunt. Con una duración de cinco días, han pasado por la ciudad más de 14.000 alumnos, procedentes la gran mayoría de la Comunidad Valenciana.

De la mano de la asociación Ludere et discere, se ha podido llegar a las XXI ediciones de los Ludi que, desde hace siete años, tienen continuidad a lo largo del curso escolar en la Saguntina Domus Baebia, una iniciativa única, no solo en España, sino también en Europa. Actualmente, pueden realizarse en la Domus diecisiete talleres sobre el mundo clásico (tessellae, fibulae, ars cosmetica, tempore capto, de re coquinaria, aetatis hominis, etc., etc.).


El trabajo de las profesoras Amparo Moreno y Charo Marco, responsables de la Domus, es admirable: por su dedicación al progreso de la didáctica de la cultura clásica, por su labor de investigación constante, que puede verse reflejada en las páginas de su blog, donde se menciona la historia e información de su proyecto, los objetivos del aula, etc., y por su paciente y entusiasta atención a los miles de alumnos que anualmente pasan por las aulas de la Domus.

Creo, sinceramente, que cualquier docente de clásicas de este país debe pasar por Sagunt y asistir, aunque solo sea un día -y, si es posible, con sus alumnos-, a los Ludi Saguntini. Saldrá reconfortado y con ánimos renovados para su tarea diaria. Y, además, si le apetece compartir la anual Jornada de Cultura Clásica, mejor que mejor, para él y para su tarea educativa.


sábado, 4 de febrero de 2017

Educar

Una afirmación acertada dice que los niños han de ir a la escuela bien educados por sus padres.  No es que la escuela no deba cooperar en la educación, además de promover la enseñanza, que es su principal misión. Pero es solo cooperadora en esa tarea: los padres tienen la indelegable obligación de velar por la educación integral de sus hijos  como personas.

Cuando me encontré por las redes con la tira (pesimista, pero no exenta de realidad) del genial Quino, que ilustra estas líneas, me vinieron a la mente algunas consideraciones sobre la responsabilidad de los padres y la de la escuela.  Pero también pensé inmediatamente en un hecho que vengo presenciando desde hace más de un año. Un hecho positivo, ejemplar y esperanzador

El caso es que descubrí en su momento a una escritora novel -y joven- que justo entonces comenzaba a publicar cuentos para niños, aunque ya tenía en la calle una novela corta (El secreto de los Mc Jeffersson), muy bien recibida, por cierto.  Sin embargo, lo más llamativo era observar que la autora (Dulce Victoria es su nombre) escribía esos cuentos con una finalidad claramente educativa y solidaria. Y ambas cosas me llamaron poderosamente la atención. 

Por un lado, en sus narraciones procura proponer a sus pequeños lectores algún valor que puedan incorporar a sus vidas (generosidad, respeto, comprensión, solidaridad...). Eso supone, sin duda, una valiosa ayuda para los padres y educadores.
Y, por otro, muchos de esos cuentos van dirigidos a aliviar y alegrar a niños enfermos. Así, mantiene una página en Facebook titulada "Cuentos solidarios", donde escribe y publica historias dirigidas a niños enfermos, y colabora activamente con el Hospital Sant Joan de Déu, proporcionándole cuentos dedicados a niños con enfermedades raras.  Por ejemplo:  "El jardín de las maravillas", "Margarita", "Martina no quiere hacer los deberes", "Tomás es un campeón", o "El invento navideño".

Me consta que muchos de esos cuentos, como también los que publica en un diario de su ciudad semanalmente, son objeto de lectura y comentarios en los hogares de los niños, y en varios colegios.

Estoy bien convencido de que, si cundiera el ejemplo de la propuesta que, solidaria y generosamente, ha hecho Dulce Victoria en pro de la educación infantil, los niños sí que irían bien educados a sus clases en la escuela. Pero, como siempre, todo debe empezar en la familia...


sábado, 21 de enero de 2017

Volver al aula

Aunque sea temporalmente, volver al aula siempre resulta gratificante.

Hace unos meses, me propusieron impartir un curso de Introducción a la Mitología Griega, para gente mayor, en nueve sesiones. Se desarrolló durante el último trimestre de 2016, y participaron 24 personas. El programa lo formaban los grandes temas mitológicos: Cosmogonía, Teogonía, ciclos míticos de Troya, de Tebas, de los Argonautas, y algunos de los grandes amores (o desamores) legendarios: Eros y Psique, Eco y Narciso, Apolo y Dafne... 

La experiencia ha sido muy agradable: volver a sentirse profesor, aunque los alumnos sean bien diferentes, rejuvenece. Al menos a mí. Ver la reacción de los asistentes, sus preguntas, su atención... y su asombro ante lo desconocido para la mayoría, evoca los buenos recuerdos de tantos años pasados en las aulas...  No es que todos sean buenos pero, por suerte,  el tiempo acaba ocultando los episodios negativos.


Al final de las sesiones, los asistentes tenían ganas de más. Y han logrado, de la dirección de esos cursos y de mí (no me ha costado mucho, la verdad), que haya continuidad. Así que, dentro de pocos días, reemprenderemos los mitos, durante otras nueve sesiones. Nos esperan Orfeo y Eurídice, Perseo, las Musas, Píramo y Tisbe, Meleagro y Atalanta... Y todo, con las ganas de volver a comenzar, de ver las caras de interés de unas personas que, a pesar de la edad, no han perdido la ilusión por aprender, ni la capacidad de asombro.


jueves, 1 de diciembre de 2016

"El pseudopedagogo moderno"

A veces, ideas que te rondan por la cabeza, y que querrías expresar por escrito, pero no lo haces, las ves plasmadas en papel -o en la pantalla de ordenador- por alguien que lo expone mucho mejor que tú.  

Es el caso del artículo "El vestido nuevo dels pseudopedagogo moderno" (título y texto en catalán; la traducción al castellano es mía). En él, el profesor de Literatura de la Universitat Autònoma de Barcelona Jaume Aulet, desenmascara todas las trampas que la pseudopedagogía ha ido poniendo en el camino de la educación. 

El artículo es largo, y animo a su lectura a quienes entiendan mínimamente el catalán. Para los demás, escojo unos pocos párrafos traducidos:
Una de las cosas que he aprendido con el tiempo es que dar clase de literatura (o de cualquier otra materia) es, en el fondo, algo muy sencillo. Quiero decir que no hacen falta grandes recursos, ni grandes divagaciones de fondo sobre competencias y grados de aprendizaje. Lo que hace falta, por encima de todo, es un buen maestro capaz de hechizar a los alumnos. Todas las teorías pedagógicas, materiales docentes, recursos tecnológicos, aplicaciones informáticas, etc., son útiles precisamente porque pueden complementar el trabajo de este maestro en determinados momentos concretos. Pero no hay nada, nada de nada, que sea tan poderoso como su palabra y la de los escritores que se estudian.
Con el paso de los años he ido observando con asombro creciente como, con la apariencia de la Innovación Docente, se apodera de nuestro trabajo una serie de profesionales de las Ciencias de la Educación (algún día se darán cuenta que la Educación no es una Ciencia, sino que es algo mucho más importante, y todos juntos respiraremos tranquilos) que, después de haber medio desmantelado la enseñanza secundaria, ya hace un tiempo que han accedido -juraría que con propósitos similares- a la enseñanza universitaria. Por eso ahora, en vez de dar clase, se ve que hacemos «actividad docente con apoyo presencial», que el «profesorado» «imparte» al «alumnado». Asimismo, ahora aquellos programas de la asignatura han pasado a ser «guías docentes» rellenas de una enumeración interminable de «competencias» (que pueden ser «básicas», «específicas« o «transversales»), cada una de ellas con un código diferente, el cual debe hacerse casar con los correspondientes códigos de un apartado sobre «resultados del aprendizaje» y con un conjunto de «actividades formativas» («dirigidas», «supervisadas" o "autónomas»), las cuales también están convenientemente codificadas...
Por suerte, como todo es tan complicado, la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) -es de agradecer- nos facilita el trabajo. Para ello ha creado una Oficina de Calidad Docente (OQD) que, a su vez, ha establecido una Unidad de Formación e Innovación Docente (UFIDA). Hace pocos días recibí un correo en el que me hacía saber, literalmente, que "La Unidad de Formación e Innovación Docente de la Oficina de Calidad Docente (OQD), (...) inicia una nueva edición del Plan de Formación Docente: Formación permanente y Formación para noveles (Programa FDES)».  De entre los numerosos cursos previstos en la «oferta formativa», ahora no sé si apuntarme al de «Cómo convertir nuestras actividades de enseñanza y evaluación en problemas competenciales, auténticos y profesionalizadores», el de «Dirección TFG / TFM en emprendimiento en TIC », el de «Rúbricas para evaluar competencias», el de «la importancia del feedback y el feedforward en la evaluación de las competencias de los estudiantes», el de «Introducción a la Gamificación para la Educación superior», el de «Identidad docente e Incidentes críticos», el de «la Guía docente como herramienta clave en la planificación docente y el aseguramiento de la calidad»o el de «Emprender y enseñar: Técnicas de emprendimiento a el aula».
Y es que llega un momento en que la paciencia se acaba y hay que empezar a decir las cosas por su nombre. ¡Basta ya de tanta sensatez fingida y de tanta resignación paciente! Si la pseudopedagogía moderna se pasea desnuda, como el emperador del cuento, alguien debería advertirlo. Habría que pararlo, todo ello, antes de que la enseñanza universitaria se vaya al traste. Y luego, habría que volver atrás hacia la secundaria, donde el cáncer -desgraciadamente- está ya mucho más extendido.
Ahora que hablamos tanto de desobediencia, quizás es el momento de ejercerla y de plantarnos para reivindicar un cambio de orientación, para redescubrir los valores más sencillos y nítidos de lo que es la Educación. Aunque alguna facultad universitaria deba plantearse un cambio de nombre o una pila de gestores y de burócratas se queden en la calle (o tengan que volver a las aulas a hacer el esfuerzo de enseñar algo). Estoy convencido de que nuestros alumnos nos lo agradecerían. Y nuestros maestros, aquellos que nos han ayudado a formarnos, también.

Vuelvo a recomendar vivamente la lectura del artículo entero, que se puede hacer aquí.


martes, 11 de octubre de 2016

Jacqueline de Romilly

No es la primera vez que la ilustre helenista francesa se asoma a este blog. Y muchas más que debería aparecer, porque sus agudas observaciones merecen ser escuchadas una y otra vez.

Ahora, que la enseñanza del griego vuelve a retroceder -por enésima vez, y ya no sé cuantas...- me encontré hace pocos días con unas frases de Romilly, procedentes de una larga entrevista del año 2008, justo dos antes de su fallecimiento. Son palabras que sirvieron en su momento, y que sirven ahora, más que nunca.  Las copio sin más comentarios.


- ¿Lo malo que encuentro? muchas cosas… Naturalmente, lo peor que veo, y nadie me seguirá para catalogarla en el primer lugar, es la crisis de la enseñanza del griego; pero pienso que la crisis de la enseñanza del griego esconde un mal mucho más profundo: la crisis de la enseñanza literaria en general, de la lectura de las grandes obras, del retorno a las grandes obras, del sentimiento de la belleza, de la emoción, de la herencia que se recibe por
intermedio de la literatura. Pero eso va mucho más lejos, porque esta crisis refleja la crisis del pensamiento, de la sensibilidad. Esto me impresiona mucho, yo vivo en contacto con la ciudad griega, que naturalmente fue una pequeña sociedad. Esto es conocido, pero donde la gente tenía el sentido de la solidaridad, del bien común, la ciudad eran ellos, y ellos se sentían orgullosos y no  revindicaban tal o cual libertad con respecto a la ciudad,  sino gracias a la ciudad... ahora me parece terrible que eso haya desaparecido. 
 -Le voy a decir una cosa, la verdad: me considero muy pesimista, pero cada vez que hablo en una conferencia, o ante alumnos, en cualquier parte, me dicen: ¡ah cómo es usted de optimista! y sin embargo digo lo que pienso…esto quiere decir que encuentro la situación actual inquietante y llena de peligros; sin embargo, sigo confiada en las posibilidades humanas de empezar de nuevo, de erguirse; con la ayuda del pasado inventar algo mejor…el arranque es siempre posible y algunas veces llega muy rápido.