miércoles, 10 de septiembre de 2008

ABRIR PUERTAS

En vísperas del inicio de un nuevo curso escolar, la situación de nuestra enseñanza suele ser tema recurrente en más de un medio. Y, casi siempre, para poner de manifiesto que algo falla para que nuestro sistema educativo dé muestras, año tras año, de una situación harto deficiente. Casi todo el mundo coincide en que algo va mal, pero todo continúa casi igual, porque quedarse en el lamento pocas cosas arregla. Y casi siempre nos quedamos en el lamento, cuando no ocurre que aparece algún gurú iluminado que aún añade más leña al fuego del desaguisado.

Llevo muchos trienios en esto de enseñar, y sé que las cosas no son fáciles en los tiempos que corren. Hace años que observo la enorme penuria que se va instalando en bastantes de nuestros jóvenes alumnos: además de la pobreza de medios -cuando se da-, hay pobreza intelectual, moral, espiritual, de valores, de objetivos, de ideales... hasta de ganas, porque el esfuerzo no está de moda, y se arrincona cuando asoma en nuestra vida.

Ante esa situación, el profesor puede optar, entre otras, por dos posturas: acomodarse a lo que hay y pasar el mal trago como mejor se pueda (o sea, condescendiendo, no incomodando, dejando hacer "con tal que no me molesten"); o involucrarse, luchar, empeñar todo su saber y su experiencia en estirar hacia arriba de esos adolescentes que la vida ha puesto en su camino.

Me alegró mucho leer en un blog amigo (el de Remedios) estas palabras alentadoras de George Steiner:
Fui muy afortunado porque me enseñaron a usar los músculos de aquí arriba (de la cabeza). Aprender es usar los músculos del alma y de la mente para que no se duerma. El cerebro está tan bien organizado que si uno lo ejercita, se producen cosas maravillosas. Y llega un momento en el que se empiezan a abrir puertas hacia adentro. Si eres un buen profesor, ése es tu trabajo: abrir las puertas hacia adentro. Fui muy feliz haciendo ese trabajo.
Estas palabras no son una panacea, pero creo que ahí radica una parte importante de nuestra tarea: colaborar a que nuestros alumnos ejerciten su cerebro, a que sean capaces de pensar autónomamente, a que abandonen la indolencia contagiosa que respiran a su alrededor, a que revitalicen los "músculos del alma y de la mente"... ¿Es o no una tarea en la que vale la pena empeñar nuestros mejores esfuerzos?

2 comentarios:

Ricardo dijo...

Para mí, que llevo pocos "trienios" sólo existe una de las dos posturas que mencionas. Un saludo muy cordial.

Gustavus Ficus dijo...

Hola, Luis. Gracias por tus visitas a mi blog. En Griego II están matriculados 3 alumnos más uno que está por matricularse. El caso es que Griego II no se puede dar porque mi horario está completo, estoy intentando como sea que me pongan Cultura Clásica aun pasandome de horas. Sólo decir que estoy muy decepcionado, yo creí que me ofrecerían las 6 asignaturas o mandarían a otro profesor, peor fui un iluso, la solución es quitar materias y ya está. Un saludo, Luis.