miércoles, 1 de agosto de 2007

¿UN LAMENTO ESTÉRIL?

Hace pocos días, leía una contribución de un asiduo participante en el foro de culturaclasica.com. Decía, en pocas palabras y claramente:
(habría que) dilucidar las causas de ese arrinconar al latín y al griego en toda Europa. Sin duda se trata de un intento deliberado por eliminar el tipo de hombre que puede resultar de esa formación clásica, así como los valores que ésta sustentaba. No puede haber otra explicación.

Hasta ahora, era frecuente referirse al mundo actual, práctico y utilitarista, a la hora de señalar las causas de los sucesivos recortes que hemos ido recibiendo de la administración en las leyes de educación que se han ido perpetrando en los últimos decenios.

Pero la afirmación del autor del párrafo que antecede, me hace pensar que sí: que debe existir un oculto empeño por enterrar todo cuando significa la formación clásica.
¿Por qué? Pienso que puede resultar molesta para cierta mentalidad actual relativista, hedonista, de menguada responsabilidad y menor espíritu de sacrificio.
¿Quiénes? Lo ignoro. Pero quizá haya que mirar hacia los ideólogos que están detrás, no sólo de los planes y leyes de educación, sino también de muchas otras medidas de gobierno, culturales, sociales, etc., que contentan a unos pocos en contra del sentido común.

Los latinistas y los helenistas hemos recibido los palos de una educación decididamente instrumentalizada: todas las materias han de servir para algo útil (¿útil o utilitarista?); se priman la alfabetización informática y el aprendizaje de lenguas extranjeras (¿no deberían antes los alumnos lograr más eficiencia en la alfabetización en la propia lengua?); hemos de educar alumnos que se acomoden al siglo XXI, en vez de formar alumnos que construyan el siglo XXI. Definitivamente, a los gobiernos les interesa un alumnado que piense lo menos posible, que sea poco culto. Y, a estas alturas de la cuestión, todo el mundo debe saber por qué...

No deseo salirme de los límites que afectan a nuestras lenguas y cultura clásicas. Y quizá sea éste un lamento inútil, pero llega un momento en el que hay que desahogarse. Ya sé que no servirá para nada, pero nunca está de más darse cuenta cabal de lo que sucede a nuestro alrededor y sacudir un tanto las conciencias de quienes nos rodean.